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Todo cambió con Twitter

JORGE RAMOS/OPINIÓN | 11/26/2011, 2:28 p.m.

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Jorge Ramos

La importancia del fenómeno Twitter es que le ha dado a cada persona un medio de comunicación masivo. Ya nadie se queda callado.

Si no te gusta algo, te metes a Twitter y tu voz será escuchada. Solo en 140 letras, símbolos o espacios. Y con más de 200 millones de cuentas de Twitter, alguien, en algún lugar, muy probablemente leerá el mensaje.

Políticos, actores y periodistas ya no pueden decir que no saben lo que la gente piensa. Basta con meterse a Facebook o Twitter y sabrás –con pelos, señales y, a veces, hasta insultos– qué es lo que piensan de ti.

Tras más de 25 años trabajando en la televisión, ya no tengo que esperar a los ratings, encuestas, estudios de mercado o las cartas de los televidentes para medir las reacciones de lo que informamos cada noche. En varias ocasiones, aún no ha terminado el noticiero y ya tengo mi cuenta de Twitter inundada de comentarios y quejas.

Pero lo importante es que Twitter nos ha permitido una información circular. Informo y soy informado simultáneamente.

A través de Twitter, todos los filtros han sido eliminados de la ecuación: un mensaje de campaña política o el desmentido de un chisme o rumor ya no tienen que pasar primero por el micrófono de un reportero. Y en consecuencia, los políticos y otros líderes de opinión utilizan Twitter para evadir el periodismo tradicional. Los presidentes han entendido esto mejor que nadie. En @chavezcandanga el presidente de Venezuela responde a sus críticos sin someterse a las preguntas incómodas. Con @FelipeCalderon el mandatario mexicano se evita las conferencias de prensa.

Además, las votaciones ya no se pueden ganar sin Twitter. La realidad es que ahora el que no está en Twitter no sale en la foto y no puede ganar una presidencia.

Como periodista, no puedo competir contra la ubicuidad de Twitter, no puedo estar en todas partes al mismo tiempo. Cuando ocurre un desastre natural u otras noticias, lo más probable es que los informes iniciales sean de personas que envían mensajes desde sus celulares. Sin embargo, Twitter no confiere credibilidad.

Por último, Twitter nos ha cambiado la ortografía y la gramática. O, para ser más preciso, las ha puesto patas p'arriba. Para meter todo en 140 caracteres hemos apachurrado y despanzurrado al español. Los acentos casi han desaparecido. Twitter ha logrado lo que propuso el escritor colombiano Gabriel García Márquez en un polémico discurso en Zacatecas en 1997, mucho antes que existiera siquiera el concepto de las redes sociales.

"Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota", dijo en el primer Congreso Internacional de la Lengua Española. Preguntó: "¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?" Ermozo. Jenial. Varvaro.

García Márquez se imaginó un mundo sin haches, donde las letras que suenan igual fueran intercambiables y donde los neologismos – ¿qué tal el verbo retwitear? – se le adelantaran a los sabios de la Real Academia.

García Márquez se imaginó Twitter antes que existiera. Twitter es el nuevo Macondo ortográfico, ese pueblo imaginario que describió en Cien años de soledad y otros libros: todo se vale, nada es imposible ni prohibido; si te lo imaginas, existe. Es la máxima simplificación de la ortografía con el fondo dominando a la forma.

Hay que tirar el fax, el beeper, la grabadora de mensajes, la copiadora, las estampillas postales y las máquinas de escribir. Twitter nos cambió la vida.

Posdata. Este artículo no estaría completo sin tu opinión, así que dime qué piensas en @jorgeramosnews.

Ramos es director de noticias de Univision. Su columna es distribuida por The New York Times Syndicate.

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