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Aumentan detenciones de menores indocumentados

01:39 PM CDT on Tuesday, August 31, 2004

Por ERNESTO LONDOÑO / Al Día

Entraron en fila, con las manos detrás de la espalda, a conocer al juez que tiene el poder de decidir si su viaje a Estados Unidos terminará en Dallas.

Unos, como Carlos Méndez, cruzaron la frontera con la intención de reunirse con sus padres, quienes, como miles de centroamericanos, huyeron de sus países para desafiar la pobreza.

Otros, como Jairo David Nájera, llegaron con la ilusión de encontrar un trabajo que les permitiera mandar dinero a los seres queridos que dejaron atrás.

Los 20 menores indocumentados detenidos actualmente en Dallas provienen de países centroamericanos.

Actualmente, la población de menores indocumentados en custodia del gobierno estadounidense oscila entre 850 y 900, y funcionarios federales dicen que 7,000 menores habrán pasado por sus centros de detención cuando finalice el año fiscal en octubre. Esto corresponde a un incremento significativo a los 5,385 menores detenidos en 2001, según cifras del Departamento de Justicia.

"Hace 10 años, los adultos eran los protagonistas de esta historia", dijo Leticia López, la administradora de un albergue en Ciudad Juárez, México, que hospeda a niños y adolescentes en tránsito hacia el norte, y a aquellos que fueron detenidos tratando de cruzar. "Ahora los niños están siguiendo los pasos de sus padres. Es muy triste".

Los centros de detención para inmigrantes indocumentados menores de edad no dan abasto, por lo cual el gobierno ha tenido que abrir, de la noche a la mañana, nuevos centros, como el de Dallas. Funcionarios federales atribuyen este incremento al mayor control en la frontera que Estados Unidos comparte con México y al deterioro de la economía de varios países latinoamericanos, lo cual reduce las oportunidades de empleo para los jóvenes.

Desde que el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) fue desarticulado en marzo del 2003, la división de detención de menores fue una de las pocas que no fueron transferidas al Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

Actualmente, la oficina de Reubicación de Refugiados, una división del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), tiene la responsabilidad de custodiar y proveer servicios a los menores indocumentados.

No son 'albergues', son

cárceles, dicen activistas

Durante varios años, activistas pro inmigrantes criticaron fuertemente al INS por lo que consideraban el trato injusto e inhumano para los menores indocumentados. Por ejemplo, a finales de los años 90, investigaciones gubernamentales e independientes concluyeron que en muchos casos autoridades de inmigración no distinguían entre menores criminales y menores no criminales al ubicarlos en centros de detención.

Aunque muchos observadores de temas migratorios afirman que transferir esta responsabilidad a HHS fue un paso en la dirección correcta, el proceso no ha dejado de ser confuso y problemático.

"Ellos están tratando de decir, 'esto no es un centro de detención, es un albergue'", dijo la hermana Liliane Alam, directora de Las Américas Project, una organización que provee asesoría legal a los menores detenidos en El Paso. "Mi respuesta es: ¡Por favor! Estaré lista para llamarlo un albergue el día que se convierta en un albergue".

Maureen Dunn, la directora de la oficina de inmigrantes menores no acompañados en la Oficina de Reubicación de Refugiados, admitió que ha habido problemas considerables a raíz del incremento de la población en custodia y de la transferencia de responsabilidad. Sin embargo, fue enfática en defender la labor de su equipo.

"Puedo decir con confianza que el trato de menores ha mejorado sustancialmente", dijo Dunn, señalando que actualmente menos de 30 menores están detenidos en centros de alta seguridad, mientras más del 30 por ciento de los menores en custodia del INS estaban detenidos en esas condiciones.

Con pocas esperanzas

Para la mayoría de menores que se encuentran detenidos por autoridades migratorias, existen pocas avenidas legales para quedarse en Estados Unidos. Por un lado, el gobierno no provee asesoría legal a personas en procedimiento de deportación, por lo cual la mayoría de los menores enfrentan el sistema legal solos, o con la ayuda de abogados que prestan sus servicios gratuitamente.

Algunos logran quedarse consiguiendo asilo político, un proceso largo y arduo que generalmente requiere la asistencia de un abogado. Otros obtienen visas especiales para menores de edad desamparados, también un proceso complejo.

Pero la mayoría de los menores terminan siendo deportados o optan por quedarse ilegalmente del país.

Jairo David, un joven hondureño que pasó su cumpleaños 16 en un centro de detención, fue arrestado el cuatro de julio mientras cruzaba el desierto de Arizona a pie con un grupo de adultos y otro menor. A mitad de camino, el otro joven se enfermó y comenzó a vomitar. Jairo David decidió quedarse con él, una decisión que interrumpió su marcha hacia Naples, Fla., donde esperaba reunirse con su hermano de 21 años.

"Ahora no sé si me van a echar para atrás o para adelante", dijo el menor durante una entrevista en el centro de detención recientemente habilitado en Dallas. "Ojalá pueda quedarme".

Mientras están en custodia, los menores asisten a clases diariamente, donde aprenden inglés. Mientras están en el centro, sus pertenencias son confiscadas, y deben vestirse con pantalones cortos, sandalias y una camiseta blanca, un uniforme proveído por los administradores.

Durante una de las clases recientemente, los menores formaron dos equipos para competir en una actividad de vocabulario. La maestra decía una palabra, y contrarreloj, los menores debían buscarla en un diccionario y correr a escribirla en el pizarrón.

Entre carcajadas y alboroto, los menores parecían estudiantes comunes y corrientes, y no presos en limbo. Pero esos momentos no borran las huellas del pasado que cada uno dejó atrás.

Separados de sus familias

Kristy Dorsett, una de las trabajadoras sociales encargada del grupo, recordó cómo reaccionaron algunos menores cuando oyeron una canción del grupo mexicano Maná.

"Me dijeron, '!Hey, teacher!, quite esa música que nos hace recordar nuestro pasado'", dijo Dorsett. "Para ellos es muy difícil hablar del pasado".

Y sin embargo, algunos son capaces de contemplar las opciones que podría depararles el futuro con una madurez atípica para personas de su edad.

Carlos Méndez, un joven hondureño de 16 años, fue descubierto en una casa en Phoenix, luego de haber cruzado el desierto. Su madre está radicada en Maryland desde hace tres años, donde tiene tres empleos para sostener a los cuatro hijos que dejó en Honduras.

Carlos dice que quiere reunirse con su mamá y conseguir trabajo como mecánico en un taller de autos. Tener un sueldo cuanto antes es vital para él, ya que dejó atrás un bebé de un año con su compañera.

La mamá de Carlos está haciendo los trámites correspondientes para que el gobierno le entregue custodia temporal de su hijo mientras prosigue el proceso legal del joven. Sin embargo, para ella la detención de su hijo mayor ha sido casi tan difícil como ausentarse de su familia.

"A veces se me pone a llorar," dijo Carlos, quien habla con su mamá por teléfono un par de veces por semana. "Se me parte el alma cuando la oigo llorar".

elondono@aldiatx.com

                                                                                                                                                                                                                                                           

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