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El prejuicio, origen de muchos conflictos

ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 10/21/2011, 4:12 p.m.

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Rosalinda Weisz

El prejuicio, palabra derivada del latín y que significa “juzgar de antemano”, es el “proceso de formación de un concepto o juicio sobre alguna cosa o persona de forma anticipada, es decir, antes de haber tenido una experiencia directa o real” con ellas.

Es una de las causas más frecuentes como origen de conflictos en cualquier ámbito, social, religioso o político, y se expresa de un modo dramático en las relaciones de pareja.

El prejuicio, por su naturaleza ilógica, puede ser muy destructivo porque oculta y legitima una idea fija, por lo general de origen inconsciente, que se niega a ser examinada o contrastada con la realidad. Esto dificulta el reconocimiento y las posibilidades de cambio.

Todos somos prejuiciosos, en el sentido de que nuestro pensamiento, para ahorrar tiempo y energía, guarda en la memoria el recuerdo de experiencias pasadas (tanto individuales como culturales), que permiten una identificación casi inmediata de las vivencias del presente, a veces acertada, pero muchas otras veces distorsionada.

La gravedad del prejuicio comienza cuando no existe la posibilidad de rectificar el pensamiento anticipado, al confrontarlo con los datos de la realidad.

Las siguientes situaciones son ejemplos de algunos prejuicios:?

? Cuando la madre recibe una llamada de la escuela para que vaya a ver a la profesora, va pensando que seguramente el niño debe haber hecho algo mal.?

? La pareja que observa que su compañero llega tarde a una determinada cita, experimenta desvalorización y celos, y piensa que no es querida como quisiera.?

? El empresario que ve a un trabajador en la máquina de café fuera de la hora de descanso, concluye que es un haragán.

Analizando cada una de estas situaciones, es fácil observar que la profesora puede haber querido hablar con la mamá del niño por algún proyecto especial para el cual le pide ayuda. El compañero ha llegado tarde porque puede haber tenido una emergencia en el trabajo y el trabajador puede haber experimentado un malestar físico que intenta contrarrestar.

Si no nos detenemos un instante para evaluar la situación y observar que hay varias maneras de interpretarla, cometemos errores lamentables, que a su vez causan todo un efecto dominó, una reacción en cadena de situaciones y respuestas equivocadas.

Estas maneras de pensar, si no son revisadas, pueden convertirse en modos de ser que llevan a la ignorancia, al fanatismo y a ideas progresivamente encasilladas y cada vez más difíciles de erradicar.

Los individuos que forman una pareja llegan, cada uno, con sus historias y sus conceptos formados acerca de lo que debe ser un matrimonio, acerca de cómo debe comportarse una mujer y un hombre y con expectativas diversas sobre la interacción entre ambos.

Uno de los prejuicios más frecuentes es el del “sexismo”, la convicción no examinada acerca de los roles en la pareja asignados según el sexo.

Por ejemplo, el hombre que piensa que la obligación de la mujer es atender la casa y los hijos y estar siempre dispuesta a complacerlo y la mujer que espera que toda la responsabilidad económica de la familia debe estar a cargo del esposo.

Otro prejuicio es el que determina que la mujer es un ser puramente emocional y el hombre se caracteriza por su pensamiento racional.

Es lamentable que estas perspectivas nos impidan ver a las personas tal como son, y que nuestras distorsiones cognitivas, provenientes de nuestros prejuicios, nos impidan reconocerlas en todas sus riquezas y capacidades.

Esta tendencia al prejuicio no es fácil de modificar por un simple acto de voluntad o de modo individual.

Generalmente las personas prejuiciosas se encierran en sí mismas o en un entorno que confirme y acepte sus prejuicios.

En la medida en que se produzcan conflictos que francamente perturben sus vidas, la mejor forma de lograr un cambio y una flexibilización en el modo de pensar es incluirse en una vida social más amplia y variada, y desde el punto de vista terapéutico, las experiencias más apropiadas son la terapia de pareja y la terapia grupal.

Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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