RUBÉN NAVARRETTE: Los escollos de Mitt Romney
RUBÉN NAVARRETTE JR./OPINIÓN | 2/11/2012, 12:46 p.m.
Algo le sucedió a Mitt Romney camino a la nominación republicana.
El candidato descrito por los medios y el establishment republicano como el que tenía más posibilidades de vencer al presidente Obama, fue vencido. De hecho, el ex gobernador de Massachusetts perdió tres veces en una sola noche cuando el ex senador de Pennsylvania Rick Santorum se llevó la victoria en las contiendas en Colorado, Missouri y Minnesota.
Para los que llevan la cuenta en casa, son cuatro estados para Santorum, tres para Romney y uno para Newt Gingrich. El Partido Republicano parece estar dividido por regiones: el centro a favor de Santorum, el noreste a favor de Romney y el sur a favor de Gingrich. Después de las rencillas en las primarias republicanas, será difícil unir al partido en torno a un candidato.
En cuanto a por qué le es tan difícil a Romney mantener el título de “delantero”, están las razones que se suelen comentar: los electores no confían en él, no le creen y no se identifican con él.
Podemos agregar otro problema. Muchos republicanos tienen la sensación de que Romney diría cualquier cosa para ser electo.
Por ejemplo, tras pasar semanas atacando a Gingrich y al gobernador texano Rick Perry, por apoyar lo que él denominó como una “amnistía” para los indocumentados, Romney recientemente trató de ganarse al público latino en Miami, diciéndole que apoya un “permiso de trabajo temporal” para indocumentados.
Eso es lo que una encarnación anterior de Romney llamaría amnistía. Especialmente dado que, bajo el plan de Romney, una vez que el permiso caduca, se espera que los inmigrantes se “autodeporten”. O no. Depende de ellos, dijo Romney al grupo. Esto afectará su reputación con los mismos nativistas y restriccionistas de la inmigración, que supusieron que él estaba de su lado y que ahora son traicionados.
Nunca entendí cómo un candidato que no puede mantener el primer puesto y no puede pasar del 25% en las encuestas de opinión de electores republicanos fue considerado el favorito.
Romney se desempeña bien en los debates, pero generalmente cuando está a la defensiva después de una derrota. Observen su notable actuación en el debate de Florida, después de perder South Carolina ante Gingrich. Pero a los republicanos no les hace gracia la idea de observar a su candidato perder los primeros debates con Obama, antes de crear entusiasmo. Quieren alguien a quien no sea necesario darle cuerda porque siempre está “prendido”. Ése no es el estilo de Romney.
Por supuesto, están los republicanos que votarán por él, aunque con renuencia, porque están convencidos de que tiene la mejor posibilidad de vencer a Obama.
Recientemente, un amigo que pertenece a esa escuela me escribió lo siguiente: “Eres duro con Romney. Mira, comprendo por qué, pero ésta es la cuestión. Newt es radiactivo, está fuera de control, y —lo que es más importante— No es elegible. Yo quiero ganar”.
Durante la elección presidencial de 1992, muchos en la izquierda se quejaron de que Bill Clinton no era suficientemente liberal. Incluso después de que Clinton se convirtiera en el candidato demócrata, la gente de su propio partido todavía protestaba. Y cuando Clinton resultó electo, fue debido en parte al apoyo que recibió fuera de la base liberal del Partido Demócrata.
Pero Clinton y los liberales de su propio partido lucharon durante los ocho años de su gestión en torno a la reforma a los programas de ayuda social, las severas medidas contra la inmigración, los gays en las fuerzas armadas, etc. Era frecuente ver manifestantes liberales —liderados por el reverendo Jesse Jackson, Patricia Ireland, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres y otros— fuera de la Casa Blanca.
Esperen el mismo tipo de dinámica si Romney llega a la Oficina Oval. Ya está comenzando. Algunos en la derecha se volvieron locos recientemente cuando Romney dijo que apoya incrementos regulares del salario mínimo para seguir el ritmo de la inflación, la misma posición que adoptó en la campaña del 2008. Muchos republicanos en pro de las empresas están en desacuerdo con esa idea. Y ésta no es la primera erupción. Hace unos meses, Romney se enfrentó con locutores de radio conservadores al elogiar a los sindicatos y decir que era probable que el cambio climático fuera obra del hombre.
Si Romney resulta electo, los de la derecha continuarán protestando a medida que él se mueva más al centro. Probablemente los ignore, y eso hará que refunfuñen aún más, hasta el punto de que muchos se arrepentirán de haber votado por él.
Afortunadamente, para muchos de ellos, es un error que aún pueden evitar.
Ruben Navarrette es periodista independiente. Su email es ruben@rubennavarrette.com.
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