Ciudad Juárez, México – Un grupo organizado de agentes de policía
locales y estatales conocido aquí como "La Línea" se ha convertido en el
blanco de una creciente investigación federal mexicana sobre los
asesinatos de decenas de mujeres a lo largo de la década pasada.
Informantes comunicaron a las autoridades que parecía que al menos
algunas de las mujeres habían sido secuestradas, violadas y asesinadas
para "celebrar" contrabandos exitosos de drogas.
Funcionarios mexicanos y estadounidenses manifestaron que creen que al
menos 20 agentes de la Policía Judicial de Chihuahua y la Policía
Municipal de Ciudad Juárez hacen labor doble como agentes policiacos y
traficantes para el cártel de Juárez, encabezado por Vicente Carrillo
Fuentes, el narcotraficante más poderoso y buscado de México.
Los agentes bajo investigación están al mando de una amplia red de
traficantes a lo largo de esta franja de la frontera entre México y
Texas, dijeron los investigadores mexicanos.
El alcance de La Línea es profundo: desde obstaculizar investigaciones
de homicidios en las cuales los narcotraficantes figuran como
sospechosos, hasta participar en el secuestro, violación, tortura y
asesinato de mujeres, dijeron los investigadores.
"Ha habido asuntos de impunidad desconcertantes que sólo pueden
explicarse por medio de corrupción, complicidad e impunidad de parte de
la policía", dijo un funcionario del sistema de procuración de justicia
estadounidense que habló bajo condición de anonimato.
"Este es un asunto explosivo para México".
Funcionarios estatales de Chihuahua han dicho que cooperarán con los
investigadores especiales para erradicar la corrupción.
Dicha postura "comprueba que no solaparemos a nadie", dijo el procurador
del Estado, Jesús José Solís.
Un ex narcotraficante familiarizado con las actividades de La Línea dijo
a The Dallas Morning News haber presenciado el secuestro de
mujeres en fiestas ofrecidas por narcotraficantes.
"A veces, cuando llevan un cargamento de drogas a Estados Unidos, se
eleva tanto la adrenalina que desean celebrar matando mujeres ", dijo el
testigo.
Agregó que nunca volvió a ver a las mujeres después de esos festejos, y
dio por hecho que las habían matado.
"¿Sabemos si (la policía) lo hizo? La respuesta es que hasta el momento
no contamos con evidencia suficiente para afirmarlo", dijo José Luis
Santiago Vasconcelos, subprocurador de Investigaciones en Delincuencia
Organizada, sobre el posible vínculo entre la policía local y estatal y
las muertes en Juárez.
"¿Sabemos si es posible? Sí. Muchas cosas son posibles, y ésta es una de
las líneas de investigación que seguimos".
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AP
Cientos de mujeres salieron a las calles el pasado 14 de febrero
para protestar por los asesinatos y desapariciones de cientos de
mujeres en Ciudad Juárez, México.
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"Como gobierno federal, nos enfrentamos a una situación de proporciones y
retos monumentales", dijo Vasconcelos. "Se trata de ponerle fin a la
impunidad y establecer una cultura de respeto a la ley y el orden. Esa es
nuestra misión en Juárez".
La mayoría de las fuentes dentro de las dependencias de procuración de
justicia se rehusaron a mencionar a La Línea de nombre, refiriéndose a
ella por lo general como "policías corruptos por el dinero de las
drogas".
La Línea es dirigida por un capo local de drogas conocido entre los
informantes como "El Tío" o "El Saddam", según los testimonios que han
propulsado a la investigación.
Los informantes han dicho a los investigadores mexicanos que 'El Tío' en
realidad es Humberto Portillo, un traficante fugitivo proveniente de
Juárez quien enfrenta cargos federales por drogas.
Las autoridades mexicanas investigan los alegatos de los informantes de
que fue Portillo quien dirigió las acciones de agentes de policía ahora
detenidos como sospechosos de matar a 12 hombres.
Según procuradores mexicanos y funcionarios estadounidenses, estos
hombres fueron asesinados por disputas relacionadas al tráfico de drogas.
Sus cuerpos fueron exhumados el 23 de enero del patio trasero de una
casa en Juárez controlada por Humberto Santillán Tabares, descrito por
informantes como uno de los subordinados de Portillo.
Santillán se encuentra detenido en El Paso. Las autoridades manifestaron
que había una orden de arresto pendiente que lo acusaba de contrabando
de narcóticos.
Su historial no reveló antecedentes penales. Al preguntarle si había
cooperado con la investigación, las autoridades respondieron que no
podían hablar sobre la manera en que dieron con los cadáveres, pero
señalaron que tras su arresto obtuvieron la información que necesitaban
para proceder.
"No hablare del cómo", dijo un funcionario estadounidense."Es
peligroso", agregó.
La Línea transporta grandes cantidades de drogas de un lado de la
frontera al otro y también ha cobrado deudas y secuestrado a gente
"problemática" para el cártel de Juárez, según funcionarios
estadounidenses y mexicanos.
"El cártel de Juárez consiste de policías", dijo un informante quien ha
hablado con funcionarios federales estadounidenses sobre la corrupción
de la policía en la ciudad.
"Han convertido a Juárez en su parque mortal de diversiones. Hacen sus
propias reglas".
La Línea por lo general transporta cocaína y marihuana por varios cruces
entre Juárez y El Paso, y luego supervisa envíos a Dallas, Houston,
Nueva York y otras ciudades estadounidenses, dijeron autoridades e
informantes.
El método preferido de contrabando es "inundar la zona", es decir,
trasladar cantidades relativamente pequeñas de droga en vehículos por
los cruces fronterizos, dijeron las fuentes.
De vez en cuando, la pandilla recluta a lo que llaman
"mulas"–adolescentes quienes, de ser capturados, no enfrentarían
condenas severas pero obtendrían ganancias fuertes al conducir autos
hacia El Paso y estacionarlos en sitios predeterminados.
Los policías corruptos también colocan drogas debajo de autos de
personas que cruzan la frontera, convirtiéndolos en traficantes
involuntarios, dijeron las autoridades.
La Línea sucede a "Los Arbolitos", un grupo de policías locales,
estatales y federales que efectuaban asesinatos y secuestros de parte
del cartel de Juárez en la década de los 90, dijeron informantes e
investigadores.
Dicha unidad sucumbió por las luchas internas y los arrestos de la
Procuraduría General de la República.
Pero la forma de actuar sobrevivió: las autoridades federales creen que
los agentes de policía en Juárez controlan los delitos callejeros y el
tráfico de drogas por medio de su afiliación con narcotraficantes,
empresarios locales y operadores de hasta 1,000 casas.
Estas son conocidas como 'picaderos', donde los usuarios compran y se
administran dosis de droga.
La semana pasada, periodistas en la Ciudad de México interrogaron al
procurador Rafael Macedo de la Concha sobre un posible vínculo entre el
descubrimiento de los cadáveres de 12 hombres en Juárez a fines de enero
y los asesinatos en serie de mujeres que se remontan a por lo menos 1993.
"No tenemos información por el momento", dijo el general Macedo de la
Concha.
"Estamos analizando toda la información para ver si hay alguna
conexión", agregó.
Los principales sospechosos en los asesinatos de esos 12 hombres son 17
agentes estatales y locales – en su mayoría detectives de homicidios –
quienes aparentemente realizaron las ejecuciones para el cártel de
Juárez, dijeron las autoridades.
Cuatro de esos sospechosos se han dado a la fuga y 13 se hallan bajo
custodia federal en la Ciudad de México.
Es posible que más detalles sobre los operativos de La Línea salgan a
relucir debido a una investigación del asesinato de Francisco Minjares,
quien encabezaba el Grupo Antisecuestros de la Policía Judicial del
Estado.
Minjares fue baleado por desconocidos en una calle de Chihuahua, la
capital del estado, el 11 de septiembre del 2003.
Se cree que Minjares sabía de primera mano de la corrupción policial en
la región y es posible que haya tomado parte en los secuestros de
algunas de las mujeres que fueron asesinadas en Juárez, según un
investigador e informantes de policía.
A pesar de que no había hablado con la policía, es posible que haya sido
asesinado porque los narcotraficantes habían decidido que sabía
demasiado, según el investigador y un informante.
A lo largo de los años, miembros de La Línea han celebrado sus éxitos de
contrabando y demás operativos secuestrando a mujeres jóvenes,
violándolas y torturándolas, y después matándolas y desechando sus
cadáveres en el desierto que rodea a Juárez, dijeron testigos,
informantes y autoridades estadounidenses.
"Lo único que tiene que hacer es entablar una ecuación investigativa
sencilla del porqué, cómo y llega al quién", dijo el funcionario
policíaco estadounidense, mencionando "información en bruto".
"¿Porqué? Porque pueden. Porque viene acompañado de una sensación de
emoción, de sensaciones eróticas.
Los sicarios (asesinos a sueldo de los narcos) llenan el perfil. No hay
límites a lo que pueden hacer. Disfrutan de la sensación de éxtasis, de
las orgías.
"Las mujeres les son como trofeos. Matan por la emoción de hacerlo. A
estos tipos les gusta sentir que están en control. Pero necesitan ayuda.
Y es ahí donde entra la policía local y estatal".
Las autoridades mexicanas dicen que exploran otras teorías sobre las
muertes de las mujeres, incluyendo la posibilidad de que asesinos
imitadores estén obrando en Juárez, atraídos por el sistema legal
deficiente de la ciudad.
Otra, es que algunas de las mujeres fueron víctimas debido a que sus
familias se vieron enredadas en disputas por tráfico de drogas; y que un
médico no identificado podría tener algo que ver.
Sin embargo, dijeron que esperan que la línea que dé más frutos sea la
investigación sobre la policía local.
Si los procuradores logran entablar un caso en contra de la policía
municipal y estatal en Juárez, sería un adelanto importante en el
misterio de una década para la administración del Presidente Vicente
Fox, que ha sido presionada para resolver el caso.
Las autoridades dijeron existen similitudes en hasta 93 de los más de
320 casos de asesinatos a mujeres, incluyendo parecidos físicos entre
las jóvenes víctimas y la manera en que fueron secuestradas, violadas y
torturadas antes de ser asesinadas y abandonadas en remotos lugares del
desierto.
Es precisamente ese método de abandonar los cuerpos, al igual que la
evidencia forense sobre la manera en que las mujeres murieron, que hace
que los investigadores vuelvan al cuartel de policía, según funcionarios
mexicanos y estadounidenses.
La policía es la que mejor puede transportar cuerpos por Juárez a tumbas
desérticas sin temor de ser detenidos o de que sus vehículos sean
registrados.
La semana pasada, las autoridades mexicanas dijeron haber establecido un
archivo de ADN para ayudar con la investigación.
El año pasado, la Procuraduría General de Fox atrajo 14 casos de la
jurisdicción de los investigadores locales del estado de Chihuahua, y
justificó esta medida alegando que en los crímenes había posibles
violaciones a la ley federal de armas de fuego.
Una línea de investigación sólida en algunos de los casos involucra a
agentes de policía corruptos, dijeron los investigadores, agregando que
buscan enlaces entre dichos casos, los asesinatos de mujeres y los
escuadrones de la muerte policiales que posiblemente hayan sido
empleados del cártel de Juárez.
"Cuando encontramos lo que podría ser una fosa común, voy a ese sitio
esperando encontrar los restos de una mujer", dijo un investigador
federal mexicano.
La policía ya se ha visto implicada en un número de muertes recientes de
mujeres en el área de Juárez. Entre estas:
Silvia Arce. El 11 de marzo de 1998, Arce, de 28 años,
desapareció de un bar en el centro de Juárez en donde trabajaba.
Testigos reportaron haberla visto con tres hombres en lo que parecía ser
un vehículo de policías.
Evangelina Arce, madre de Silvia, ha descrito su vida como una pesadilla
llena de amenazas constantes de parte de oficiales de policía.
Dice que una vez fue golpeada por extraños quienes la amonestaron a que
se callara.
"No callaré hasta que halle los restos de mi hija", dijo. "Ella no es un
perro para tirar así nomás. Ella es mi hija, y la policía se hará
responsable".
Verónica Rivera. Una semana después de la desaparición de
Arce, su colega, Rivera, 19, fue secuestrada, asaltada y torturada
durante dos días antes de escapar.
Ella después describió el sitio donde había estado detenida: una casa
que después se confirmó pertenecía a un agente de policía que no ha
vuelto a ser visto.
Neyra Azucena Cervantes. Cervantes tenía 18 años cuando
desapareció en mayo del 2003 de una escuela de computación en la ciudad
de Chihuahua.
Su cuerpo fue hallado en una tumba poco profunda cerca de la academia de
policías de Chihuahua.
Su primo, Miguel David Mesa, ha sido acusado de su muerte. La familia de
Cervantes sostiene que Mesa fue embaucado por la policía, un alegato que
las autoridades de la policía estatal niegan.
"Estoy harta de pensar que les pagamos a estos asesinos corruptos para
que nos dizque protejan", dijo Patricia Cervantes, madre de Neyra
Azucena.
"La policía mató a mi hija y encarceló a mi sobrino. Él es un chivo
expiatorio".
Se dice que el cártel de Juárez mudó su sede a la Ciudad de Chihuahua,
180 millas al sur de Juárez, en 1999. En esas fechas, cuerpos mutilados
de mujeres empezaron a aparecer a lo largo de la Ciudad de Chihuahua.
Las autoridades investigan la posible relación entre ambos sucesos.
Un vínculo entre la policía y el cártel en el caso es posible dado las
antiguas relaciones que existen entre traficantes y algunos policías
estatales y locales, dijeron funcionarios en ambos lados de la frontera.
Un funcionario estadounidense comparó a los elementos de la policía
estatal de Chihuahua con "una organización criminal, seguridad privada
para los narcotraficantes".
Las autoridades mexicanas señalaron que se sabía que Miguel Ángel Loya
Gallegos, comandante de la policía estatal, era uno de los conductores
preferidos de Carrillo Fuentes, el capo de drogas. Las autoridades
federales y estatales han emitido una orden de arresto y han difundido
cartelones de búsqueda en Chihuahua y demás lugares, de él y otros tres
sospechosos.
Loya Gallegos también era conocido como un "hombre del dinero" para el
cártel de Juárez, aseguraron las autoridades, quienes dijeron que sus
obligaciones consistían en cobrar deudas de traficantes locales durante
el turno nocturno que él supervisaba en capacidad de comandante de la
unidad de homicidios de la Judicial del Estado.
Esa unidad es la que está implicada en los asesinatos de los 12 hombres
enterrados en el patio de la casa de Santillán en Juárez.
Las autoridades sostienen que creen que las interrogaciones de 13 ex
detectives de homicidios quienes estaban bajo el mando de Loya Gallegos
podrían revelar un patrón claro de corrupción policial en Juárez y
proveer pistas que vinculen a La Línea con algunas de las violaciones y
asesinatos de mujeres del área.
Los 13 policías estatales que han sido detenidos y los cuatro que están
prófugos no son más que la punta del iceberg", dijo un funcionario
policiaco estadounidense.
"Entre más excaven, hallarán más suciedad".
Nota del editor: Este reportaje se basa en decenas de entrevistas
realizadas a lo largo de seis meses en ambos lados de la frontera. La
identidad de varias de las fuentes no fue revelada para proteger su
integridad.
Corchado y Sandoval son corresponsales en México de The Dallas
Morning News.