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Sin penitencia
Sacerdote acusado se libra de la justicia en México y Estados Unidos 02:44 PM CDT on Friday, July 16, 2004
El obispo mexicano tenía problemas entre su gente. Un agresor casi asesina
a uno de sus sacerdotes cuya mala conducta sexual era bien conocida para
el obispo. Y ahora los pobladores relataban a la policía acerca de los
muchos jóvenes que visitaban la residencia parroquial del sacerdote.
El obispo estadounidense tenía otro problema: una falta de sacerdotes de
habla hispana para servir a una creciente población inmigrante.
Y así, en 1987, el reverendo Nicolás Aguilar tuvo la oportunidad de
comenzar de nuevo en el Sur de California. Sólo nueve meses más tarde,
el padre Aguilar se desplazó nuevamente, dejando atrás uno de los más
grandes casos de abuso sexual de menores de la Arquidiócesis de Los
Ángeles. Otra vez, el escándalo se controló cuando el sacerdote salió
del país.
La historia de la travesía internacional del padre Aguilar encaja con un
patrón que los líderes de la Iglesia Católica Romana han repetido
alrededor del mundo, según los resultados de una investigación de un año
de The Dallas Morning News.
En este caso, los dos obispos se han convertido en prominentes figuras
de la jerarquía global católica. Uno de ellos, Norberto Rivera, es ahora
cardenal de la Ciudad de México y uno de los hombres más poderosos de su
país. El otro, el cardenal de Los Ángeles Roger Mahony, encabeza la
diócesis más grande de los Estados Unidos.
El padre Aguilar es más que un secreto en el closet de la iglesia.
Después de esquivar cargos penales en California, donde la policía dijo
que había abusado de al menos 26 niños, él fue acusado formalmente de
abuso en 1997 en México. Él permaneció en el ministerio durante el
juicio, con apoyo de la iglesia, aun después de ser encontrado culpable
el año pasado. Recientemente, evitó una sanción en base a un tecnicismo,
dijo un juez mexicano.
El cardenal Rivera no respondió a peticiones por escrito del
Morning News acerca de información sobre el sacerdote. Cuando se le
abordó recientemente después de una misa sobre lo que ha pasado con el
padre Aguilar desde su regreso a México, el cardinal dijo que: "Lo
ignoro absolutamente".
El padre Aguilar, negó todos los cargos.
"Dios sabe que todo es una calumnia para destruirme", dijo el sacerdote
de 62 años, al Dallas Morning News en una breve entrevista
en un juzgado en Tehuacán, a 150 millas al sureste de Ciudad de México.
Numerosos documentos y entrevistas con ex feligreses sugieren lo
contrario.
En un barrio pobre de Tehuacán, Catalina Cortez recordaba cómo permitió
que su hijo de 11 años visitara la casa del padre Aguilar los sábados
por la tarde, en 1997, para prepararse para la primera comunión.
Ella no sabía nada sobre la desaparición hacía 10 años del sacerdote de
Los Ángeles entre alegatos de abuso sexual.
"Este Aguilar venía a nuestra casa y pedía que los niños fueran con él a
dormir ahí", dijo Cortez, cuyo hijo fue uno de los cuatro niños que
denunciaron supuestos abusos a la policía. "Yo traté de respetar lo que
quería, porque él era un sacerdote y yo soy una persona cualquiera".
Laicos, desde seminaristas, feligreses, hasta la policía, se han quejado
por mucho tiempo sobre el padre Aguilar.
Los señalamientos de abuso sexual contra el padre Aguilar comenzaron a
surgir en los años 70, de acuerdo con Jorge Cadena, un ex estudiante de
preparatoria del seminario de Tehuacán. Él dijo que un compañero de
clase le contó que el padre Aguilar lo había atacado.
"Todo el mundo sabía que mejor no te acercabas a Aguilar", dijo Cadena,
quien es ahora profesor de ingeniería en una escuela técnica cercana.
"Pero cuando me quejé con los sacerdotes a cargo, me botaron de la
escuela".
En 1986, o principios de 1987, cuando el padre Aguilar estaba dirigiendo
una parroquia en Cuacnopalan, cerca de Tehuacán, alguien intentó
asesinarlo. Un sábado por la noche, un lugareño lo halló en la
residencia de la iglesia en un charco de sangre.
Él fue agredido con un garrote o herido con una botella o recibió un
balazo, dependiendo del relato. No existen registros públicos del
delito, que quedó sin resolverse. Las autoridades dijeron que el padre
Aguilar no quería entablar una acción judicial.
Miguel Pérez, un vecino de la iglesia que era el comisario local en ese
entonces, dijo que ayudó en la investigación y sospechaba que el padre
Aguilar había sido atacado por uno o más de sus invitados.
"Los fines de semana, el cura siempre tenía visitantes, jóvenes y
adolescentes que ahí pasaban la noche", dijo Pérez, quien vive todavía
frente a la iglesia.
El padre Aguilar dijo que el ataque fue resultado de una disputa de
tierras que involucraba un lote junto a la iglesia. Sus vecinos,
insistió, "dijeron que nunca me iban a dejar en paz".
de Los Ángeles
En abril de 1987, como resultado de discusiones sobre el padre Aguilar
entre Tehuacán y Los Ángeles, el sacerdote fue transferido a la
parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe al este de Los Ángeles. Y casi
dos meses después, él fue nuevamente transferido, a St. Agatha en el
sur-centro de Los Ángeles.
El vocero del cardenal Mahony no respondió a preguntas sobre la razón
del traslado.
El padre Aguilar mantuvo lazos con las familias de la primera parroquia.
Para diciembre de 1987, dos monaguillos de ese templo le habían contado
a su madre que el sacerdote Aguilar los había tocado.
Ella se comunicó con el sacerdote en jefe de la parroquia. Él le rogó
que se quedara callada, dijo. El sacerdote en jefe también alertó al
jefe de personal sacerdotal de la arquidiócesis, el monseñor Thomas
Curry.
Mientras tanto, el esposo de la mujer se contactó con otra pareja a
quien el padre Aguilar había ofrecido su amistad. Pronto, sus hijos
también dijeron que habían sido víctimas de abuso.
En un fin de semana en enero de 1988, su madre llamó a la escuela
parroquial, cuyo director notificó a la policía el siguiente lunes por
la mañana.
Fue demasiado tarde. Monseñor Curry quien es ahora obispo y aún trabaja
para el cardenal Mahony había informado al padre Aguilar sobre los
alegatos por lo menos dos días antes y lo había suspendido.
El padre Aguilar había dicho al monseñor Curry que regresaría a México,
de acuerdo con reportes policiales. El monseñor no alertó a las
autoridades sobre los planes del sacerdote. Mientras tanto, el padre
Aguilar le pidió a un familiar que lo llevara en coche hasta Tijuana.
Después, la hermana Judith Murphy, una monja que fue abogada del
cardenal Mahony por 17 años, rehusó los pedidos de la policía de los
registros de la iglesia.
"Mi mayor problema fue la obstrucción de la Iglesia Católica", dijo Gary
Lyon, quien fue detective principal del caso Aguilar, pero ahora ya
jubilado.
Janice Maurizi, un fiscal de Los Ángeles agregó, "la arquidiócesis
facilitó su huida".
No se han presentado cargos penales acusando a alguien de encubrimiento
en este o cualquier otro caso de abuso en Los Ángeles. Sin embargo, la
oficina del fiscal de distrito está investigando la posible
"culpabilidad penal de alguien en la jerarquía de la arquidiócesis", que
se encargó de las acusaciones de abuso, dijo el fiscal William Hodgman,
quien dirige la investigación.
El vocero del cardenal Mahony declinó a dar una respuesta sobre los
señalamientos de las autoridades.
Luego de que el padre Aguilar dejó Los Ángeles en 1988, el cardenal
Mahony escribió al cardenal Rivera, pidiéndole cooperar con los
detectives. El cardenal Mahony describió su pedido como "tan urgente",
aunque había esperado dos meses para enviar la misiva.
"Es casi imposible determinar precisamente el número de jóvenes acólitos
que él ha molestado sexualmente, pero el número es grande", escribió el
cardenal Mahony. "Es necesario que este sacerdote esté detenido y
regresado aquí a Los Ángeles para sufrir las consecuencias de sus
acciones tan inmorales".
El cardenal Rivera brindó los nombres de los padres y el pueblo natal
del padre Aguilar. Él también señaló a su contraparte estadounidense en
Cuacnopalan, escena del anterior misterioso ataque al sacerdote.
"Usted comprenderá que no estoy en la posibilidad de localizarlo y mucho
menos de poderlo enviar por la fuerza a que comparezca en los
tribunales", escribió el cardenal Rivera, en una carta fechada el 17 de
marzo de 1988. "Puedo informarle que el padre estuvo por más de 10 años
en la parroquia de San Sebastián Cuacnopalan, y sin duda alguna la
policía ahí puede encontrar mucha información".
El cardenal Rivera también recordó al cardenal Mahony que él le había
dado, cuando envió al padre Aguilar a Los Ángeles, "un resumen de la
problemática homosexual del padre". (vea el texto completo de las cartas
en www.dallasnews.com)
Ese término es "una clave del haber sido sorprendido con jóvenes", dijo
el reverendo Thomas Doyle, un ex funcionario de la embajada del Vaticano
en Estados Unidos, que ha revisado muchos archivos de personal de
clérigos pederastas. Él dijo que altos líderes eclesiásticos
generalmente no consideran la homosexualidad adulta consensual como un
problema, a pesar de sus declaraciones públicas de lo contrario.
El cardenal Mahony escribió al cardenal Rivera, diciendo que "no
admitimos ningún sacerdote aquí con cualquier problema homosexual". Dijo
que nunca había recibido la advertencia y le pidió que la enviara
nuevamente. El cardinal Rivera no lo hizo así, de acuerdo con la oficina
del cardenal Mahony.
El cardenal Rivera no respondió a la petición del Morning
News de una copia de la advertencia.
Las cartas que obtuvo el Morning News provienen del archivo
criminal de Los Ángeles a través de una petición hecha por el periódico
bajo la ley de documentos públicos.
Para cuando los obispos mantenían correspondencia en 1988, detectives de
Los Ángeles estaban dando fin a su investigación.
La oficina del fiscal de distrito, no viendo alguna señal de que la
iglesia iba a devolver al sacerdote y con el temor de que no fuera
extraditado, presentó sus 10 casos más fuertes a juicio en México. (El
sistema jurídico de ese país permite que ciudadanos mexicanos sean
juzgados en el país por delitos cometidos en el exterior.)
Los casos no llegaron a ningún lado.
Enrique Zepeda, el abogado principal del consulado de México en Los
Ángeles, dijo que la policía de Los Ángeles no presentó ninguna
evidencia de que el sospechoso era de México, y que era requerido
legalmente. Asimismo, ninguna evidencia demostró que el padre Aguilar
era sacerdote, dijo Zepeda, quien no manejó el caso en ese momento. Él y
sus jefes de la oficina de la Procuraduría General de México no
divulgarían los documentos.
Sin embargo, expedientes de la iglesia mexicana que estaban a la mano
revelaron que el padre Aguilar nació en México y fue ordenado al
sacerdocio ahí, y que ha pasado la mayoría de su vida adulta en misiones
sacerdotales en ese país.
La policía de Los Ángeles dice que las autoridades mexicanas jamás se
mostraron preocupadas por verificar la nacionalidad o estatus sacerdotal
del padre Aguilar. Los mexicanos normalmente obtienen estos documentos
por si mismos, manifestó el detective Fernando González, quien forma
parte de la unidad de enjuiciamiento extranjero y quien colaboró en el
caso de Aguilar.
Los expedientes de la unidad indican que las autoridades mexicanas
solicitaron las actas de nacimiento de los acusantes, las cuales se les
facilitaron rápidamente en cada ocasión y los cuales reportaron
extraviadas en al menos una ocasión.
En 1995, los procuradores mexicanos finalmente le presentaron el caso a
un juez, quien lo desestimó sosteniendo que era demasiado antiguo como
para procesarlo.
"No sé qué pasó en México", dijo el detective González. "No te podría
decir si se planeo o si sólo sucedió".
¿Usted tiene información sobre este tema? Llame al
469-977-3614 o escriba a runawaypriest@dallasnews.com
Maurizi, quien supervisa enjuiciamientos en México para el Fiscal de Los
Ángeles, dijo que se quejó en repetidas ocasiones al predecesor de
Zepeda. Hace cerca de dos años, finalmente logró que admitiera lo que
había sucedido, dijo.
"El sistema jamás enjuiciaría a un sacerdote", dijo el predecesor Jorge
García-Villalobos, según Maurizi.
García-Villalobos, quien ahora trabaja en el sector privado en la Ciudad
de México, dijo que sólo estaba señalando que enjuiciar a un sacerdote
sería difícil en cualquier país, y no se diga México, donde existe una
mayoría católica. Sin embargo, él sostuvo que jamás dijo que sería
imposible hacerlo.
Tras ser instado por Maurizi, García-Villalobos recomendó una indagación
federal sobre la razón por la cual las acusaciones no habían sido
procesadas con mayor rapidez y si existía la posibilidad de que el
sacerdote haya cometido más delitos en México. Él y Zepeda no saben en
qué acabaron las recomendaciones.
La aparente falta en procesar el caso Aguilar agresivamente es poco
usual. Las autoridades en ambos lados de la frontera dicen que casi
todos los enjuiciamientos extranjeros en México culminan en condenas.
El único caso parecido que el Morning News pudo encontrar
de otro sacerdote quien debía ser enjuiciado en México por acusaciones
de abuso sexual a un menor en California también se demoró años y
finalmente fue desestimado por ser demasiado antiguo.
En 1995, el año en que el caso fue desestimado, el directorio de la
iglesia indicaba que el padre Aguilar servía en una parroquia de la
Ciudad de México. La arquidiócesis también obtuvo un nuevo líder ese
año: el cardenal Rivera.
Sin embargo, para 1997, el padre Aguilar se encontraba de regreso en su
diócesis originaria de Tehuacán, trabajando en la periferia de la
ciudad. Su base era la capilla de San Vicente Ferrer, un modesto
edificio de concreto en la parroquia de San Nicolás Tolentino.
Un día, un niño de 12 años quien estaba activo en la parroquia huyó de
su casa. Sus padres lo hallaron en la casa de un pariente a 75 millas de
distancia, donde había llegado por autobús acompañado por un amigo de 14
años.
El hijo le dijo a su padre la razón por la cual había huido: el padre
Aguilar había abusado de él por meses, según la declaración que el niño
le dio la policía. Pronto, su amigo y otros dos muchachos indicaron que
el padre Aguilar también había abusado de ellos.
"Sentí que alguien me había echado agua hirviendo cuando supe de eso",
dijo María de Jesús González, madre del niño de 12 años.
El padre Aguilar había escogido a su hijo como el líder de un grupo que
estudiaba el catecismo. El sacerdote colmaba al niño de atenciones, y a
menudo le pedía que se quedara después que los otros chicos habían
marchado, según reportes de la policía.
"El padre Nicolás me decía que lo que hacía con él era normal, entre
hombres", le dijo el niño a la policía en una declaración obtenida por
el Morning News.
El sacerdote también amenazó con matar a la madre o el hermano menor del
niño si él le contaba del abuso a alguien, según documentos de la corte
y entrevistas.
González llevó resueltamente a los chicos a la estación de policías para
que dieran declaraciones tras enterarse de las acusaciones. Ella repitió
esas afirmaciones en una entrevista de radio. Y "la gente aquí me dijo
que me iban a linchar por haber denunciado a un sacerdote", dijo.
Ella no desistió, y el caso prosiguió. En 2003, seis años después de que
se presentaron las quejas iniciales, el juez estatal Carlos Ramírez
declaró al padre Aguilar culpable de una acusación de delito menor de
abuso basado en las acusaciones de un menor de 14 años.
El juez Ramírez condenó al padre Aguilar a un año en prisión, pero el
sacerdote mantuvo su libertad bajo fianza mientras apelaba la decisión
ante un tribunal federal. Los jueces federales hace poco confirmaron la
condena, pero le perdonaron la sanción, sosteniendo que el delito era
demasiado antiguo, dijo el juez Ramírez la semana pasada.
Sin embargo, fue el mismo padre Aguilar quien demoró el caso, dijo el
juez, puesto que esperó cuatro años para comparecer ante el tribunal y
responder a las acusaciones.
Anteriormente, el juez Ramírez había retirado el cargo de delito grave
por corrupción de menores en contra del padre Aguilar, un cargo que
habría conllevado una condena más larga.
"Los exámenes psicológicos de las supuestas víctimas no mostraron
señales de abuso sexual", dijo.
Sin embargo, eso no fue lo que la psicóloga de la policía, Bibiana
Rojas, escribió en su reporte, cuya copia obra en poder del
Morning News. Tras interrogar al hijo de González el 20 de diciembre
de 1997, Rojas determinó que "secuelas de experiencias traumáticas
severas de índole sexual" estaban presentes.
El juez Ramírez dijo que los agentes del ministerio público nunca le
entregaron el reporte. El investigador a cargo del caso no pudo ser
entrevistado.
Los cuatro niños no fueron las únicas víctimas, dijo González. Ella dijo
que habló con una docena de madres que le pidieron que retirara las
acusaciones en contra del padre Aguilar, aún después de contarle que sus
propios hijos habían sido abusados.
Un funcionario de la diócesis de Tehuacán dijo que el padre Aguilar
había abusado a unos 60 niños, según González. Ella dijo que el
reverendo Teodoro Lima le dijo esto al explicarle porqué la iglesia no
le podía pagar el costo de tratamiento psicológico de su hijo.
El padre Lima, abordado por el Morning News, dijo que no recuerda
esa conversación y declaró que el padre Aguilar nunca regresó a Tehuacán
después de irse a California.
El cardenal Rivera, ahora la figura más prominente de la Iglesia
Católica en México, ha mandado señales conflictivas en cuanto al abuso
sexual.
En el 2002, cuando varios obispos prominentes criticaron sugerencias de
que la iglesia debería entregar sacerdotes acusados a la policía, el
cardenal los regañó: "Cuando suceden estos abusos criminales, dentro o
fuera de la iglesia, por supuesto que deben ser denunciados a las
autoridades correspondientes y se debe hacer justicia". Esa declaración
se dio en un sermón televisado.
Pero él también le dijo a la publicación católica italiana
30 Giorni en el 2002 que "según yo sé, no se ha documentado ningún
reporte" a las autoridades mexicanas sobre algún sacerdote que abuse
sexualmente de niños.
Mientras tanto, las protestas sobre el caso Aguilar han llegado hasta el
presidente mexicano Vicente Fox.
En una carta al presidente fechada en julio de 2003, la senadora
federal, Dianne Feinstein, Demócrata de California, se quejó que el
sacerdote había quedado libre por que "los procuradores mexicanos no
presentaron el caso a tiempo para que fuera enjuiciado".
El caso del padre Aguilar fue uno de los varios que ella mencionó como
evidencia de que México no estaba rastreando agresivamente a personas
acusadas de cruzar la frontera, huyendo, tras cometer delitos en
California. Fox jamás respondió, manifestó la oficina de Feinstein. Los
asesores de Fox no respondieron a las peticiones de The Dallas
Morning News de que comentaran al respecto.
En Los Ángeles, el cardenal Mahony se representa como un reformador que
no tolera los abusos sexuales. Demandas civiles en proceso, las cuales
él disputa, sostienen que él encubrió abusos por parte de varios
sacerdotes y otros religiosos.
Unos 250 clérigos han sido acusados de tocar sexualmente a menores en la
Arquidiócesis de Los Ángeles en los pasados 75 años, aunque muchos han
sido dados a conocer en público solo en el último año.
"Lo extraordinario del caso de Aguilar es que muestra lo dramático que
es el movimiento de abusadores sexuales, dentro de la iglesia católica,
dijo Raymond Boucher, cuyo bufete de abogados representa a tres de las
presuntas víctimas del Padre Aguilar y a cientos de otros denunciantes "
"harán lo que sea legal o no para proteger a los sacerdotes"
Mahony maniobra en los juzgados para que los archivos de personal
religioso no llegue a manos de fiscales y abogados de los quejosos,
argumentando el derecho a la privacidad.
"Su resistencia ha hecho 'poco para mejorar la reputación de la iglesia
en los Estados Unidos en cuanto a transparencia y cooperación'", de
acuerdo con un reporte reciente sobre las diócesis americanas
comisionado por los obispos estadounidenses.
El recuerdo del padre Aguilar aún atormenta a los cuatro niños de
Tehuacán quienes lo acusan de abuso.
Hace poco se le permitió a uno que se mudara de nuevo a la casa de sus
padres bajo la condición de que jamás hablara del abuso. Otro, ahora de
21 años, emigró ilegalmente a Carolina del Norte. El hijo de Catalina
Cortez se mudó a Guadalajara.
El hijo de González también se ha marchado, después de sufrir de
demasiadas burlas de niños y residentes del pueblo. Él ahora tiene 19
años, y su madre dice que conoce su paradero exacto.
"Todo el caso ha sido bastante olvidado por aquí", dijo. "Pero nuestro
hijo no va a olvidar. Y nosotros tampoco".
En cuanto a Aguilar, él ha trabajado en al menos cinco diócesis
mexicanas después de partir de Los Ángeles. Mientras el caso de Tehuacán
estaba pendiente, él volvió a sus deberes parroquiales en la Ciudad de
México bajo el cardenal Rivera antes de mudarse a un puesto en la
catedral de la diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas, según documentos y
entrevistas.
En años recientes, el padre Aguilar también ha trabajado
extraoficialmente en las diócesis de Puebla y Cuernavaca.
"Algunos de mis colegas sacerdotes me han ofrecido la caridad de dejarme
vivir con ellos", dijo, agregando que aún pertenece formalmente a la
diócesis de Tehuacán.
"No paso mucho tempo en un solo lugar".
El reportero Brooks Egerton reportó desde el sur de California y
Dallas; el reportero Brendan M. Case reportó desde la Ciudad de México y
el estado cercano de Puebla. El asistente de noticias Javier García
contribuyó a este reportaje.
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