AlDiaTx.com

 Super Tazón

Advertising

Dallas, Texas

Personalizar | Hoja informativa | MySpecialsDirect

Su vida rinde frutos

11:06 AM CDT on Thursday, July 1, 2004

Por JUDITH TORREA/ Al Día

Los callos por trapear oficinas en la noche y el dolor de espalda por cortar patrones de ropa en el día, le ayudaron a montar su propio negocio. No fue fácil.

"Uno no conoce el idioma, no sabe las reglas del juego en Estados Unidos, no teníamos transporte, pero lo importante es echarle ganas y no rendirse", dice Luis Cano.

El es propietario de una frutería que vende desde licuados, cócteles de fruta y jugos naturales tamaño jumbo, hasta helados, piñatas, hojas de zábila y muchos otros productos que recuerdan a México.

Luis, su esposa Soledad y el hermano de ésta, Jesús Ramírez, montaron su negocio con sus ahorros de largas y exhaustivas jornadas de trabajo y su deseo de progresar.

En 1986 dejaron sus hogares en Ixmiquilpan y Alfajayucan, en Hidalgo, para internarse en territorio estadounidense como indocumentados.

Atrás quedó su tierra, pero no los sabores de su vida, las frutas.

"Mi padre (Alberto Cano) y mi abuela (Cresenciana) me enseñaron el negocio, pero en México, aquí es distinto", dijo Cano, quien ahora es ciudadano estadounidense.

Durante muchos años, el matrimonio Cano y Ramírez vivieron de su trabajo en empresas maquiladoras y limpiando oficinas, pero tras la firma del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) perdieron sus empleos y tuvieron que buscar opciones para sobrevivir.

La necesidad les hizo volver a sus orígenes, pero esta vez, en Dallas.

"Empezamos vendiendo fruta en "las pulgas" llevando la mercancía en una "van" (camioneta) vieja, que se descomponía a cada rato", recordó Ramírez.

Pronto entendieron que el éxito de su negocio dependía no sólo de la calidad del producto, sino de otras cosas como el talento y la gracia para atraer a los clientes.

Hace tres años montaron la Frutería Cano, en el Este de Dallas, en donde se han vuelto famosos sus licuados.

Pero además, mantienen los negocios de venta de fruta y licuados en una pulga de Grand Prairie, en donde dan empleo a unas 35 personas.

"En un trabajo de éstos sabes que no vas a descansar, pero lo estamos haciendo para dar estudios a nuestros hijos, y para ayudar a la familia que se quedó en México", explicó Soledad.

Ella sabe lo que cuestan todos estos años de esfuerzo.

"Cuando me cansaba, pensaba en mi familia en México, en que tuvieran un baño, en poderles ofrecer un poco de carne entre tantos frijoles", dijo.

Las mayores dificultades que enfrentaron para montar su negocio fueron "el idioma, el no saber que cuando compras por cajas puedes negociar un precio más barato, el transporte y ganarse la confianza de las compañías de las bodegas, que no nos daban crédito y debíamos pagar todo "cash" (al contado)", afirmó Luis.

En la frutería, que abre 7 días a la semana, el canal que informa sobre las condiciones climatológicas siempre está presente.

"Es mucho riesgo para nosotros salir a vender a la pulga si habrá mal tiempo. Desde el miércoles estamos atentos a lo que dicen, para ir o no", dijo Ramírez.

En los puestos de fruta en la pulga de Grand Prairie, todo se vale para atraer la atención del cliente.

Los vendedores de la frutería Cano suelen "cantinflear", un estilo de expresión tomado del personaje cinematográfico Cantinflas, que habla mucho, pero no dice nada.

"Intentamos que la gente, si no compra, por lo menos se divierta", dijo Cano, quien ha vendido frutas con las máscaras de Fox, sombreros charros, y quien ahora piensa vestir a sus empleados con una playera que diga: "Y todo por no estudiar".

El estudio es la frase clave en la lucha de esta familia.

"Si no estudias, tendrás un trabajo en el que no vas a poder descansar. Vas a estar limpiando baños y suelos toda tu vida. Esto es lo que intentamos enseñar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros amigos", afirmó Cano, padre de Ana, de 13 años y Luis, de 9.

El ejemplo de este matrimonio lo han seguido algunos de sus empleados, como Mario Rico, quien ahora labora como mecánico certificado en una multinacional en Nueva York.

" Sus padres nos lo mandaron a trabajar para que no se metiera en problemas. Estuvo cuatro años y, un día nos dijo que teníamos razón", afirmó Luis.

El negocio de los Cano-Ramírez es un rincón para los mexicanos nostálgicos de su país, pero al mismo tiempo, un lugar para conquistar el paladar de los originarios de Dallas y para transportarlos a un lugar de México.

"Tratamos de enseñarle al americano y al moreno que las frutas saben mejor si le pones chile y limón. Que un jugo de vegetales o frutas es muy saludable, además de sacarlo de la monotonía de las hamburguesas", afirmó Soledad.

jtorrea@aldiatx.com

                                                                                                                                                                                                                                                           

Advertising

© 2008 The Dallas Morning News Co.