Escepticismo e indiferencia
Madres en Ciudad Juárez están atemorizadas por sus hijas
01:53 PM CDT on Friday, July 16, 2004
Por ALFREDO CORCHADO / The Dallas Morning News
Ciudad Juárez, México – Lo primero que vio Tomas Ruiz fue un vehículo
grande y centelleante. El auto lo pasó para luego detenerse rechinando las
llantas.
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AP
La políacia de Ciudad Juárez recuperando el cuerpo de una mujer encontrado en el desierto el 10 de octubre de 2003.
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Del carro descendieron violentamente dos hombres fornidos. Enseguida vio
a la joven de los pantalón café y blusa blanca que había observado
caminando por la calle. Sus gritos rasgaron la tranquilidad de la mañana
cuando los hombres la empujaron hacia el asiento trasero del auto para
después marcharse a toda prisa.
Cuando describía la escena, hace tres semanas, el hombre de 83 años se
encoge de hombros con vergüenza y todavía se siente molesto por lo que
hizo después: nada.
Continúo barriendo las calles, trabajando cerca del puente internacional
que conecta a México con los Estados Unidos. Pasaron dos horas antes de
que se encaminara a un centro de atención para mujeres en crisis e
informara lo que había visto.
Diez años de sufrir una oleada de secuestros, violaciones y asesinatos
regulares de mujeres jóvenes, han hecho de esta ciudad fronteriza una
zona de delincuencia desbordada. En todo ese tiempo, residentes como el
señor Ruiz, han cambiado su forma de ver la problemática. En el pasado
se conmocionaban, irritaban y asustaban, pero ahora muchos de ellos
muestran una nueva actitud: la resignación.
Los residentes continúan con sus vidas precarias, evitando mirar
fijamente a alguien, agachando la cabezas como escolares temerosos de
ser llamados en clase.
"Parece que ya nada escandaliza a los juarenses", dice Esther Chávez
Cano, pionera del movimiento feminista localy directora de Casa Amiga,
un centro de atención para mujeres en crisis. "Su indiferencia es sorda,
espantosa y frustrante", dice con tristeza.
La indiferencia, mencionan las autoridades, dificulta las
investigaciones de los asesinatos. Aunque dicen que después de 10 años,
las pesquisas están progresando.
Pero dan poco crédito al casi millón de ciudadanos que habitan en Ciudad
Juárez.
Desde 1993, más de 300 mujeres han sido asesinadas. Sus cuerpos han sido
encontrados en el vasto desierto que rodea a la ciudad. Docenas
continúan desaparecidas. Hay muchas versiones, dependiendo de con quién
se hable, sobre el número de fallecidas. Entre 90 y 137 de los
asesinatos tuvieron un motivo sexual, los cuales podrían estar
vinculados a uno o varios asesinos en serie.
En cada uno de estos casos, las mujeres habían sido violadas, algunas
fueron maniatadas, su cabellera cortada o sus pechos mutilados. Incluso
han descubierto cuerpos con la cabeza triturada y por los que pasó un
vehículo.
Steven Slater, un policía jubilado de Nuevo México, fue contratado por
el gobierno del estado de Chihuahua como asesor en seguridad. Su trabajo
consiste en ayudar a los investigadores a encontrar respuesta a los
casos.
"Recibimos poco apoyo del público, muy poco respeto", dice. "La falta de
cooperación es, creo, una de las grandes diferencias entre la sociedad
estadounidense y la mexicana".
La naturaleza abominable de los casos va de la mano con el creciente
número de teorías sobre los motivos de los delitos – desde el tráfico de
órganos hasta crímenes pasionales. A los residentes se les ha privado de
información por parte de las autoridades a quienes ven como indolentes,
corruptas, incompetentes o cómplices de los delincuentes.
Críticos, como Amnistía Internacional, dicen que las autoridades han
hecho bastante para ganarse la desconfianza de los ciudadanos. Señalan
que la policía ha entorpecido las investigaciones, fallado en la
entrevista de testigos, sembrado evidencia y ha efectuado decenas de
arrestos dudosos.
Sólo una persona ha sido convicta por supuestamente haber asesinado a
una de las primeras víctimas.
Las autoridades dicen que el incidente testificado por el barrendero
Ruiz en septiembre, muestra cómo han mejorados las investigaciones
recientemente. Una semana después de que ocurrió este caso, la unidad
estatal antisecuestros, rastrearon a los delincuentes hasta la ciudad de
Guadalajara. Encontraron a la joven y facilitaron la reunificación con
su familia. La mujer, cuyo nombre no fue revelado, rechazó comentar
sobre el incidente. La policía, señalando que la investigación sigue en
curso, tampoco ha proporcionado más información. No está claro si hubo
personas detenidas.
El lunes, la delegación congresal estadounidense concluyó una
trascendental misión de indagación de tres días a Juárez destinada a
presionar a las autoridades mexicanas a fin de que resuelvan las
acusaciones. Sus cuatro miembros son los últimos en unirse en una lista
de observadores extranjeros que incluye a funcionarios de Amnistía
Internacional y de las Naciones Unidas.
Después de reunirse con los familiares de las víctimas, los funcionarios
estatales y federales miembros de la delegación estadounidense, liderada
por la representante por el Partido Demócrata de California, Hilda L.
Solís, vicepresidenta del Comité Congresal sobre Temas de la Mujer,
dijeron que presionarían al Departamento de Estado para que incluya el
tema en la agenda bilateral de México y EU.
Las conversaciones anuales, que normalmente incluyen temas espinosos
como la cooperación para el narcotráfico, la inmigración y el comercio,
se sostendrán en Washington el próximo mes.
Solís y el representante por el Partido Demócrata de El Paso, Silvestre
Reyes, afirmaron que buscarán los fondos estadounidenses para crear un
"banco de ADN para las víctimas" tal como lo describió Reyes.
Muchas víctimas, inclusive años después de que desaparecieran sus hijas,
continúan dudando si los restos devueltos a ellos por los funcionarios
estatales eran realmente los de sus seres queridos.
Por separado, los 32 miembros del congreso estadounidense firmaron una
carta al Presidente Vicente Fox, instándole que pase por alto al
gobierno estatal y que determine que el gobierno federal "asuma la
responsabilidad de todas las investigaciones".
Por años, el gobierno central dijo que los asesinatos eran competencia
de las autoridades estatales y locales. Hoy en día, el gobierno federal
investiga 14 casos, basándose en informes sobre posible tráfico de
drogas y órganos. Un funcionario de la administración Fox calificó el
caso como "muy complejo", pero insiste que la solución es prioridad para
el gobierno.
La semana pasada, un equipo de seis miembros de funcionarios de la
Oficina de Drogas y Delitos de la ONU, concluyó una visita de cinco
días, y anunció sus observaciones en una conferencia de prensa en la
Ciudad de México.
Sus conclusiones: La investigación está estancada por la falta de
recursos y el uso de técnicas defectuosas. Por ejemplo, un sofisticado
laboratorio para el examen de ADN carece de personal capacitado para
operarlo, dice Edgardo Buscaglia, jefe del equipo de visitadores.
Slater reconoció que los policías mexicanos necesitan más capacitación,
señalando que ya la están recibiendo, especialmente en el uso de la
nueva tecnología. Da crédito a los especialistas estadounidenses por
ofrecer entrenamiento forense e investigativo a sus colegas mexicanos,
25 que están siendo entrenados tres horas al día, cinco días a la semana
en El Paso bajo el tutelaje de Vernon Geberth, un teniente jubilado del
Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York.
Agrega que 12 fiscales mexicanos están examinando evidencia y que 900
agentes federales, algunos de ellos encubiertos, patrullan las calles de
Ciudad Juárez.
Añade que las investigaciones están logrando un "progreso significativo"
en al menos dos homicidios clave que podrían ofrecer pistas para
asesinatos no resueltos.
No quíso ofrecer más detalles. Sólo agregó que las autoridades esperan
los resultados de la evidencia enviada a los laboratorios de Texas,
Nuevo México y Virginia.
"Tenemos un frente enorme, extremadamente unido para atacar este caso",
señala Slater. "Hoy me siento con mucha confianza. Seremos capaces de
resolver los casos de homicidio, al menos que sólo haya una gran pila de
huesos en el desierto. Eso es difícil para cualquiera".
Sin embargo, los juarenses tienen sus dudas sobre los supuestos
progresos.
Algunos criminalistas mantienen que los asesinos han logrado actuar con
una gran impunidad, a tal grado que el ex jefe forense de Chihuahua
describió el problema como "una telaraña de células muertas,
depredadores e imitaciones" en el estado.
Recientemente, una mujer joven fue secuestrada mientras salía de su
trabajo en una de las maquiladoras estadounidense que abundan en la
frontera. Fue retenida cuatro horas, golpeada y probablemente violada,
dicen las autoridades. Ella sobrevivió y está recibiendo tratamiento.
Para algunos, el incidente es una señal de que los asesinos de mujeres
siguen operando.
"Juárez ha resultado ser un enorme patio para asesinos y se sospecha que
están formando nuevas células", dice Oscar Maynes, ex jefe forense del
estado.
"La noticia se ha corrido: puedes asesinar o cometer cualquier otro
delito aquí y nadie te va atrapar".
Slater objeta: "Eso habría podido ser en el pasado, pero hoy este tipo
de criminales lo piensa dos veces".
Pero la apatía continúa, especialmente entre las sobrevivientes
convencidas que la policía entorpece los casos o que se ha mostrado
insensible con los familiares de las víctimas.
Una mujer recuerda haber acompañado a un fotógrafo al lugar donde el
cuerpo de su hija fue encontrado unas semanas antes. A unos cuantos
metros de donde la policía supuestamente había peinado la zona buscando
evidencia, el fotógrafo encontró unas pantaletas negras que la señora
cree pertenecían a su hija.
"Te sientes como basura", expresa la mujer, quien habló con la condición
de permanecer en el anonimato.
Esther Luna todavía estalla en cólera cuando recuerda que inicialmente
la policía sugirió que su hija extraviada, Brenda Alfaro, de 15 años,
era una prostituta que se había ido de su casa. La muchacha fue
encontrada tres semanas después. Ahora en terapia, la señora conserva la
amargura. "Tenemos miedo por nuestra vida", dice.
Otras madres de víctimas han tomado al resto de sus hijos y regresado a
los pueblos que dejaron tiempo atrás atraídos por las maquiladoras de
Ciudad Juárez, otrora el centro en sus sueños de prosperidad.
Para los que se quedan en esta ciudad de tránsito, la tarea es
sobrevivir sin confiar en las autoridades, sino en sus propios instintos.
Algunos animan a sus hijas a que se pinten de rubio el cabello: Los
asesinos parecen preferir mujeres delgadas, de cabello negro, aspecto
mestizo – jovencitas que tengan poco en común con las europeas
glamorosas que aparecen en los programas de televisión y telenovelas.
Otros las estimulan a que carguen teléfonos. El desánimo ha golpeado
incluso a los grupos de apoyo formados principalmente por madres para
llamar la atención de la opinión pública. Quedan sólo unos cuantos de
ellos. Frecuentemente las manifestaciones en defensa de los derechos
humanos y civiles, a los que antes concurrían cientos, se han reducido a
sólo unas cuantas docenas esporádicamente.
En ocasiones incluso los grupos de defensa riñen entre ellos,
principalmente debido a la cuestión de que si las mujeres han sido
víctimas de violación o de violencia domestica.
"Creo que todos están cansados", dice Victoria Caraveo, directora del
recién formado Instituto Chihuahuense de la Mujer, un grupo estatal.
Caraveo añade que la incapacidad para resolver los crímenes de Ciudad
Juárez inevitablemente ha conducido a historias apócrifas y a la
exageración. Algunas personas hablan de 500, otros incluso de 1,000
víctimas, menciona Caraveo con un suspiro.
Harta de esto, Caraveo contrató la primavera pasada a dos prominentes ex
periodistas de Juárez, Elías Montanez y Angel Otero, para dar
seguimiento diario a las actualizaciones policiales y periodísticas de
los casos.
"Estamos interesados en hechos concretos", dijo Caraveo. "Son la clave
en la investigación y la clave para encontrar a los asesinos".
Los periodistas Elías Montanez y Angel Otero, establecieron el número
total de asesinatos en 321, y sólo 90 relacionados con delitos sexuales.
Montañés y Otero recibieron "mas o menos" 15 mil dolares por el estudio,
dijo Caraveo.
Alfredo Corchado escribe para The Dallas Morning News.