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Bajo la sombra del Vaticano

12:20 PM CDT on Thursday, September 16, 2004

Por REESE DUNKLIN / The Dallas Morning News

Roma ­ Hace dos años, durante el apogeo de la crisis de abuso sexual de la iglesia, el Papa Juan Pablo II convocó a los cardenales estadounidenses al Vaticano y pronunció algo enardecedor.

"La gente necesita saber", él les recalcó, "que no hay lugar en el sacerdocio y la vida religiosa para aquellos que perjudican a los pequeños".

Sin embargo, hoy en día, a una cuadra del Vaticano, un sacerdote prófugo vive en un edificio de la iglesia, cuya azotea ofrece un panorama de la Basílica de San Pedro y del apartamento del pontífice. Los superiores del Reverendo Joseph Henn le han permitido que permanezca de su lado, a pesar que sostienen que él se ha rehusado a obedecer sus instrucciones de regresar a Phoenix y hacer frente a acusaciones de haber abusado sexualmente a tres niños.

Unas cuantas cuadras al norte, el Reverendo Barry Bossa, ex-convicto y prófugo, ha encontrado asilo en un vecindario frondoso con cafés al aire libre. Sus superiores religiosos apresuradamente lo trasladaron de Estados Unidos hace dos años, cuando su historial delictivo y nuevas acusaciones empezaron a surgir.

Aquí en el corazón del catolicismo, líderes eclesiásticos le dan refugio a sacerdotes acusados de abuso sexual en otros países. The Dallas Morning News localizó a los hombres – algunos de ellos transgresores confesos – como parte de una investigación de un año sobre el traslado global de sacerdotes acusados.

DMN / Mona Reeder
La Basílica de San Pedro en Roma es uno de los símbolos católicos mundiales por excelencia. Es También sitio donde se pasean curas pedófilos.

Algunos se encuentran en la comodidad de la sede mundial de sus órdenes religiosas. Uno de ellos camina por la Plaza de San Pedro rumbo a su trabajo. Otro guía recorridos en inglés de antiguos cementerios de la iglesia. Y hasta hace poco, un hombre cumplía con su arresto domiciliario desde una casa enfrente del Vaticano.

Los sacerdotes se negaron a hablar en detalle sobre sus casos. Sus supervisores manifestaron que los hombres no fueron asignados a Roma para ayudarles a eludir a agencias judiciales o a víctimas. El objetivo, dijeron, era de darle a los sacerdotes un lugar donde vivir y trabajar lejos de niños.

"No es el peor lugar del mundo; eso sí es verdad", dijo el Reverendo Michael Higgins, líder estadounidense de la orden de los Pasionistas. El año pasado, él envió a Roma un sacerdote que había sido investigado, pero no enjuiciado, por acusaciones de abuso. "Sin embargo, no es una recompensa".

Un ex administrador de alto rango en un colegio católico cerca del Vaticano dijo que colocar a sacerdotes acusados o hasta prófugos en Roma era "muy perjudicial"–especialmente en un momento en que la iglesia intenta restaurar su imagen dañada.

"No creo que comprendan que es un escándalo que lleven a estas personas allá", dijo el Reverendo Lawrence Breslin, un sacerdote jubilado quien fue el segundo en mando en Pontifical North American College. "Roma es el centro de la iglesia. La gente lo percibe como un lugar santo. No es un lugar para esconder a delincuentes".

Varios de los superiores de los sacerdotes manifestaron que no le notificaron a la Diócesis de Roma sobre los hombres y que no estaban obligados a hacerlo puesto que no proveían personal parroquial. El obispo de la diócesis es el Papa Juan Pablo II.

De los siete sacerdotes acusados que fueron localizados por el Morning News, el padre Henn fue el único que se había registrado en las oficinas de la diócesis, según el Reverendo Marco Fibbi, un vocero de la diócesis. Tanto el padre Fibbi como los superiores del padre Henn se negaron a revelar si se le informó a la diócesis de los cargos delictivos, los cuales se presentaron después de la llegada del padre Henn.

El padre Fibbi remitió preguntas adicionales a Joaquín Navarro-Valls, principal portavoz del papa en el Vaticano, quien no respondió a peticiones para ser entrevistado.

Previamente Navarro-Valls se ha negado a comentar sobre la investigación del Morning News, la cual halló a más de 200 sacerdotes, monjes y demás trabajadores católicos acusados, quienes se escondieron al cruzar fronteras internacionales y habitaban en comunidades confiadas, a menudo con el apoyo de la iglesia. Cerca de 30 de los hombres son buscados por agencias judiciales en otros países.

Los procuradores presentaron cargos en contra del padre Henn y el padre Bossa el año pasado y le han pedido al gobierno estadounidense que busque su extradición, un proceso que podría tardar años. El Departamento de Estado y funcionarios italianos se negaron a comentar sobre el estado de las peticiones.

El año pasado, el Vaticano–la única institución religiosa del mundo reconocida como un gobierno soberano–rechazó la petición de uno de estos procuradores, Rick Romley, el fiscal del Condado de Maricopa en Arizona, para que le ordenara a dos sacerdotes fugitivos que se entregaran a las autoridades de Phoenix.

Su carta al Cardenal Ángelo Sodano, secretario de estado del Vaticano, le fue enviada de regreso en un sobre resellado, acompañado de una nota que leía: "El artículo, enviado adjunto, se le regresa al remitente debido a que el destinatario lo ha rechazado".

Romley dijo que no le pareció que tenía sentido escribirle al Vaticano cuando el padre Henn fue acusado formalmente por un jurado.

"Es claro que aquí hay acusaciones formales", manifestó Romley, quien creció dentro de la iglesia católica. "Ellos (los sacerdotes) toman un voto de obediencia. Parece que sería muy fácil decir, 'Regresarás, o sí no, te expulsaremos"'.

Lentos en actuar

Pese a la severa declaración del Papa, el Vaticano ha procedido lentamente en tratar con un escándalo de abuso clerical que le ha costado millones de dólares a la iglesia en pagos a víctimas y ha resultado en las renuncias de varios obispos que ampararon a los sacerdotes acosadores.

Poco después de la reunión del Papa con los cardenales en la primavera de 2002, los líderes de la iglesia estadounidense se reunieron en Dallas y ratificaron una política agresiva de "cero tolerancia" a sacerdotes acosadores. Pero el Vaticano se resistió, arguyendo que varias partes de la política no estaban acordes con la ley eclesiástica, y ordenó que se hicieran cambios. Entre ellos: establecer un plazo límite para las demandas, lo que efectivamente permite que muchos de los transgresores no sean castigados.

Aún después que Roma y los obispos estadounidenses finiquitaron los detalles de la política, el Vaticano continuó empleando a un abusador sexual confeso como diplomático extranjero. El Vaticano había promovido al Reverendo Daniel Pater pese a que este había llegado a un acuerdo financiero con una víctima de Ohio luego de dos advertencias del monseñor Breslin. Posteriormente, a fines de 2002, lo promovió de nuevo, en esta ocasión para dirigir temporalmente la embajada papal en la India. Él dimitió del cargo el año pasado, mientras el Morning News preparaba un artículo sobre el caso.

Y el Vaticano ha mantenido al cardenal Bernard Law –el ex líder eclesiástico de Boston a quien más se asocia con la protección de sacerdotes– en varias comisiones que toman decisiones claves; hace poco le dio un nuevo trabajo encabezando una histórica basílica romana que está bajo su control.

"Hay un vacío entre decir lo correcto para no darle el seguimiento adecuado por medio de las acciones correctas", manifestó el hermano Barry Coldrey de Australia, un historiador de la iglesia, quien ha escrito extensamente sobre el abuso clérigo.

Hace cuatro años, el Vaticano obligó a Coldrey, miembro de la orden de Hermanos Cristianos, a que retirara su libro Vida Religiosa Sin Integridad: La Crisis de Abuso Sexual en la Iglesia Católica, de la Internet. Una carta del Vaticano al hermano Coldrey dijo: "Dudamos de la prudencia de publicar un documento de ese tipo".

"La respuesta debería ser una limpieza", manifestó Coldrey, "pero con demasiada frecuencia esta sigue siendo de encubrir".

Y el Vaticano se ha negado a divulgar la razón por la cual no ha tomado acción en cuanto a las numerosas acusaciones de abuso contra un aliado allegado al Papa, el Reverendo Marcial Maciel, el fundador y líder de la orden de la Legión de Cristo en Roma.

Dos de sus nueve acusadores apelaron varias veces al Vaticano en los años 70 y 80, sin obtener resultado alguno. En 1999, el Vaticano finalmente asintió a evaluar los presuntos incidentes, los cuales según los hombres habían ocurrido en España e Italia mientras eran niños o seminaristas. Sin embargo, unos meses después, el Vaticano misteriosamente suspendió la indagación sin tomar testimonio de los hombres, según "Votos de Silencio", un nuevo libro escrito por Jason Berry y Gerald Renner, los periodistas investigadores quienes primero reportaron sobre la saga de Maciel.

Alberto Athié, un ex sacerdote quien trabajó en una caridad dirigida por los obispos de México, le dijo al Morning News que su carrera se había paralizado después de notificarle sobre las acusaciones contra Maciel al cardenal de la Ciudad de México Norberto Rivera y al cardenal del Vaticano Joseph Ratzinger. Los cardenales se negaron a comentar al respecto.

"Me dijeron que el padre Maciel era muy querido por el Papa, que le había hecho mucho bien a la iglesia, y que no era conveniente hacer algo para investigar las acusaciones", manifestó Athié, quien subsiguientemente abandonó el sacerdocio.

El padre Maciel ha declarado su inocencia en repetidas ocasiones, y continúa gozando del apoyo del Papa Juan Pablo II. El sumo pontífice celebró el 60mo aniversario de la Legión en la Plaza de San Pedro en 2001 y le dijo a la muchedumbre: "Le extiendo una bienvenida particularmente afectuosa a su querido fundador, el padre Marcial Maciel, a quien felicito muy cordialmente en esta coyuntura significativa".

'Se pierde en la multitud'

Las aceras y las calles alrededor del Vaticano se ven inundadas de clérigos, seminaristas y peregrinos católicos de toda nacionalidad. Cardenales y obispos, con su vestimenta escarlata y púrpura, serpentean entre las multitudes. Patrullas de la policía pasan de vez en cuando, escoltando a limusinas con dignatarios extranjeros al Vaticano.

Un día soleado este verano, el Reverendo James Tully caminaba entre turistas en la Plaza de San Pedro sin interrupción alguna y se dirigió hacia un buzón postal amarillo del Vaticano, a un lado del frente de la Basílica de San Pedro, donde el papa a menudo bendice a los creyentes. El padre Tully depositó unas cuantas cartas, y después se dirigió a una parada de autobús cercana.

El padre Tully, quien se negó a ser entrevistado, fue trasladado a Roma hace dos años, cerca de un mes después de ser acusado de tocar indebidamente a un niño varias décadas antes.

El sacerdote no refutó cargos de conducta impropia en 1992 por darle alcohol a tres niños y tocar la parte interior de su muslo durante un partido de beisbol en Milwaukee. El terapeuta del padre Tully escribió una carta durante el caso en la cual decía que el sacerdote "jamás negó responsabilidad de su conducta sexual".

Un funcionario de la orden de Padres Misioneros Xaverianos del padre Tully dijo que su traslado a Roma no tuvo que ver con las acusaciones de abuso. El sacerdote se recuperaba del estrés de trabajar en partes de África devastadas por guerras, dijo el funcionario, y no estaba listo para el ministerio parroquial en Estados Unidos.

Unas cuantas millas al sur del Vaticano, el Reverendo Richard Mataconis trabaja de guía en inglés en las Catacumbas de San Calixto, un destino popular para católicos que visitan Roma. Él socializa con los adultos y los niños en sus recorridos, y los guía por los antiguos cementerios de papas y mártires católicos.

El padre Mataconis fue demandado hace dos años por dos hombres quienes lo acusan de haber abusado de ellos en la década de los 70 en el seminario menor en Nueva York al que asistían. A fin de cuentas, la demanda se desestimó ya que los dos hombres la entablaron después del plazo límite que tenían para hacerlo.

El sacerdote, miembro de la orden religiosa de los Salesianos de Don Bosco, no accedió a ser entrevistado. Los funcionarios salesianos dijeron que no podían hablar sobre las acusaciones, las circunstancias que rodeaban su traslado a Roma, o sus tareas presentes, mencionando un litigio contra la orden que estaba pendiente.

"Estamos seguros que comprende nuestra situación", manifestó su abogado.

No hablan

El padre Barry Bossa conversaba en el pasillo del segundo piso de las oficinas de su orden una tarde cuando un portero joven subió y le dijo que alguien lo visitaba.

"¿Una visita? ¿Para mí?", respondió entusiastamente.

Sin embargo, su expresión se agrió precipitadamente. La visita era de un reportero, y el padre Bossa no estaba de humor para conversar sobre las acusaciones de abuso en su contra.

"Mi boca está cerrada", respondió enfáticamente a unas cuantas preguntas, antes de entrar a un cuarto.

El padre Bossa llegó a este vecindario urbano – salpicado de tiendas y restaurantes, y visitado por profesionales bien vestidos – días después de abandonar abruptamente su parroquia en Yonkers, New York, hace dos años.

La Arquidiócesis de New York se había enterado que el sacerdote se había declarado culpable en 1974 de una acusación de un delito menor de abuso sexual, un detalle que su orden religiosa, los palotinos, no había comunicado. El cardenal de Nueva York, Edward Egan, le retiró al padre Bossa su habilidad de ministrar dentro de la arquidiócesis, y el sacerdote partió de Yonkers tan rápidamente que su hermana tuvo que recuperar algunas de sus pertenencias.

Cuando el asalto de un niño de 12 años sucedió, el padre Bossa era un maestro católico laico. Los palotinos estaban al tanto de su condena cuando él buscó unirse a la orden en 1976, manifestó el Reverendo Terzo Vinci, un colega quien vigiló al padre Bossa en EU. Los palotinos lo aceptaron debido a que prometió no tener una recaída, dijo el padre Vinci.

Mientras su historial delictivo volvía a surgir en 2002, el padre Bossa fue acusado de nuevo en Massachusetts.

Varios hombres le dijeron a la Arquidiócesis de Boston que el sacerdote había abusado de ellos a mediados de la década de los 70, cuando eran niños pequeños y él era maestro en una parroquia de Bridgewater, Mass. En ocasiones, él sostenía relaciones sexuales con los menores tras sacarlos de la escuela y llevarlos a una oficina de la iglesia aledaña, según expedientes y entrevistas.

Las autoridades de Massachusetts entablaron cargos criminales en contra del padre Bossa a principios de 2003, varios meses después de que él se mudó a Roma.

El padre Vinci dijo que los Palatinos no tratan de proteger al padre Bossa de las autoridades; lo trasladaron a Roma para aislarlo de niños. Y ahora, el sacerdote probablemente no puede regresar a Estados Unidos debido a su salud, manifestó Vinci.

"No es una promoción", dijo. "Posiblemente algunos laicos lo perciban como tal, "Ah, se fue a Roma. Ah, está con el Papa". Él se exilió en Roma. Nada de promoción. Nada de nada".

Uno de los cuatro demandantes en el caso criminal de Massachusetts dijo que se sorprendió al enterarse que los Palatinos le habían dado un hogar al padre Bossa en Roma.

"Ahí, cerquita del papa. Qué bien", dijo el hombre, quien habló bajo condición que no lo nombrarán. "Me imagino que querrían mantenerlo afuera de allí".

La orden le permite permanecer

Cada día, turistas rumbo a la Plaza de San Pedro pasan por la sede mundial de la Orden Salvatoriana y sus características puertas dobles color verde.

El padre Joseph Henn, un prófugo, vive detrás de esas puertas. Va y viene con facilidad, otra persona anónima en de Roma.

Su alojamiento es agradable. El primer piso de la sede tiene un patio con jardín tranquilo con una fuente y begonias, un hotel y un centro de información para turistas. En la planta alta hay oficinas, una capilla y una cocina grande con comedor, donde el Papa almorzó durante una visita hace un par de semanas. El patio en la azotea ofrece un panorama de la imponente Basílica de San Pedro y otros símbolos romanos.

El padre Henn ya vivía allí, llevando a cabo tareas administrativas, cuando las autoridades comenzaron a investigarlo como parte de una investigación de abuso más amplia en la Diócesis de Phoenix.

Los funcionarios de la iglesia habían recibido quejas de padres desde hace mucho tiempo que él acariciaba a sus hijos indebidamente. La diócesis hasta hizo un pago confidencial a un acusador a principios de la década de los 90, según muestran los expedientes. Sin embargo, estos alegatos no llegaron a oídos de agencias judiciales, según la fiscalía del condado de Maricopa.

Dunklin escribe para The Dallas Morning News. El reportero Brendan Case y la contribuidora especial en Roma, Anna Zammit, contribuyeron a este reportaje.

                                                                                                                                                                                                                                                           

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