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Alianzas en la familia

Por ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 7/13/2011, 12:39 p.m.

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Rosalinda Weisz

Las familias constituyen unidades que poseen características muy especiales. Cuando los psicólogos comenzaron a prestar atención no sólo al individuo sino también a la persona y su entorno, descubrieron fenómenos complejos que les ayudaron a comprender mejor y obtener mejores logros en el tratamiento de algunos pacientes. Uno de estos fenómenos es el de la triangulación, un sistema de alianzas emocionales entre distintos miembros de la familia.

Ante un conflicto entre dos miembros de una familia, uno de ellos, o ambos, atraerán la atención de un tercero, en un intento de disolver la tensión. Una manera de reaccionar frente a la ansiedad es la de cambiar el foco y volcarlo en otra persona, formándose así una especie de triángulo emocional.

Tomemos el caso de Carla, una joven de 30 años que vino a mi consultorio buscando respuestas acerca de sus conflictivas relaciones de pareja. Carla y sus hermanos crecieron en una familia con un padre alcohólico y muy pronto, desde pequeña, se estableció una alianza entre ella y su madre, por la cual la niña se convirtió en su confidente y protectora.

Era Carla quien enfrentaba al padre cuando se ponía agresivo y quien finalmente llamó a la policía cuando comenzaron los golpes y la violencia. Este es un ejemplo de triangulación familiar en el cual uno de los miembros de la familia (Carla) toma un lugar que debería haber tomado otro (la madre), en un intento de lograr cierta estabilidad y control del ambiente.

En las familias afectadas por el alcoholismo de uno de los padres (para Carla, su padre) ninguno de ellos puede cumplir con la función parental de cuidar y proteger a los hijos. Los estados de ánimo extremos y cambiantes del padre lo transformaban en una persona poco confiable y la madre, concentrada en sus esfuerzos por controlar la conducta del esposo, no estaba emocionalmente disponible para sus hijos y muchas veces era incapaz de poner orden en la casa.

Esta situación inestable y tensa dio lugar a que uno de los hijos (Carla) se viera forzado a llenar la función ausente de los padres en un intento de proveer el orden que faltaba en el hogar.

Carla, acostumbrada a este papel que la familia le adjudicó tempranamente en su vida, repetía patrones de desconfianza y control con sus parejas, produciendo malestar y decepción.

En otras familias el foco se vuelca hacia uno de los hijos, con frecuencia el más sensible, quien se convierte en el niño problemático al que hay que proteger y cuidar. En muchas ocasiones es este niño a quien se lleva al tratamiento, pero muy pronto se pone en evidencia la disfunción familiar y los problemas en la pareja de los padres, que recién entonces pueden ser abordados.

Los triángulos están destinados al fracaso porque no ofrecen soluciones sino que ocultan el problema. El abordaje eficiente consiste en prestar atención no sólo al portador del síntoma, sino también a los sentimientos de cada miembro de la familia ayudando a visualizar el verdadero problema. Únicamente así se brindará el tratamiento adecuado, que conducirá a alternativas más saludables.

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