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Cactus, Texas

Parte III: Inmigrantes prueban el lado peligroso de la carne

10:52 AM CST on Tuesday, November 21, 2006

Por SUDEEP READY

Washington ­ Mientras los trabajadores convierten los cadáveres de reses que pasan a toda velocidad en trozos de carne, están viviendo una oportunidad con la que muchos de ellos soñaron toda su vida.

Cada año, miles de indocumentados van a parar alas plantas procesadoras de carne en Texas y otros estados, en busca de un sueldo estable que, al parecer, los trabajadores estadounidenses no quieren.

La elección de trabajar en una de las industrias de procesamiento más peligrosas, ha creado un ambiente difícil de monitorear, complicando los esfuerzos por mejorar las condiciones que reinan en dicha industria.

DEBORAH TURNER/AL DÃA
DEBORAH TURNER/AL DÍA
Trabajan con cuchillos afilados, químicos peligrosos y máquinaría pesada. Pero el sueño de una vida mejor vence los riesgos en la planta de carne.

Alrededor de uno de cada 10 empleados resulta lesionado cada año (algunos aseguran que es uno de cada cinco) por las afiladas herramientas o la repetición interminable de sus movimientos con ganchos y cuchillos durante todo el día.

"El precio que se está pagando en lesiones y en enfermedades es un costo que la mayoría de los trabajadores nacidos en el país no están dispuestos a asumir", asegura Lance Compa, experto en leyes laborales y de Cornell University.

Los defensores de los trabajadores dicen que el resultado del encuentro entre indocumentados y la riesgosa labor ha sido la disminución de salarios y el aumento de abusos.

Los salarios en 1960 que ahora equivaldrían a unos 20 dólares (lo que se paga en otras industrias, como la de los automóviles o la siderúrgica) han bajado a entre ocho y 12 dólares por hora en muchas fábricas, según expertos.

Las regulaciones para las industrias se ha hecho menos estrictas desde el 2001, cuando el presidente George W. Bush asumió su cargo. Las lesiones han disminuido como resultado. Pero los críticos dicen que eso oculta la amplitud de los problemas dentro de las plantas.

Los indocumentados aceptan las duras condiciones a cambio de una oportunidad de quedarse en EU. Muchos no reportan las lesiones por temor a que su condición pueda ser descubierta.

Los empleados quieren "permanecer clandestinos, no hacer ruido, hacer su trabajo, recibir su pago e irse a casa", dijo Jackie Nowell, directora de seguridad y salud ocupacional de la Unión Internacional de Trabajadores de la Comida y el Comercio (UFCWIU).

La industria defiende su historial de haber mejorado a través de la cooperación con sindicatos y la aplicación de medidas voluntarias.

American Meat Institute, un grupo de comerciantes del sector de la carne, dice que los salarios para la industria de procesamiento de carnes con frecuencia son más altos que los de otras industrias.

El trabajo dentro de las fábricas ha atraído el escrutinio gubernamental en diferentes momentos durante más de un siglo. La atención está en gran parte centrada en la seguridad de la comida en lugar de las condiciones laborales.

Los inmigrantes tienen una fuente clave de trabajo en esta industria desde que empezó, atraídos por un trabajo que no exige mucha experiencia.

Lideradas por el gigante en la industria, IBP (ahora Tyson), las plantas de procesamiento que han sido sindicalizadas se fueron de las grandes ciudades para recortar costos de transporte de ganado desde las áreas rurales.

Los sindicatos perdieron influencia y los índices de lesiones aumentaron. Los salarios fueron desplomándose a medida que se consolidó la industria.

Cuatro empresas, Tyson, Cargill, Smithfield y Swift, controlan el 80 por ciento del procesamiento de carne.

Redadas quebrarían a la planta

En la planta procesadora Swift & Co. de Cactus, Texas, las autoridades dicen que hacen todo lo posible para verificar la autenticidad de la documentación de sus empleados.

Un portavoz informó que encuentran trabajadores indocumentados máximo una docena de veces al año y señaló que la empresa hace parte de un programa federal diseñado para ubicar el uso fraudulento de números de seguro social.

Pero las autoridades de Cactus dicen que casi el 75 por ciento de la población de la ciudad corresponde a inmigrantes sin documentos.

Luis Aguilar, alcalde de Cactus e indocumentado hasta que se benefició de una amnistía de hace casi dos décadas, resume lo que sucedería si las autoridades migratorias arremetieran con la planta: "Swift quebraría".

Los trabajadores inmigrantes conforman hasta el 80 por ciento de la fuerza laboral que no ocupa altos cargos en algunas plantas de Texas, Kansas y otros estados que se destacan por el procesamiento de carne, indicó Donald Stull, profesor de antropología de la Universidad de Kansas y autor de Slaughterhouse Blues. Son menos propensos a organizarse y no siempre conocen sus derechos, lo que resulta muy útil para la industria, según Stull.

El Instituto Americano de la Carne declara que los empleados que reciben salarios por hora, ganan 12.03 dólares la hora en promedio, o unos 25,000 dólares anuales, por empleos en áreas rurales con un bajo costo de vida. Los maestros de preescolar en Kansas, el estado con más producción de carne, ganan cerca de 24,550 dólares anuales y los paramédicos 21,590.

No todas las lesiones se reportan

La industria sostiene que el total de lesiones "que pueden ser reportadas" ha bajado en un 70 por ciento desde 1990, cifra que, según los críticos, no refleja lo que sucede en las plantas.

La Administración de Seguridad y Salud Ocupacionales (OSHA), encargada de supervisar la seguridad laboral del sector empresarial, no reúne las cifras de lesiones de todas las plantas.

"Ya hace mucho tiempo que OSHA pasó por aquí", señala un empleado de la planta de Cactus. "Cuando viene OSHA, todo se hace bien y despacio".

En la planta de Cactus, los inspectores dicen que los empleados no estan familiarizados con la información sobre los riesgos laborales.

En el otoño del 2003, los trabajadores del área del matadero de Swift se quejaron por las mezclas de cloro empleada, reportó OSHA en su momento. La solución producía hemorragias nasales, vómitos, dolor de cabeza e irritación en los ojos, nariz y garganta de algunos empleados.

En entrevistas con los trabajadores, se encontró que Swift no ofrecía ningún tipo de capacitación sobre los riesgos de trabajar con los químicos, indicó OSHA.

Muchos trabajadores simplemente aceptan los riesgos, inclusive en situaciones peligrosas, señalan los críticos.

Muchos inmigrantes desconocen sus derechos, mientras que otros quizás no cuentan con los traductores adecuados o temen ser sorprendidos por autoridades migratorias.

"No nos queda más que tolerarlo. O dejar que nos disparen. Hemos invertido demasiados años", dijo un antiguo trabajador.

Rich Fairfax, director de ejecución de OSHA, dijo que la agencia multa a las plantas que intentan esconder el número de lesiones de los empleados.

"No nos importa el estatus migratorio", dijo Fairfax. "Estamos ahí para proteger la salud y hacer cumplir las medidas de seguridad y protección en el trabajo".

Enfermedades casi descartadas

Las cifras de OSHA muestran un marcado declive en las lesiones y enfermedades en la industria de la carne en el 2002, el primer año del nuevo registro que omitió una categoría especial para lesiones repetidas por una condición que se hace crónica. El porcentaje de trabajadores lesionados bajó a menos del 12 por ciento, de un 20 por ciento obtenido un año antes.

"Ésta es la mayor categoría de lesión en este país y no lo estamos contabilizando", dijo Nowell.

Los sindicatos de trabajadores de la industria y otros expertos señalan que muchas lesiones pueden ser evitadas al reducir la velocidad de las cadenas de producción en las plantas de carne. Algunos trabajadores deben procesar cientos de animales por hora en su turno.

Esta primavera, los trabajadores de Cactus dijeron que la velocidad de las cadenas de producción aumentó. Antes de eso, según un antiguo empleado, el trabajo ya era lo suficientemente difícil.

"Puedes escuchar a la gente gritando porque ya están agotados. El viernes era una gritería porque ya eran las 2:37 y no dejaba de salir la carne", dijo.

"El viernes, los hubieras escuchado gritar porque eran las 2:37 p.m. y la carne no dejaba de llegar ... las personas estaban gritando: ¡Suficiente! ¿Nos van a pagar (horas extras?) Por lo regular, la pagarán".

OSHA no regula la velocidad de las cadenas de producción. El trabajo es de los inspectores de alimentos.

El vocero de Swift, Sean McHugh, dijo que todos los procesadores de alimentos quieren elevar su producción, pero que "la seguridad de alimentos para nosotros va de la mano con la seguridad del empleado".

El aumento durante la primavera en la velocidad de la línea de producción en la planta de Cactus resultó en "un cambio no apreciable en las tasas de lesiones o tasas perdidas en el día de trabajo", dijo.

La empresa declinó dar a conocer la velocidad de su línea por razones competitivas.

La tasa de lesiones general de Swift ha sido reducida a la mitad en el transcurso de los últimos cinco años y ahora es comparable con el promedio general de todos los fabricantes, dijo McHugh.

OSHA conforme con

seguridad de trabajadores

OSHA indica que su supervisión ha contribuido a un mejor ambiente laboral, cubriendo diversas cuestiones de seguridad. Fairfax reconoce que la industria de la carne es peligrosa, pero indica que es "mucho más segura de lo que solía ser hace 10 o 15 años".

La cooperación con los líderes de la industria que quieren costos de compensación y menores tasas de seguro para los trabajadores ha marcado una diferencia, dijo.

Sostuvo que la mayoría de empleadores están registrando lesiones y enfermedades con precisión y que el sistema aplicado específicamente a la industria de OSHA detectará a los infractores.

Los críticos de la industria señalan que la seguridad de los trabajadores necesita más atención, así como la higiene de los alimentos. Y la presión de los consumidores, como hace un siglo, es la única manera de forzar a la industria y a los reguladores a hacer mejoras más rápidamente, dijo Stull.

"No existe una ola de protestas públicas", dijo. "El público en general, en tanto la comida sea barata y segura, y mientras los trabajadores no sean realmente como ellos, pueden ignorar el hecho".

Ready escribe para The Dallas Morning News. Arnold Hamilton, del DMN y Deborah Turner, de Al Día, colaboraron en este reportaje.

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