Cactus, Texas – Un ex combatiente de la guerra con Irak estuvo en la cárcel por un delito de conducir en estado de intoxicación que no ha cometido. Una madre que recibe asistencia social se ha visto amenazada con perder tal ayuda del estado porque no avisó a las autoridades de un trabajo que nunca realizó.
DMN/Jim Mahoney
Jueves 3 de agosto de 2006 – el sargento del Ejército Rich Toscano ha sido encarcelado por una orden judicial pendiente por conducir bajo el efecto del alcohol de la que no sabía nada. Toscano fue víctima de robo de identidad por un empleado de la planta Swift en Cactus, Texas, y hasta ahora sigue teniendo problemas con su clasificación de crédito.
Para los texanos Alfredo Richard Toscano Jr. y Joanna Laureles, ésta fue la primera señal de que sus identidades habían sido robadas y vendidas en el mercado negro a inmigrantes indocumentados que las usaron para conseguir trabajo en una planta de procesamiento de carne.
La policía y los fiscales dicen que están lidiando con una gran cantidad de casos como estos, la mayoría vinculado a docenas de operativos en plantas de la industria de la carne, que han transformado las llanuras sureñas en una región ahora conocida como el "callejón frigorífico".
¿Cuán penetrante es el problema?
Un inmigrante indocumentado de México traficaba abiertamente documentos falsificados desde su casa al lado de la jefatura de policía de Cactus por casi dos años antes de que los Texas Rangers descubrieran lo que resultó ser sólo una pieza de toda una operación multiestatal.
El exasperado jefe de policía de Cactus, Tim Turley, dijo que no contaba con los efectivos, el equipo ni la experiencia para investigar el caso adecuadamente. Lo que es peor, dijo, nunca pudo interesar a las autoridades federales con este negocio criminal.
"El negocio de los documentos está floreciendo en este momento", dijo. "Tienes, cuántos, ¿Once millones de inmigrantes indocumentados en este país? Alguien tiene que darles esos documentos".
Nadie sabe con seguridad cuántos inmigrantes extranjeros usan documentos falsos para obtener trabajos, sin embargo registros oficiales ofrecen una posible pista: En los últimos cinco años, la Administración de Seguridad Social envió por correo cerca de 8 millones de notificaciones anualmente a personas y empleadores, sobre problemas con la información de identificación de los trabajadores.
Más de la mitad de los ingresos suspendidos de las empresas por sospechas de robo de identidad provenían de la industria de la agricultura, que incluye la industria del procesamiento de carne al por mayor, según el informe de abril del 2005 del inspector general de la Administración de Seguridad Social. Cerca del 13 por ciento provino de la industria de servicios y 11 por ciento de la industria de restaurantes.
Algunas veces se debe a un error secretarial. Sin embargo, muchas veces, las noticias exponen a los inmigrantes indocumentados que compraron los documentos de identificación extraviados, robados o duplicados –desde tarjetas de Seguridad Social, certificados de nacimiento hasta licencias de conducir falsificadas– básicas para obtener un trabajo en Estados Unidos.
"Todo el mundo sabe lo que está sucediendo", dijo Mark A. Grey, que ha estudiado la industria de la carne al mayoreo como director del Centro de Liderazgo Inmigrante e Integración de University of Northern Iowa. "Ni siquiera los puedes llamar trabajadores indocumentados. Todo el mundo tiene documentos. No están 'autorizados' ".
Grey y otros especialistas describen las delicadas relaciones públicas que involucran a corporaciones, sindicatos, autoridades policiales y electas, todas las cuales conocen el problema, pero son reacias a investigar enérgicamente por temor a agotar una fuente lista de mano de obra barata, forzar el cierre de plantas y anular los ingresos por los impuestos locales.
Inclusive si contaran con las herramientas necesarias, no es fácil para las autoridades pillar a los involucrados en el comercio de documentos e identidades falsos. Los trabajadores inadecuadamente documentados raras veces parecen conocer mucho sobre los intermediarios. Y a menudo no parecen particularmente interesados en compartir los detalles.
Por ejemplo, Natividad Villa, mexicano de 25 años, que trabajó en la planta de procesamiento de carne Swift & Co., con el nombre del sargento Toscano, dijo a los Texas Rangers que compró su identidad falsa por 600 dólares a un hombre blanco no identificado, de cabello largo, en Dumas que manejaba una Jeep Cherokee roja.
Villa luego utilizó esa identificación para obtener la licencia de conducir válida de Missouri, que estaba usando cuando su verdadera identidad fue descubierta en diciembre del 2002. Él se encuentra detenido en la actualidad en la cárcel del condado de Moore y declinó hablar con un reportero.
En los últimos tres años, el jefe Turley dijo que él y sus oficiales han decomisado docenas de tarjetas de identificación estatal falsificada, principalmente de Arkansas, Missouri, Kansas, Nuevo México y Texas.
Algunas veces el fraude es tan obvio, dijo, que es casi cómico.
Es el caso del guatemalteco con una licencia a nombre de un tal Nelson Wilson.
"Ni siquiera podía pronunciar el nombre", dijo el jefe Turley. Pero ni con todo eso, era suficiente establecer un caso: "No lo podíamos arrestar por eso porque no pudimos encontrar al verdadero Nelson Wilson que lo refutara".
En marzo del 2002, Villa fue arrestado por conducir en estado de ebriedad en el condado de Moore, presentando una licencia de conducir con el nombre de Alfredo Richard Toscano Jr. Inclusive pretendió ser Toscano en una audiencia de la corte de distrito estatal donde se declaró culpable del cargo de conducir en estado de intoxicación.
Siete meses más tarde, el verdadero Alfredo Richard Toscano Jr. iba camino al sexto cumpleaños de su sobrina cuando fue detenido por la policía por conducir a alta velocidad en Claude, Texas.
El desconcertado sargento Toscano fue arrestado y se le incautó su vehículo. La razón: su licencia de conducir fue suspendida debido a la condena por conducir en estado de ebriedad.
"Nunca me dieron tal condena en mi vida", dijo Toscano, de Amarillo y ex combatiente de la guerra con Irak, y ahora con base en Fort Sill, Oklahoma.
"Lo lamento", dijo el oficial. "Tengo que apegarme a lo que esto dice".
El sargento Toscano pasó cerca de nueve horas tras las rejas, usando lo que él describió como un uniforme antiguo de reo: franjas negras con blanco y su número de reo en el frente.
Al día siguiente, un compasivo juez municipal prometió alertar a los Texas Rangers sobre su grave situación.
Seis semanas más tarde, un Texas Ranger confrontó a Villa -que aún se hacía pasar por Alfredo Richard Toscano Jr.- en la planta Swift & Co. donde trabajaba.
Villa realmente admitió entonces su verdadera identidad. Fue condenado a libertad condicional por el cargo de perjurio con agravantes. Pero su caso aún no ha terminado: en noviembre pasado, un policía estatal detuvo un vehículo en el condado de Ochiltree en el que Villa iba de pasajero. Villa, dijeron las autoridades, presentó otra identificación falsa.
En respuesta, el fiscal estatal, Green, dijo que está buscando revocar la libertad condicional de Villa. Y dijo que los agentes federales han bloqueado el estatus migratorio de Villa, lo que constituye un primer paso que podría resultar en su deportación.
El sargento Toscano dijo que aún no tiene idea cómo su identidad terminó en el mercado negro. Nunca le habían robado. Tampoco había perdido su billetera. Sin embargo, reconoce que nunca ha sido bueno en desechar su correo con información confidencial.
La señora Laureles descubrió que su identidad había sido usada por una mujer indocumentada guatemalteca que trabajaba en Swift Plant y que fue desenmascarada cuando las autoridades de bienestar estatal compararon la lista de receptores con los registros de la Comisión de la Fuerza Laboral de Texas.
Hubo una coincidencia: Una mujer llamada Joanna Laureles parecía estar recolectando vales de comida y Medicaid para sus dos hijas, de 1 y 2 años, al mismo tiempo en que supuestamente laboraba en la planta de carne de Cactus.
Era María Gonzales -haciéndose pasar por Laureles- y estaba trabajando en la planta.
La verdadera Laureles, de 21 años, vivía en Plainview, 100 millas al sur.
Ella no sabía con exactitud dónde estaba Cactus, dijo, y nunca había escuchado de la planta Swift & Co.
Lo que es peor, estaba al borde de perder su asistencia social y posiblemente enfrentar cargos penales por defraudar al estado.
"Fue un golpe muy fuerte", dijo en una reciente entrevista en su pequeña casa blanca con techo de metal. "No lo podía creer".
Con la ayuda de la policía de Plainview y Cactus, el asunto fue esclarecido. Laureles no perdió su asistencia estatal, pero Gonzales perdió su trabajo y fue forzada a presentar todos los documentos que tuvieran el nombre de Laureles.
Gonzales fue liberada bajo fianza y se le permitió regresar a su hogar de Guymon para que viviera y cuidara a su hijo menor. Pero su caso no está cerca de ser procesado, al menos en parte porque el jefe Turley dijo estar tan abrumado por incidentes similares que no ha tenido tiempo de compilar todas las pruebas que los fiscales necesitan.
Al menos Laureles sabe cómo terminaron sus documentos en el mercado negro: Su tarjeta de Seguridad Social y el certificado de nacimiento de Texas fueron robados hace cerca de cuatro años.
Y sabe que los documentos robados están ahora a salvo en las manos de la policía de Cactus.
"Simplemente, no quiero que nadie más use mis papeles", dijo.
Hamilton escribe para The Dallas Morning News. Deborah Turner, fotográfa de Al Día contribuyó a este reporte.