¿Qué nos revelan las preocupaciones?
Por ROSALINDA WEISZ | REFLEXIONES | 8/24/2011, midnight
Un músico escribió una vez que si llegara a verse limitado a vivir en una isla desierta, se llevaría sus 50 discos favoritos. Lo que agrega especial interés al tema, es que este buen señor aseguraba que sus preferencias musicales permitían un conocimiento profundo de su persona.
De la misma manera se podría decir que nuestras preocupaciones ofrecen claros indicadores de quienes somos, y cuáles son nuestros ideales, intereses, experiencias y deseos. Cuéntame qué te preocupa y podré decir mucho acerca de ti, qué valoras, a quién amas y qué cosas te importan.
Las preocupaciones pueden representar un intento de control frente a la incertidumbre. Es una reacción normal, consecuencia de nuestra capacidad, como seres humanos, de imaginar y anticipar el futuro. Siempre que no sea excesiva, la preocupación puede motivarnos a actuar y a planificar.
Observando el aspecto inconsciente de las preocupaciones, podemos descubrir que estas pueden asumir el significado de un regalo. Por ejemplo, el niño que origina con su conducta una preocupación constante en su madre, tal como lo enuncia el psicólogo Adam Phillips, "¿qué mejor regalo para una madre insegura que una "pre-ocupación", o sea, algo de lo que ella pueda ocuparse y resolver, y así sentirse una buena madre?"
En los niños, un síntoma (ansiedad, impulsividad) puede ser una maniobra para lograr que se preocupen por él, que piensen en él.
A los adolescentes, la preocupación de los padres puede servirles para ir alejándose de la órbita familiar sabiendo, al mismo tiempo, que se mantiene un contacto suficiente, a través de la inquietud que el desprendimiento provoca.
En la vida adulta, el pensamiento "Estoy preocupado por ti" puede referirse a dos distintos significados: el de ser una demanda o un reclamo (señalando un deseo de atención o de ser cuidado o tranquilizado) o el de constituir una acusación ("no me llamas, no te importo"). Sería interesante preguntarse, en estos casos, "¿A quién va dirigida esta preocupación?".
También es revelador analizar cómo nos relacionamos con los demás cuando estamos preocupados. A quien le contamos qué, y cuándo, y si hablamos o callamos sobre lo que nos preocupa, es un indicador de la dinámica de nuestras relaciones interpersonales.
La capacidad para preocuparse y sentir cierto grado de ansiedad, como señalamos al comienzo, es adaptiva. Nos sirve para anticipar el peligro, para detectar amenazas a nuestra supervivencia, para motivarnos y ser más creativos, para tomar conciencia de nuestras conductas y permitirnos corregir errores.
Cuando intentamos defendernos de esta mirada a nuestro interior y no somos capaces de asociar naturalmente la ansiedad con nuestros sentimientos más genuinos y auténticos, la preocupación normal se transforma en obsesión patológica, pánico y depresión.
Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.
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