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El Cactus del bien y del mal

09:35 AM CST on Monday, November 20, 2006

Por LAURENCE ILIFF

Las Joyas, Guatemala – Juana Ordóñez conoce bien lo que la inmigración puede hacer a una familia.

Su esposo, Martín Tiniguar, está en Cactus, Texas, y no lo ha visto en cinco años. Un hijo de 18 años, Sebastián, también cruzó la frontera hace dos años.

Miguel, otro hijo de 21 años, está en el lado mexicano de la frontera, en Matamoros –donde fue dejado por un coyote– y planea cruzar tan pronto como sea posible.

"Estoy muy preocupada", dijo Ordóñez. No sabe nada de Miguel desde hace varios días.

Vestida con prendas mayas tradicionales, la rápida sonrisa de Ordóñez se convierte en una expresión de preocupación y luego en lágrimas cuando recuerda cómo el imán de trabajos bien remunerados en Cactus la separó de su esposo y sus dos hijos. Desde entonces, la familia ha vivido más entre las deudas y la tristeza que entre la prosperidad y la esperanza.

En este lugar de Centroamérica, justo en el corazón de una comunidad evangélica guatemalteca, las iglesias humildes pululan entre campos agrícolas. Los anuncios espectaculares de las autopistas prometen mejores días para los campesinos, sumidos desesperadamente en la pobreza. "Cristo es la esperanza de Guatemala", se lee en uno.

Generación tras generación, los guatemaltecos han recurrido a otra instancia para una vida mejor: la migración que los lleva hasta la planta de producción de carne en Cactus, y hacia trabajos igual de pesados en Oklahoma, Alabama y Providence, R.I.

ALBERTO ROMERO/ESPECIAL PARA DMN
Juana Ordóñez (der.) y su nuera, Tomasa, viven en Las Joyas, Guatemala, mientras sus esposos trabajan en Cactus, Texas, tratando de sacarle provecho a su vida como indocumentados.

Las organizadas casas de adobe de esta aldea dan testimonio del lado exitoso de la inmigración. Pero nadie se explica cómo ni por qué comenzó el éxodo. Sólo saben que existe una red.

En Las Joyas, el uso de teléfonos celulares es tan común como en cualquier metrópoli del primer mundo y la costumbre contrasta con la austeridad que reina alrededor.

Las mujeres los usan para comunicarse con sus esposos, hijos, hermanos y primos en Estados Unidos. Y los hombres que ya están en EU los utilizan para dar noticias de trabajos disponibles y dónde pueden dar la bienvenida a sus familiares, señala Nery Horacio Gil, alcalde de Joyabaj, cerca de Las Joyas.

Cactus y Providence son dos lugares, dijo, donde los nuevos inmigrantes hallan apoyo de compatriotas que ya se encuentran ahí.

Los hombres de Las Joyas y de Zacualpa, el municipio al que pertenece la pequeña población rural, comenzaron a migrar a Cactus hace 15 años, recuerda Juana, pero no sabe con exactitud por qué empezaron a irse.

Sabe que su esposo está allá, en algún lugar de un sitio llamado Texas que ella no conoce, y que acaban de hablar por teléfono.

Las lágrimas vuelven a aparecer.

En Cactus, en el Panhandle de Texas, Martín cuelga. Juana entonces explica que su hijo, Miguel, llamó a su esposa en Guatemala para decirle que estaba perdido. La mujer llamó a Martín para darle la noticia.

Separados por los dólares

Cuando llegó su primer hijo, Sebastián, Martín rebosaba de alegría. Por fin tenía compañía en esa tierra extraña.

"No podemos pasar la frontera así como así", dijo. "Es imposible".

Su trabajo le permite enviar 200 dólares al mes a su esposa, una pequeña parte del gigantesco flujo de remesas que actualmente constituye el 11 por ciento del producto nacional bruto de Guatemala.

Su trabajo en Cactus le da más de los dos dólares al día que recibiría cortando caña o cortando café en su país, o trabajando en la milpa familiar. "Quiero vivir allá en Guatemala", dice. "Pero como soy pobre, es duro vivir allá".

Un control fronterizo más estricto, el alto precio de cruzar la frontera y más muertes de inmigrantes convierten la esperanza en tragedia para muchos en Cactus y en Las Joyas.

"Ese muro fronterizo que están construyendo será un problema para las personas que emigren", sostiene Gil.

Estima que 8,000 personas de su pueblo de 60,000 personas emigraron a sitios como Cactus. "Si hasta la palabra de Dios dice que algún día no habrá fronteras", afirma con seguridad bíblica

"Quieren una vida mejor, una mejor posición económica, y aquí falta el trabajo y hay pobreza", explica. "Ellos van a trabajar, envían dinero para construir sus casas, comprar terreno y cambiar sus vidas".

Hasta Gil, que se define a sí mismo como un acaudalado terrateniente, ha intentado conseguir una visa para visitar a su hijo y su nieto en EU.

Se la han negado varias veces.

No hay muro que no se pueda cruzar

Juana afirma que con o sin muro fronterizo, sus hijos menores de 6, 9 y 13 años tendrán que hacer la travesía en algún momento y arriesgar la vida en el largo camino desde Las Joyas hasta Cactus o cualquier otro lugar de EU.

"Tienen que hacerlo porque ya no tengo tierras", dice Juana. La familia vendió su terreno y se sacó un préstamo de unos cuantos miles de dólares para pagar el viaje a EU de Martín y Sebastián.

El año pasado, la esposa de Sebastián, Tomasa, intentó unirse a su esposo, pero fue detectada y deportada a Guatemala. Eso les aumentó su deuda a más de 5,000 dólares.

El interés mensual del 10 por ciento pagado al préstamo ha duplicado lo que la familia adeuda desde que Tomasa fue deportada en agosto del 2005.

Juana explica que a su esposo y su hijo ahora les queda poco dinero para los tres muchachos que quedan en la casa. Casi todo lo que mandan se va en pagar el préstamo.

Si no pagan, podrían perder lo poco que les queda: la casa, que también sirve como tienda y ayuda a poner comida sobre la mesa.

Aunque los expertos señalan que las altas tasas de interés son ilegales, Ordóñez dice que hay ejemplos en que las autoridades han confiscado terrenos de aquellos que no pagan los préstamos.

Juana asegura que su esposo está cansado después de cinco años en la planta de procesamiento de carne. Pero no tiene más opción que permanecer en Cactus.

"Dice que el trabajo es realmente duro, que no puede hacerlo más, ¿pero, qué podemos hacer?", dice en un español modelado por su acento quiché. "Él dice que tiene que terminar de pagar la deuda y luego va a regresarse".

Juana también ha pensado en cruzar la frontera y llegar a Cactus para estar con su esposo y su hijo, pero le preocupan sus hijos menores y las noticias fatídicas sobre gente del pueblo que muere en la travesía.

Las Joyas ve muchos funerales de inmigrantes quefallecen en el desierto de Arizona.

"Él me dice que vaya con él, pero me da miedo el desierto", dice Juana, que aún lamenta haber vendido sus tierras para hacer una apuesta migrando a EU.

Demócratas brillan en Las Joyas

En el mercado local, los agricultores comercian sus productos. Gran parte de la economía local proviene del dinero enviado a casa por los trabajadores en EU.

El cambio del control en el Congreso de EU y la llegada de los demócratas al poder legislativo, alegró a muchos en Las Joyas, que piensan que próximamente podría haber una reforma migratoria y un programa de trabajo temporal del cual sacar ventaja.

"Uno tiene esa esperanza porque las personas se van por la necesidad, no hay trabajo aquí, no hay fábricas donde se pueda hallar empleo", dice Manuel Tzoc, de 49 años, jefe de un grupo no gubernamental que promueve el desarrollo económico en Las Joyas. "Espero que encuentren alguna forma que nos dé los papeles de trabajo aunque tengamos que pagar por ellos".

José Tiniguar, de 42 años y sin relación con Martín y Juana, teme que sus compatriotas ya no puedan seguir trabajando en EU y enviar dinero a casa para comida y ropa.

"Hay muchas personas que se van de aquí pero quizás no lleguen a a EU debido al muro", dijo Tiniguar, que también es miembro del grupo no gubernamental. "Aquí en Guatemala, como imagino sucede en México, somos una nación pobre".

Con permiso para ser pobres

Guatemala es un país donde los permisos para empleos disponibles en EU son pocos y muy codiciados, a pesar de que se ofrece menos dinero si se compara con algunos de los trabajos que consiguen los indocumentados.

Josué Pérez, de 36 años, ha ayudado a contratar a algunos guatemaltecos para proveer mano de obra a contratistas de la Costa Este.

Los hombres de Joyabaj trabajan en ferias que viajan de pueblo en pueblo por esa zona de EU. Les pagan 260 dólares a la semana por siete días de trabajo. Durante los seis o siete meses al año que trabaja Pérez con una de esas ferias, puede enviar unos 100 dólares a la semana a su familia gracias a que no tiene que pagar renta.

Algunos de sus compatriotas indocumentados ganan el doble que él trabajando en el ramo de la construcción.

Como resultado, dice, hay algunos trabajadores legales que abandonan la feria y se convierten en indocumentados.

"Pueden hacer dos trabajos, uno en el día y otro en la noche", explica Pérez.

Él no quiere abandonar la vía legal ni enfrentar a los pandilleros centroamericanos, las temibles Maras, que roban y matan a los inmigrantes que tratan de llegar a EU desde Centroamérica.

Prefiere dejar Guatemala en avión, con una visa legal y sin desiertos qué cruzar.

"Como estoy aquí legalmente, no me pueden deportar a menos que trasgreda la ley", dijo Pérez. "Te tratan bien, pero el salario es muy bajo".

Iliff escribe para el buró de The Dallas Morning News en México.

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