REFLEXIONES: Tolerar la incertidumbre
ROSALINDA WEISZ/REFLEXIONES | 2/11/2012, 1:19 p.m.
No es una exageración decir que la dificultad para tolerar la incertidumbre constituye una característica esencial de los seres humanos.
Quizás en el origen de toda ciencia haya existido el deseo de anticipar y predecir el futuro con el propósito de lograr una experiencia de vida más estable. Ya desde la niñez se hace evidente el placer por las rutinas, los cuentos que se repiten siempre de la misma manera, las expectativas y promesas que se cumplen. Son estabilidades que dan tranquilidad.
Las personas que no pueden tolerar la normal incertidumbre que forma parte de la realidad, construyen estrategias para evitar el sentimiento de angustia que les genera el “no saber”. Una consecuencia de esta reacción frente a lo desconocido y temido es la preocupación constante por sostener la ilusión de un futuro que se pueda predecir, anticipando en la mayor medida posible la ocurrencia de sorpresas desagradables. Se prioriza el intento de controlar los resultados de cualquier acción.
Lo que estas personas no reconocen es que la incertidumbre y la ambigüedad pueden ser, por el contrario, acogidas, buscadas y aceptadas si se les percibe como oportunidades de vivencias nuevas: una manera de experimentar el mundo abriendo puertas y suspendiendo el juicio acerca de personas y acontecimientos.
Al entenderlas de esta manera, el desarrollo de la capacidad para soportar el temor y la incertidumbre puede transformarse en una fuente de energía y creatividad, en lugar de crear ansiedad, dolor y sufrimiento.
Esta actitud receptiva y de aceptación implica la posibilidad de que la persona o la situación con la que nos encontramos nos “mueva” y nos transforme, implica la expectativa de estar abierto a los sentimientos y alternativas que puedan surgir de ese encuentro.
Se ha dicho que la frase “no lo sé” es una de las más poderosas del lenguaje. Hay quienes no pueden aceptarla de los demás y tampoco pueden usar esta respuesta para ellos mismos. Muchas veces preferimos recibir respuestas erróneas o ficticias ante la imposibilidad de tolerar que no haya respuesta para nuestras preguntas, o que no haya una respuesta segura e inmediata. Para poder abarcar esta realidad es necesario cambiar el enfoque, esto es, pasar de una mentalidad enfocada en el saber y la verdad a una actitud basada en la exploración y la búsqueda.
Estos conceptos se aplican, por ejemplo, a la relación terapeuta-paciente.
El tratamiento psicoterapéutico es un proceso por el cual la persona que sufre y el profesional actuante se abocan a la tarea de examinar las vivencias del paciente para descubrir aquello que lo enferma. Al principio solo hay preguntas, y a veces ni siquiera eso, únicamente una sensación de vacío y malestar.
Tampoco es posible garantizar siempre la existencia de respuestas precisas, y con el tiempo la terapia va logrando una mayor tolerancia a la incertidumbre del “no saber”, el recorrido se hace más claro al disminuir la angustia frente a cosas nuevas que antes sólo provocaban temor. Las personas aprenden a disfrutar del abordaje de lo desconocido y terminan incorporándolo, y utilizándolo para enriquecer sus búsquedas y ampliar sus horizontes cognitivos, sus experiencias emocionales y su vida en general.
Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puede escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.
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