Cada noche antes de abrir su bar, María Reséndiz quema siete varitas de incienso para la buena suerte.
Mientras recorre cada centímetro de su negocio, El Rincón Norteño Lounge, Reséndiz pide que su clientela aumente, pues después de la redada son muy pocos los que van a jugar billar y tomarse un trago.
"La cosa está bien difícil. La gente tiene miedo de salir y otros ya se han ido", dijo Reséndiz, originaria de Jalisco, México.
La caída en las ventas de los negocios de Cactus ha sido generalizada.
En la tienda El Jacalito, justo frente a la planta de Swift, Lorena Adame se queja por las malas ventas de cerveza.
"Nos damos cuenta que ya el negocio no es lo mismo que antes", dijo.
Según Adame, los empleados de la planta solían acudir a la tienda todos los días después y antes de su turno para llevarse una torta o unos tacos. Ahora son cada vez menos los que llegan.
Pero la caída en las ventas se ha compensado temporalmente con el negocio de envío de cajas a Guatemala.
En las últimas semanas, la tienda recibió 55 de estas cajas llenas de hornos microondas, ropa usada, licuadoras y otros productos. "Van para la gente que fue deportada. Muchos pidieron a sus amigos que se quedaron que les enviaran sus cosas", dijo Adame.
Yolanda Márquez, propietaria de Yovi Fashion, una tienda de artículos de todo tipo, asegura que nunca, en los 23 años que ha vivido en Cactus, había visto al pueblo tan triste. "Pero tengo mucha fe en que las cosas van a mejorar, aunque mucha gente ya se fue".
Márquez espera que nuevos habitantes lleguen al pueblo para que asímejore la economía.
Jenkins, administrador de la ciudad, coincide con ella.
"Es un bache, pero estoy seguro de que el pueblo se recuperará", dijo.
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