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Serie Mundial deja en DFW derrama económica en negocios

Un trabajador vende hot dogs en el Rangers Ballpark durante la Serie de Campeonato de la Liga Americana. | VERNON BRYANT/DMN

JULIÁN RESÉNDIZ/AL DÍA | 10/21/2011, 6:23 p.m.

Arlington — Horas antes de que Matt Harrison lance la primera pichada contra los Cardinals este sábado, un ejercito de obreros se apoderará del Rangers Ballpark.

Vendedores como Nathan Elizondo harán inventario de cada gorra, camiseta y banderín que colocarán en sus tenderetes.

Choferes de montajes transportarán cajas de cerveza de los camiones refrigerados que llegan a las afueras del estadio a los mini-restaurantes. Cocineros cargarán cazuelas con comida recién hecha de una cocina central a sus puestos de venta en los pasillos del estadio.

Esto es parte del impacto económico que los playoffs del beisbol profesional traen a las familias del Norte de Texas.

“No le va a uno mal en los puestos, aunque los chavos que caminan por (las gradas) son los que ganan más. Uno dijo que ganó $400 en propinas el otro día”, dijo Joe Rangel, que se encaminaba a su trabajo temporal en un puesto de hot dogs y nachos del lado de la primera base durante la serie contra Detroit.

Si los Rangers no hubieran llegado a la postemporada, probablemente estaría en casa, agregó.

Es difícil estimar el impacto económico de la Serie Mundial en la región. El alcalde Robert Cluck dijo el año pasado que cada partido de los Rangers contra los Giants de San Francisco dejó una derrama directa de $1.25 millones por partido, producto de estadías de hotel, renta de autos y consumos de los visitantes.

El periódico St. Louis Post-Dispatch estima que, este año, la Serie Mundial contra los Rangers dejará a esa ciudad $2.6 millones por juego. La disparidad consiste en que el estadio Bush se encuentra en el centro de la ciudad.

En el Norte de Texas, no todo el dinero se queda en Arlington. Nadie puede adivinar si los visitantes se fueron de parranda a Dallas después del juego, o qué tantos residentes decidieron ir a un bar deportivo a ver el partido, en vez de quedarse en casa frente al televisor, dijeron funcionarios de turismo.

“Tenemos 4,000 cuartos de hotel, y el 99% ya están vendidos”, dijo Decima Cooper, directora de relaciones públicas del Buró de Convenciones y Visitantes de Arlington. “Es inevitable que (los visitantes) busquen lugar en otras ciudades cuando encuentran nuestros hoteles llenos”.

La publicidad que le dan a Arlington televisoras en todo Estados Unidos y en varios otros países que transmiten los juegos también son un activo, dijo. Los televidentes ven un estadio moderno y tomas aéreas ocasionales de la ciudad que podrían sembrar la semilla de visitarla algún día.

El aumento en las ventas de mercancía relacionada con los Rangers es obvio, pero también difícil de cuantificar. Las tiendas que venden gorras y camisetas de los Rangers se quedaron sin mercancía el año pasado, producto de la novedad de la Serie Mundial y de que el equipo cambió su uniforme de azul a rojo para el 2010.

Este año, pocos comerciantes reportan escasez… a menos que usted busque la camiseta No. 17 del dominicano Nelson Cruz.

“Las de Hamilton y Kinsler siempre se venden, pero ahora hay mucha demanda por la de Cruz. Se está vendiendo mucho”, dijo Elizondo, cuyo puesto se ubica en el segundo nivel del estadio.

En tiendas como Wal-Mart, una camiseta roja tamaño mediano de hombre con el logo simple de los Rangers se vendía hasta en $17. En el estadio costaban $25 con el número y nombre del jugador de su preferencia.

Otro intangible del impacto económico de la Serie Mundial son los nuevos fanáticos.

Si alguien en los estados vecinos de Oklahoma, Louisiana Arkansas o Nuevo México — entidades que no cuentan con un equipo de Ligas Mayores — adoptan a los Rangers, parte del dinero que gasten en gorras y camisetas regresa a la franquicia. El equipo recibió más de $5 millones en el 2008 por concepto de estas ventas de mercancía.

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