Nuevo Laredo, México – La voz en el otro extremo del teléfono estaba
asustada y llena de angustia, sin embargo, extrañamente calmada.
Reconocible de inmediato, quien llamaba habló en forma entrecortada.
DMN / Erich Schlegel
A García Escamilla le sobreviven desde la izquierda su hermano Héctor
Contreras Escamilla, su madre Beatriz Escamilla y su hijo adolescente
Luis, de 18 años.
"Mamá, estoy herida. Me dispararon. Te quiero."
Ese día, el 5 de abril, fue la última ocasión en que Beatriz Escamilla
escuchó la voz de su hija, Lupita, a la que dispararon nueve veces
cuando llegaba al trabajo. Once días después, Guadalupe García Escamilla
estaba muerta, la última periodista muerta en la sangrienta guerra de
las drogas en México.
La reportera policiaca de radio XHNOE-FM se unió a la lista general de
decesos que se extiende a cientos. La cuestión crítica es si la mataron
porque era una dura reportera investigadora que exponía al crimen
organizado o porque había caído en las redes de un cártel de la droga y
fue ejecutada por otro.
Las autoridades mexicanas están investigando las sugerencias de que un
cártel le pagaba por información y para influir en sus artículos.
Algunos investigadores estadounidenses y mexicanos, y otros reporteros
afirman que Lupita estaba comprometida, que había trabajado para el
cártel del Golfo.
"Sus actividades y muerte subsecuente pueden ser ligadas con el crimen
organizado. Podría ser que ella trabajara para miembros del crimen
organizado," dijo Rogelio García Fernández, subprocurador del estado de
Chihuahua.
La familia de Lupita rechazó esas declaraciones e insistió en que no se
había dejado corromper, que no hizo nada malo.
Algunos ejecutivos locales de los medios de comunicación afirmaron que
trató de manipular su cobertura para minimizar la gravedad de los
incidentes violentos y para mostrar en una luz más favorable a sus
contactos del cártel.
En el peligroso e impredecible mundo del narcotráfico, donde es mucho lo
que no se puede saber, el caso de la mujer que gran cantidad de gente
consideraba la voz de Nuevo Laredo sigue siendo un enigma y tal vez
nunca se resuelva.
La prensa en la mira de los traficantes
En la ciudad fronteriza, los cárteles rivales de las drogas luchan por
la supremacía con ferocidad que sólo se ve en zonas de combate. En esos
enfrentamientos, los reporteros antes podían contar con un asterisco:
* Periodistas trabajando: no disparar.
Pero esos días en la actualidad son un recuerdo. En México, los
reporteros se han vuelto objetivos clave mientras los implacables
narcotraficantes elevan el número de víctimas.
"Para los reporteros que trabajan en cualquier parte de América, la
frontera se ha convertido en el lugar más peligroso para conseguir
información", informó Leonarda Reyes, directora del Centro para
Periodismo y Ética, en San Miguel de Allende, Guanajuato, México.
"Los medios de comunicación y la población viven y trabajan como
rehenes, teniendo cuidado en lo que dicen o escriben. Un movimiento
equivocado puede costarles la vida. La población en general ya no tiene
un verdadero sentido de lo que es la verdad ya que informar al respecto
conlleva consecuencias mortales".
Los cerebros de las drogas de México han comprado a personas de todo
tipo: funcionarios de gobierno locales, estatales y federales, policías,
altos mandos militares, jueces, jefes corporativos. Los reporteros no
han sido inmunes.
Algunos han sucumbido a la presión, las amenazas o los sobornos para
convertirse en asociados y apologistas de los traficantes en lugar de
ser los comentaristas de noticias desapasionados que se supone deben ser.
"Incluso si se empieza siendo idealista, los cárteles nos quitan eso. Si
se desea sobrevivir aquí, se debe seguir una línea tenue", comentó un
reportero de radio de otra estación.
Algunos colegas sostienen que Lupita parecía haber cruzado esa línea en
la siempre creciente guerra de los narcóticos.
Lupita García, de 39 años de edad, era una periodista comprometida y
entusiasta. En eso están de acuerdo la familia y sus colegas.
En el edificio blanco de dos pisos en las calles de Moctezuma y Morelos,
en la Colonia Juárez, donde en el pasado estuvo gran parte de sus días,
los hombres que trabajaban con ella se sientan en un estudio, hablando
frente a un tablero de micrófonos. Una señal en la puerta anuncia: Área
de Silencio. En una antesala cercana, el diminuto escritorio de Lupita
está como lo dejó, pilas de casetes usados, archivos con etiquetas
claras y en una bandeja.
La reportera caída de Stereo 91 era madre soltera con un hijo
adolescente. Era blanca, con cabello rojo, su ojo derecho fijo en un
estrabismo permanente. Era baja y algo regordeta; todo el tiempo seguía
dietas pero no le importaba mucho el ejercicio. No fumaba. Era
inconformista, apasionada y tenaz. Hacía que muchas personas se
sintieran incómodas por su honestidad. Era perseverante, movida por la
injusticia, determinada a sacar la noticia.
"Sabíamos que la habían amenazado."
El director de noticias, Roberto Gálvez Martínez, un diminuto veterano
de 30 años del negocio de la radio, dice esas palabras casi con
resignación.
"Mucha gente lo escuchó, en especial los que siguen la cobertura de la
policía, ya que cualquier podría escuchar las amenazas en la radio. Algo
como 'Lupita García, eres la siguiente. ¡Viva Sinaloa!' Eso sólo hacía
que Lupita se enojara más. Y si conocían a Lupita, sabrían que no debían
hacerla enojar."
Al parecer, alguien actuó basándose en esas amenazas la mañana del
martes 5 de abril.
Eran casi las 8 a.m. cuando Lupita bajó de su Hyundai 2004, blanco,
después de estacionar el auto en su lugar normal cerca de la puerta
trasera de XHNOE. La gente en la calle se dirigía a sus asuntos. Nadie
prestó atención alguna a un joven que llevaba mochila y paseaba en la
acera de la calle Morelos.
Cuando Lupita caminaba hacia la entrada, el hombre sacó un arma de 9 mm.
de la mochila y le disparó 15 veces.
Nueve balas dieron en la reportera: en pecho, abdomen, brazos y muslos.
El atacante escapó en el calor de la mañana mientras ella caía cerca de
un grupo de parquímetros. Sus compañeros de trabajo, sorprendidos por
los tiros de arma, se apresuraron a salir de la estación y pidieron
ayuda.
"¡No me pasará nada! ¡No me pasará nada!", gritó Lupita, mientras los
paramédicos atendían sus heridas.
También pidió algo para disminuir el dolor.
"Cuando llegamos al hospital, Lupita estaba muy conciente. Intentó
hablar conmigo, decirme algo, pero tenía un tubo en la garganta así que
sólo podía hacer contacto con los ojos. Por 11 días entré y salí del
hospital", recuerda su madre, la señora Escamilla.
"La extraño mucho, extraño todo lo de ella. Tenía tanta energía, tanto
valor. He perdido a mucha gente en mi vida, pero ella se lleva una parte
importante de mí."
Una frontera en manos del hampa
El éxito de Lupita no fue inmediato en su carrera.
El dueño y administrador de la estación, Noé Cuellar González, tuvo
dudas al principio. "De ninguna manera tenía una voz agradable",
recuerda.
Pero la gente cambió de opinión y empezó a sintonizar su programa,
"Punto Rojo". Cuellar puede avalarlo. "Con el paso del tiempo, a los
radioescuchas les gustó su agresividad, su profesionalismo y su valor
para buscar la historia sin importar nada. Tenía buenas fuentes.
Demostró que era más que una voz. Con el tiempo se convirtió en la voz
de la ciudad. Era una voz con autoridad en el tema del crimen".
Además, tenía sentido común, tenía conocimiento de las calles, lo que a
su vez le daba credibilidad en las calles.
"Tenía esta determinación y enojo, y en su mayor parte, los usaba bien.
Se aseguraba de cubrir todo asesinato. Incluso si estaba fuera, a menudo
era la primera en aparecer en la escena del crimen. A veces sabía más
que la policía", explicó Gálvez, quien presenta un programa de noticias
matutino con un amplio público en Nuevo Laredo así como al otro lado de
la frontera en Laredo, Texas.
Nuevo Laredo no se parece a la idea que tenga alguien de una zona de
guerra. No es Faluja. Es hogar de 310,000 personas, un grupo esparcido
de casas sencillas.
Pero nadie sale en defensa de Nuevo Laredo. Como sea, no con
efectividad. La policía local es indiferente o impotente. O lo que es
peor, está comprada. En un país donde demasiada gente recibe dinero en
sobornos, la policía a menudo es ejemplo de corrupción.
Los policías parecen dominar todo, sin embargo, son los mismos que la
Operación México Seguro del presidente Vicente Fox, una campaña del
gobierno federal para incrementar la seguridad a lo largo de la
frontera, hace poco retiró de sus dependencias, al menos temporalmente.
¿El problema? Corrupción.
Dicen los federales que muchos policías locales estaban demasiado cerca
de los cárteles y sus secuaces, los Zetas y los Hombres de Negro.
En este medio entró García, una reportera investigadora defensora que
creía que "se debía descubrir a los criminales", de acuerdo a Raymundo
Ramos, reportero y director del Comité de Derechos Humanos de Nuevo
Laredo.
Algunas personas dicen que el cártel de Sinaloa hizo que mataran a
Lupita porque fue demasiado lejos en sus reportajes de investigación.
Gálvez recuerda tratar de hacerla retroceder. "A menudo le decíamos,
'Lupita, no te acerques tanto, no profundices tanto. Podrías hacer que
personas se sientan incómodas. Ninguna historia vale tu vida'. Pero
siempre se tenía la sensación de que las palabras le entraban por un
oído y le salían por el otro".
La historia que tal vez provocó el ataque a Lupita fue la que llevó a
cabo el día antes de que le dispararan, respecto a Fernando Partida
Castañeda, abogado que supuestamente representaba a narcotraficantes.
Balacearon a Partida el 4 de abril, apenas unas horas antes que a
Lupita; fueron dos hombres armados que dispararon a su auto a poco más
de 100 metros de una comisaría. Murió al instante. Los asaltantes
escaparon.
Nadie sabe con certeza si fue la noticia de Lupita lo que causó que la
atacaran, pero el reportaje recibió mucha atención.
¿Fue la reportera víctima de la violencia de las drogas? Tal vez, afirmó
Gálvez. "Tenemos dos campos que se lanzan rocas uno al otro y estamos
atorados en medio con pocas garantías o ninguna."
Otros tienen explicaciones diferentes y más siniestras.
Afirman que Lupita en realidad estaba trabajando con traficantes,
específicamente, con los Zetas, sicarios del cártel del Golfo. Que
servía como centro de intercambio de información, que decía a otros
periodistas qué temas de noticias podían publicar y qué debían acallar.
"Estamos investigando informes no corroborados de que recibía dinero de
miembros de un grupo específico del crimen organizado en intercambio por
información y el control de la misma", explicó García Fernández,
subprocurador de la república para el área de Nuevo Laredo.
Un investigador de Estados Unidos, utilizando la información reunida de
informantes de México, describe su papel como "el amortiguador entre los
Zetas y el público, la persona que ayudó a determinar qué salía al aire
o se imprimía en intercambio por dinero e información".
El investigador y algunos reporteros afirmaron que en el caso de
Fernando Partida Castañeda, lo que pudo sellar el destino de Lupita es
que había demasiada información en su reportaje. Eso pudo hacer enojar
al cártel de Sinaloa, que se cree fue responsable de la muerte del
abogado.
Algunos críticos comentaron que la participación de Lupita en el cártel
del Golfo se podía inferir de la forma en que sus reportajes tendían a
concentrarse en el cártel de Sinaloa y quitaban importancia a los
supuestos crímenes de la organización del Golfo.
En su última historia de radio del 4 de abril, Lupita fue fidedigna,
hasta el punto en que su reportaje estaba lleno de detalles: La
precisión que los asaltantes tuvieron al disparar a Partida. Desde donde
dispararon. Que conducían un Taurus verde oscuro. Que lo dejaron mal
estacionado en medio de la calle, en dirección contraria. Que una
pistola de 9 mm. estaba en el piso del lado del asiento del pasajero
delantero. Describió cómo condujeron alejándose. Su ruta de escape.
Nunca mencionó nombre alguno, de ningún asaltante. Ni de ninguna
organización criminal.
El investigador de Estados Unidos afirmó que los señores de las drogas
buscan controlar el flujo de la información en la ciudad, de poner
mordaza a los medios de comunicación. Según algunos ex colegas, Lupita
era un intermediario clave.
Está la ocasión en que México estuvo de acuerdo en extraditar al
supuesto líder del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas, a Estados Unidos.
La gran noticia virtualmente se ignoró en Nuevo Laredo. Lupita telefoneó
a reporteros, afirmaron algunos ejecutivos de los medios de
comunicación, para darles instrucciones de que se debía ignorar el
asunto, o al menos enterrarlo en los reportajes de los medios de
comunicación.
La idea era que el cártel estaba preocupado de que una cobertura muy
amplia podía dar crédito a que en verdad habían extraditado a un cerebro
clave de las drogas, algo que rara vez sucede en México.
Un ejecutivo de los medios de comunicación que recibió una llamada de
ese tipo de Lupita, se quedó tan consternado que la volvió a llamar por
teléfono después de que la historia se publicó y transmitió, con pocas
fanfarrias. "Le comenté que les dijera que si así iba a ser, bien
podíamos cerrar ya que no tendríamos credibilidad con el público",
recordó.
Había seguido sus instrucciones como algo obligatorio, pero se sintió
forzado a protestar después de que el público se quejó de que habían
enterrado la historia.
Parece que incluso los señores de las drogas desean fortalecer sus
imágenes.
"Los cárteles son como otras organizaciones de negocios. Les gusta la
buena publicidad. Y pagarán para tenerla." Ésa fue la opinión de un ex
compañero periodista de Lupita, quien también ha sentido presión de los
narcotraficantes. "Así que no debe ser una sorpresa que pudiera ser
agente de prensa de los Zetas. Ella era su representante de relaciones
públicas y su muerte fue un mensaje que mandó la gente del Chapo Guzmán".
El mensaje: que los periodistas deben mantenerse en línea.
Beatriz Escamilla, de 65 años de edad, es consciente de las historias
sobre su hija. Contempla lo que llama las ironías de la vida de Lupita,
mientras se encuentra en la casa que en la actualidad comparte con 10
gatos y cuatro perros. Le gustaría regalar los animales pero siente que
como eran de su hija, está obligada a conservarlos.
"No creo que vaya a saber nunca quién mató a mi hija. No habrá justicia.
En lugar de la justicia, las autoridades ensuciarán la reputación de una
persona después de que se fue. Así está sucediendo con mi hija", comentó
con indignación.
"De repente se presenta especulación sobre ella como persona. Si estaba
implicada en lo que fuera con los cárteles de las drogas, no sabíamos
nada al respecto. No sabemos si tenía algún vínculo con esa gente. Nunca
habló de ellos, nunca dijo ni una palabra. Y ahora que está muerta,
dicen todas esas cosas desagradables de ella. Me sorprendería e
impactaría si hubiera participado en algo de eso."
Si Lupita estaba ligada con una organización criminal, no se tiene
evidencia de que se beneficiara materialmente.
La casa en la colonia Madero, donde vivía a 10 minutos de la estación,
se compró por menos de 8,500 dólares. Es una casa del gobierno, comentó
la señora Escamilla, aún no está pagada. Está equipada con lo
fundamental: televisión, estéreo, computadora, muebles simples. Su
Hyundai procede de su novio, Marcos Hernández, empleado de aduanas de
México. Dejó 25,000 pesos en dos cuentas bancarias, alrededor de 2,300
dólares.
"Si mi hermana era narcotraficante, o trabajaba para ellos, ¿viviría en
este basurero?", preguntó Héctor Manuel Contreras Escamilla, de 26 años
de edad. "¿No viviríamos en una gran mansión o rancho de manera que esos
animales pudieran vagar libres? En la actualidad, cualquier muerte hace
que los políticos se sientan incómodos, le echan la culpa a la violencia
de las drogas. Eso explica por qué mataron al vendedor de helados, o al
bolero, o al reportero. Es la salida fácil."
Si no había soborno financiero, ¿qué podía motivar a Lupita para hacer
un trato con criminales? Lo mismo que la impulsó a ser periodista por
principio de cuentas, comentaron sus colegas: la noticia y tenerla antes
que todos.
Sin embargo, para un compañero reportero son apócrifas las afirmaciones
de la participación en las drogas. E irrelevantes. "Estuviera
involucrada o no, su muerte se debe investigar por completo. Estamos
hablando de la pérdida de un ser humano", explicó.
Corchado y Samuels escriben para The Dallas Morning News.