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Intocable
Sacerdote que es señalado como perpretador de abuso de menores encuentra refugio en Honduras. La interpol lo busca. 06:35 AM CDT on Tuesday, June 22, 2004
Tegucigalpa, Honduras Uno de los principales candidatos a la sucesión
del Papa Juan Pablo II amparó recientemente a un sacerdote que es un
pederasta confeso y ahora fugitivo internacional, según tuvo
conocimiento The Dallas Morning News.
El cardenal Oscar Rodríguez, que dirige la Arquidiócesis de Tegucigalpa,
designó al reverendo Enrique Vásquez a trabajar en dos parroquias
remotas desde el año pasado hasta marzo. El sacerdote había escapado de
acusaciones penales en su país de origen, Costa Rica, en 1998, luego
trabajó en al menos dos diócesis estadounidenses antes de huir
nuevamente y pasar un tiempo en un centro de tratamiento eclesiástico en
México.
El padre Vásquez ayudó a fundar un centro de formación para laicos
católicos del pueblo hondureño de El Paraíso y fue sacerdote residente
en el pueblo de Guinope. Desapareció de Guinope adelantándose unos días
a la policía luego de que activistas de la protección del menor de Costa
Rica presionaron a su gobierno para revivir un prolongado caso penal.
Autoridades eclesiásticas de Tegucigalpa "se dieron cuenta que tenían un
problema, y lo despacharon", dijo el teniente Julián Rivera, de
Interpol. La organización policial internacional dijo que continúa con
la búsqueda del sacerdote de 44 años a pedido del gobierno
costarricense, pero que no ha interrogado al cardenal Rodríguez.
El cardenal no respondió a las preguntas escritas del Morning
News y estaba demasiado ocupado para ser entrevistado, dijo el
reverendo Juan López, un alto consejero. El cardenal maneja todas las
decisiones del personal clérigo de la arquidiócesis, incluyendo las
asignaciones de los sacerdotes, dijo el padre López.
El padre López inicialmente dijo que el sacerdote nunca había trabajado
en el área de Tegucigalpa. Pero después suavizó esa actitud, diciendo
que "pude haberlo visto" en una reunión de los sacerdotes de la
arquidiócesis.
El obispo del padre Vásquez en Cosa Rica, Ángel San Casimiro, dijo que
el cardenal Rodríguez no consultó con él antes de poner ahí a trabajar
al sacerdote. Dijo que no sabía cómo el sacerdote había conseguido un
trabajo en Honduras, aunque agregó que creía que el padre Vásquez había
ido ahí hacía varios años para permanecer en otro centro de tratamiento
eclesiástico.
El obispo San Casimiro reconoció que a mediados de los años 90, él
liberó al padre Vásquez para trabajar en el extranjero luego de que el
sacerdote le admitiera que él había abusado de un monaguillo de 10 años
de edad. "Cuando supe que él tenía este problema", dijo el obispo, "lo
confronté, y él dijo, 'Sí, monseñor, tengo este problema'".
El obispo dijo que él no había recomendado al padre Vásquez para que
trabajara en otro lugar después que el sacerdote fue acusado de abusar
de un niño en una denuncia penal.
Bruce Harris, defensor de la protección al menor de Casa Alianza, una
institución de caridad afiliada a la iglesia católica de Costa Rica, ha
estado presionando al obispo y al cardenal Rodríguez para que revelen lo
que saben sobre el padre Vásquez. Ninguno ha estado disponible, dijo.
Harris recientemente se encontró de casualidad con el cardenal Rodríguez
en un avión y nuevamente le pidió información. El cardenal dijo sólo que
el padre Vásquez "se fue de Honduras hace algún tiempo" y que no sabía a
dónde había ido, de acuerdo con Harris.
"La Iglesia Católica en Latinoamérica aún no ha aprendido la lección de
lo que está sucediendo en la iglesia en los Estados Unidos", dijo. La
iglesia aquí está tratando de cubrirse".
Hoy
·El padre Enrique Vásquez, un pederasta confeso, recibió
ayuda de la Iglesia en al menos cuatro países.
·Los salesianos de Don Bosco utilizaron sus conexiones para
mover de un país a otro a sacerdotes abusadores
Mañana
·Cardenales católicos y la justicia mexicana beneficiaron a
un sacerdote acusado de abuso infantil
Miércoles
·Scottland Yard no ha podido localizar a un sacerdote
fugitivo, pero The Dallas Morning News lo encontró a
cargo de una parroquia en Italia.
¿Usted tiene información sobre este tema? Llame al
469-977-3614 o escriba a runawaypriest@dallasnews.com
Mientras tanto, en una aldea costarricense a 45 minutos de la catedral
del obispo San Casimiro, la madre del denunciante dijo que al padre
Vásquez se le debe detener para que no haga daño a otros.
"A veces siento que le fallé como madre", dijo Flory Salazar, poniendo
su brazo alrededor de su hijo. "A lo mejor pude haberlo protegido más, y
no lo hice. Pero lo que podemos hacer todavía es buscar justicia.
Podemos buscar justicia y tratar de impedir que esto le ocurra a otra
persona".
En Guinope, varios parroquianos verificaron que el padre Vásquez había
dirigido su congregación por cerca de siete meses hasta el día que
partió al aeropuerto de Tegucigalpa con un grupo de monjas y nunca más
regresó.
En recientes entrevistas con el Morning News, los parroquianos lo
reconocieron por fotos, nombre y nacionalidad y dijeron que estaban
ansiosos por que regrese el popular sacerdote.
"Los niños estaban llorando por él cuando se fue", dijo Ilsa Celinda
Rodríguez, una mujer de mediana edad que se encarga de atender los
terrenos de la iglesia. "Él tenía un grupo especial de acólitos".
Rodríguez dijo que el padre Vásquez había revigorizado su comunidad
religiosa, cuya iglesia colonial española tiene su sede en una plaza de
un pueblo que está a cerca de una hora desde el camino pavimentado más
cercano. El sacerdote plantó flores, logró que la gente asistiera a los
servicios y formó grupos de jóvenes para estudiar la Biblia, dijo.
"Vino a levantar la iglesia aquí", dijo Delvis de Lagos, quien forma
parte de la congregación. "Organizó la parroquia".
Ella dijo que cuando el padre Vásquez dejó el pueblo, él le dijo a la
congregación que tenía que atender a su madre seriamente enferma en
Miami. Sin embargo, parientes de la madre dijeron que ella si ha estado
enferma, pero no ha salido de su hogar en Costa Rica en ese momento.
El padre López, canciller arquidiocesano, dijo que los residentes de
Guinope estuvieron equivocados en percibir al padre Vásquez como su
pastor.
"Nuestra gente en el campo no entiende los títulos", dijo. "Tal vez
pensaban que era párroco, pero eso no lo hace párroco".
"Lo único que puedo decir con certeza es que nunca trabajó aquí de
manera permanente. No es nuestro sacerdote; él no pertenece a la
arquidiócesis".
Los miembros de la congregación de Guinope no fueron los únicos que
veían al padre Vásquez como un líder de la iglesia. Cerca de El Paraíso,
donde ayudó a fundar el centro para líderes laicos, él aparecía en
programas de radio como vocero de la iglesia y ganó el respeto de las
monjas locales.
"La gente aquí lo quiere mucho", dijo la hermana Emilia Oliveros.
El cardenal Rodríguez, que tiene 61 años, y que va subiendo rápidamente
dentro de la jerarquía católica, ha expresado tan enérgicamente como
cualquiera de sus colegas que no dirá nada a la policía sobre los
alegatos de abuso.
"Para mí, sería una tragedia reducir el papel de un pastor al de un
policía. Somos totalmente distintos, y yo estaría dispuesto a ir a la
cárcel antes de lastimar a uno de mis sacerdotes", dijo en una
conferencia de prensa en Roma en 2002. "No debemos olvidar que somos
pastores, no agentes del FBI o de la CIA".
Las observaciones del cardenal vinieron mientras el escándalo de abuso
de la Iglesia Católica estadounidense estaba explotando, con cientos de
sacerdotes expuestos como pederastas y obispos acusados de encubrimiento.
Él ha defendido enérgicamente al cardenal Bernard Law, el ex arzobispo
de Boston que se convirtió en el único líder diocesano estadounidense
removido de su cargo por su manejo de los casos de abuso. (El cardenal
Law fue recientemente designado por el Vaticano como arcipreste de una
basílica en Roma.)
El cardenal Rodríguez pertenece a una de las más grandes órdenes
religiosas del mundo, los Salesianos de Don Bosco, que se centra en
ayudar a los niños pobres del mundo. Varios de esos altos líderes han
tomado parte en mover a sacerdotes acusados a nuevos países.
El cardenal, que estudió filosofía, teología, y sicología clínica, ha
sido miembro de varios consejos pontífices y representó al Vaticano en
discusiones con el Fondo Monetario Internacional sobre la deuda del
Tercer Mundo. El papa lo hizo cardenal en el 2001 como parte de una
expansión grande y sin precedentes de la alta jerarquía, que ha ampliado
la lista de candidatos a sucesor papal y ha disminuido el poder de los
prelados italianos.
Muchos intelectuales y observadores del Vaticano creen que el próximo
papa podría provenir del Tercer Mundo, donde la Iglesia Católica cuenta
con grandes números pero a menudo enfrenta desafíos del Protestantismo
evangélico o el Islam. El cardenal Rodríguez es ampliamente considerado
entre los principales contendientes latinoamericanos.
A la vez que se forma un elevado perfil en el extranjero, él ha estado
luchando en casa con el mismo déficit de sacerdotes que incomoda a los
obispos del mundo. Él cuenta con cerca de 150 sacerdotes para una
población católica de más de 1.6 millones y. Como muchos de sus
hermanos estadounidenses, algunas veces confía en los extranjeros quien
poco es públicamente conocido.
El padre Vásquez se marchó de la arquidiócesis hondureña del cardenal de
la misma manera en que se había marchado de Costa Rica a fines de 1998 y
de Estados Unidos a fines de 2002: fugándose de la ley, parte de una
huida de la justicia de cinco años y medio.
El sacerdote había huido de su tierra natal un día después de que la
agencia de protección al menor del país lo acusó de abusar sexualmente
de un acólito. Después, él trabajó en la Arquidiócesis de Nueva York por
casi un año, en ocasiones viajando a sitios tan lejanos como Carolina
del Sur con un clérigo caribeño para dirigir retiros para hispanos.
El padre Vásquez partió de Nueva York abruptamente, diciéndole al
sacerdote bajo quien servía que su obispo lo había convocado a Costa
Rica. En vez, él se dirigió a la Arquidiócesis de Hartford, Conn., donde
halló santuario por cerca de tres años.
El sacerdote desapareció de Hartford pocas horas después de ser
interrogado por el FBI, dijeron funcionarios de la iglesia. De allí, él
se trasladó a Casa Alberione, un centro de tratamiento para el clero
cerca de Guadalajara, México. Y luego, conforme su principal acusador en
Costa Rica comenzó a presionar a los procuradores para que lo
localizaran y capturaran, él se mudó a Honduras.
No queda claro como el padre Vásquez se las ingenió para evadir el
arresto en repetidas ocasiones y mantenerse en el ministerio, pero tanto
la iglesia como el estado aparentemente jugaron papeles.
Alba Campos, la procuradora que originalmente estuvo a cargo del caso,
dijo hace varios meses que "la iglesia lo ayudó a escaparse" de Costa
Rica. Ella dijo que su jefe allí, el Obispo San Casimiro de Ciudad
Quesada, se rehusó a ayudarla a localizar al padre Vásquez.
El Obispo San Casimiro disputó eso.
"Le dije, 'Enrique, regresa'," dijo el obispo. "Le dije, 'No pases la
vida como un judío errante".
El Obispo Casimiro admitió que subsidió la estadía del padre Vásquez en
Casa Alberione. Sin embargo, dijo que perdió el contacto con él hace
casi dos años.
"No sé donde está", dijo hace poco. "No he tenido contacto con él desde
que estaba en Casa Alberione".
Desde ese entonces, Campos ha sido retirada del caso, después que el
acusador y sus partidarios se quejaron de que ella no trataba de dar con
el paradero del sacerdote, ni de procesar a presuntos cómplices. Campos,
quien fue contactada por teléfono hace poco, se negó a responder a estas
acusaciones.
En Nueva York, los funcionarios de la iglesia están en desacuerdo sobre
si el padre Vásquez tenía permiso para trabajar allí. Joseph Zwilling,
vocero de la arquidiócesis, dijo que el sacerdote había sido rechazado
pese a que tenía una carta de su obispo que decía que él tenía buena
reputación. Sin embargo, el pastor que lo supervisó dijo que "se nos dio
la luz verde" para que Vásquez obrara.
Los funcionarios de Hartford dijeron que lo aceptaron en 1999 tras
recibir una carta certificando que el padre Vásquez gozaba de buena
reputación y no estaban al tanto de que había problemas hasta que un
pariente enemistado les informó del caso criminal en el verano de 2002.
Ellos verificaron la información con funcionarios eclesiásticos
costarricenses, dijo el Reverendo John Gatzak, vocero de Hartford. Él
dijo que líderes eclesiásticos alertaron al FBI y se les aconsejó que no
hicieran nada, para no hacer que el sospechoso se percatara.
Mientras tanto, el padre Vásquez se mantuvo dentro del ministerio y
estuvo de vacaciones en México por siete semanas, dijo el padre Gatzak.
Para el 10 de octubre de 2002, la procuradora costarricense obtuvo la
dirección de la parroquia del sospechoso y le pidió a Interpol que la
verificara. Ese mismo día, manifestó el padre Gatzak, el FBI interrogó
al padre Vásquez en presencia del Obispo Auxiliar Peter Rosazza pero no
fue detenido.
No había ninguna orden de arresto internacional, lo cual permitió que el
sacerdote se escabullera de nuevo. La portavoz del FBI de Connecticut,
Lisa Bull, sólo dijo que "no comentamos sobre actividades investigadoras
que estamos llevando o hemos llevado a cabo". Agentes y ex-agentes
federales dijeron que la conducta del FBI, según la descripción del
padre Gatzak, sonaba muy inusual.
Una vez que la procuradora costarricense se enteró de que el padre
Vásquez había partido, ella no le pidió a Interpol que le siguiera la
pista al padre, lo que apuntó al centro de tratamiento mexicano. El
Obispo San Casimiro admite que el padre Vásquez le habló por teléfono
mientras conducía por Estados Unidos y le comunicó su destino – pero el
obispo no se lo comunicó al procurador hasta que se le preguntó, cerca
de un año después.
Eso fue en agosto de 2003, justo cuanto el padre Vásquez comenzó a
trabajar en Guinope, la aldea hondureña. De nuevo, el sacerdote parece
haber tomado medidas para encubrir sus huellas.
"Él dijo que regresaría a Costa Rica a enfrentarse a las consecuencias
de sus acciones", dijo el Reverendo Ricardo Roñequi, director del centro
de tratamiento, quien creía que el padre Vásquez había reanudado su
carrera en su tierra natal. "Una de las cosas que hacemos aquí es
enseñar a la gente que necesitan enfrentar sus responsabilidades".
Además, existe confusión sobre el plazo límite para enjuiciar al padre
Vásquez. Las autoridades costarricenses han dado explicaciones
conflictivas sobre cuando se aplica el estatuto de prescripción. Y la
situación podría complicarse aún más por el hecho que Costa Rica no
emitió una orden de arresto hasta el pasado mes de marzo, más de cinco
años después de que el caso criminal se abrió.
La ex procuradora ha dicho que no creía que podría emitir una a menos
que supiera el paradero exacto del sospechoso. Harris, del grupo
defensor Casa Alianza, dijo que ella procedió incorrectamente y que
finalmente consiguió que el fiscal general de Costa Rica invalidara su
decisión.
En el caserío costarricense de Buenos Aires de Pocosol, las vueltas y
giros del caso ha dejado a una familia con sentimientos de duelo y
rabia. Salazar, una madre soltera de 45 años, recuenta su búsqueda
incansable por justicia.
A fines de la década de los 90, Salazar cocinaba y limpiaba para la
parroquia de Santa Rosa de Lima cuando el padre Vásquez era su líder.
Uno de los seis hijos de Salazar se convirtió en acólito – un logro
considerable, puesto que él había sufrido de una falta de oxígeno al
nacer y no aprendió a caminar hasta que tenía 2 años. Él pasaba su
tiempo con el padre Vásquez hasta que otro sacerdote, el padre Álvaro
Blanco, le contó a Salazar que había encontrado a su colega,
descamisado, acostado al lado de su hijo.
Salazar habló con su hijo, quien comenzó a describir el abuso que al que
había sido sometido desde hace meses. El padre Vásquez le había
advertido que no se lo dijera a nadie, dijo el niño, porque "la gente
iba a pensar '¿qué le pasa al padre?".
Posteriormente, ella confrontó al sacerdote.
"Me dijo que era verdad", dijo. "Me dijo que yo era muy buena, y que si
estuviera en mi lugar, él hubiera matado a la persona que había abusado
de su hijo.
Después, se dirigió al Obispo San Casmiro. Él la instó a que no acudiera
a la policía, implorándole que fuera una "buena cristiana", dijo. Ella
se acató a su pedido.
Sin embargo, para 1998, su hijo sufría de insomnio, baja autoestima,
depresión y pensamientos constantes de muerte, según un reporte
psicológico. Después de que la agencia de protección al menor
costarricense se percató de los alegatos, entabló una denuncia penal a
fines de 1998.
El caso acarreó presión incesante de la iglesia y de los parientes del
padre Vásquez, según Salazar.
Uno de los hermanos del padre Vásquez presuntamente trató de sobornar a
su hijo a retirar los cargos el año pasado, lo cual resultó en un caso
legal separado. Y hace poco, Salazar dijo que había recibido dos
llamadas telefónicas amenazándola de muerte de un hombre quien dijo que
estaba haciendo que la iglesia se viera mal.
A ella ya no le preocupa eso. Ya no se considera católica..
"Ves al Papa pidiendo perdón por la Inquisición", dijo. "Pero lo mismo
está ocurriendo en el siglo 21. La iglesia está destruyendo las vidas de
tantos niños, y el Papa no dice nada. Y no hace nada".
Su hijo, quien está por cumplir los 21 años, recibió su bachiller hace
poco. Él espera asistir a la universidad y convertirse en un maestro de
ciencias sociales.
"Lo principal que queremos es impedir que eso le ocurra a otra persona",
dijo. "A veces, me he preguntado si vale la pena. Pero es como dice mi
mamá. Si no hacemos nada al respecto, nos convertiríamos también en
cómplices".
Egerton y Case escriben para The Dallas Morning News.
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