aldiatx.com

La vida nunca es perfecta

ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 9/21/2011, 7:50 p.m.

photo

Rosalinda Weisz

Todos sentimos una mezcla contradictoria de emociones en relación con las personas a las que nos unen vínculos profundos. Madurar implica aprender a reconocer y tolerar esas contradicciones, y que no se transformen en conflicto, ni para el vínculo ni para nosotros mismos.

Los niños pequeños, que aún no han desarrollado la capacidad para identificarse con la otra persona ("ponerse en sus zapatos") expresan abiertamente sus sentimientos de odio cuando se sienten frustrados por sus padres, sin que eso les impida mostrarse afectuosos con ellos unos minutos después.

Una paciente me decía, con lágrimas en los ojos, que no podía entender cómo su esposo, que le había demostrado un amor apasionado, podía decirle cosas tan horribles cuando se peleaban. Para ella, como para muchas personas, la vida se percibe de una manera particular, podría decirse "extrema", en el sentido de que las personas son "totalmente buenas" o "totalmente malas". Esta visión en blanco y negro, que ignora los grises, dificulta la comprensión del otro y de uno mismo. Para estas personas, el otro es básicamente "bueno" si las propias expectativas y deseos son satisfechos, mientras que sucede lo contrario, el otro es "malo", si resultan desoídas o frustradas. Esta especie de disociación o separación entre lo bueno y lo malo indica una dificultad de contener y tolerar dentro de uno mismo la compleja naturaleza de las relaciones humanas.

La creencia de que podemos sentir en todo momento sentimientos positivos, refleja una gran ingenuidad. A medida que maduramos, la experiencia nos enseña que aunque estemos sumamente enojados y molestos en "este momento", no será lo mismo para siempre y nuestros sentimientos cambiarán.

A veces, cuando se hace difícil reconocer que podemos albergar sentimientos negativos hacia la persona que amamos, nos "defendemos" proyectando el sentimiento negativo en otra persona. Así, por ejemplo, no me enojo con mi hija a quien le puedo (debo) perdonar todo, pero mi yerno se transforma en el "depositario" de mi malestar. De esta manera preservo la relación con mi hija y evito el dolor que me causaría el reconocimiento de que es con ella con quien debo resolver un problema. Este proceso es totalmente inconsciente y no es fácil descubrirlo sin ayuda.

Otro mecanismo de defensa frecuente ante esta ambivalencia de sentimientos es apelar a la distancia emocional. Una de las razones por las cuales hay personas que nunca desarrollan relaciones profundas y duraderas, es por esta dificultad para tolerar la inevitable ambivalencia propia de todo sentimiento significativo.

Desde esta perspectiva, resulta evidente que evitar sentimientos contradictorios y ambivalentes nos lleva al empobrecimiento de nuestro entorno emocional y al aislamiento.

Sólo afrontando lúcidamente el conflicto, podremos expresarnos libremente, tomar decisiones y estar plenamente conectados, en el presente, con aquellos a quienes queremos.

Para que esto ocurra debemos aceptar que la vida y las relaciones, son imperfectas y frágiles.

Galerías de fotos

También de interés

Más Recientes

Web Statistics