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La justa medida

Por ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 8/10/2011, 12:37 p.m.

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Rosalinda Weisz

Adam Phillips, un reconocido terapeuta, escribe acerca del fenómeno de las cosquillas. Un aspecto tan trivial de la infancia se transforma en una buena oportunidad para meditar sobre el tema de la justa medida en todas las cosas.

El niño, a pesar de poder vestirse solo y comer sin ayuda, nunca será capaz de hacerse cosquillas a sí mismo. Esta evidencia conduce a la noción fundamental de que un ingrediente importante del placer es la presencia de otro ser humano.

Pero hay algo más{ellipsis}y es que en el gozo del niño que recibe este tipo de estímulo juguetón, existe la mezcla adecuada de provocación y placer, de molestia y delicia.

En la vida adulta, si pensamos en la naturaleza del placer sexual, también en él resulta indispensable esa fusión de tensión y disfrute, de conquista y entrega. Y al igual que en el ejemplo de las cosquillas, si se pierde el equilibrio aparece el malestar, el pavor ante la impotencia que causa el haber confiado y verse vulnerable ante el exceso abusivo del otro.

Este concepto, el de "la medida justa", se aplica a todos los ámbitos, a aspectos de la vida tan variados como la comida, el ejercicio físico, la música o las relaciones humanas, por dar algunos ejemplos.

Todo debe suceder en el momento apropiado, ni antes ni después, en la justa proporción, ni mucho ni poco, y manteniendo la distancia adecuada, ni muy cerca ni muy lejos. Este equilibrio es tan importante, que de él depende nuestro bienestar físico y emocional.

Pablo ha comenzado un tratamiento de psicoterapia por una fuerte depresión. Tiene 43 años y ha logrado, con gran esfuerzo y dedicación, un éxito en el área laboral. Pero ha descuidado su vida personal, que se reduce a breves visitas a sus padres y el almuerzo esporádico con un colega. Nunca ha cortejado a una muchacha y teme haber desperdiciado su juventud.

Pablo encuentra siempre "razones" para enfocarse en el trabajo y negar cualquier señal que lo pudiera conducir a prestar atención a sus necesidades emocionales. Cuando surgen ideas que indican un camino a seguir (buscar un grupo de solteros, participar en una clase de baile o ir al gimnasio), Pablo encuentra argumentos lógicos que le impiden actuar. Queda enredado en ideas y fantasías que lo paralizan. El equilibrio entre pensamiento, emoción y acción se ha roto.

Para que su vida encuentre el balance apropiado, el paciente deberá explorar, con ayuda de la terapia, los motivos inconscientes que lo han llevado a estancarse. En la medida en que su resistencia y sus temores se vayan disolviendo, es de esperar que comprenda que el exceso de energía que dedica a su trabajo podrá distribuirse más armoniosamente entre diversas actividades, y que sea capaz de disfrutar de ellas y así, paulatinamente, aventurarse a salir de la engañosa trampa en la que él mismo se ha encerrado.

Weisz es psicoterapeuta en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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