BUENOS AIRES — Vistos en perspectiva, parecen desvanecerse los tiempos en que los revolucionarios armados recorrÃan las selvas de Nicaragua y Bolivia y en las calles de América Latina resonaban los gritos de "Yanquis, go home".
El fin de la Guerra FrÃa arrastró también a las dictaduras de la región, que en gran parte abrazó el capitalismo y la democracia. Pero eso no significa que América Latina haya hecho totalmente las paces con su poderoso vecino del norte.
Cuando el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, llegue la próxima semana al balneario de Mar del Plata para la IV Cumbre de las Américas el 4 y 5 de noviembre, activistas, estudiantes, indÃgenas y sindicalistas se reunirán en un estadio deportivo, a varios kilómetros del local del encuentro de los jefes de estado, para protestar por asuntos que van desde la guerra en Irak hasta las polÃticas migratorias de Washington y los acuerdos de libre comercio.
"Creemos que estas polÃticas están totalmente contra lo que queremos en América Latina y promueven el genocidio, la dominación de los trabajadores y sus comunidades y la explotación de los recursos naturales", dijo el dirigente sindical argentino, Juan González, quien participará en la "Cumbre de los Pueblos", un encuentro paralelo durante la reunión hemisférica del jueves al sábado.
Las protestas no son ajenas a los viajes de Bush. Pero aquà hay una historia larga y compleja, alimentada de nacionalismos, en que Estados Unidos es visto como un imán económico, que dona millones de dólares en asistencia --1.000 millones de dólares el año pasado--, pero también temido como "imperialista", sentimiento exacerbado desde la guerra en Irak.
La mayorÃa de los gobiernos de América Latina se opuso a la guerra y sólo Honduras, El Salvador, Nicaragua y República Dominicana desoyeron las protestas callejeras y enviaron tropas a Bagdad. Sólo 380 salvadoreños siguen en Irak.
Muchas naciones que se quejaban que Washington sustentaba los regÃmenes dictatoriales, ahora discrepan con Estados Unidos por querer implantar a la fuerza su estilo de democracia en Irak.
La guerra de Washington al terrorismo ha sido particularmente dura para los pueblos al sur del RÃo Grande debido a las rÃgidas normas en las fronteras y al control de visas. Muchos latinoamericanos esperan desde hace años un prometido plan de Washington de invitación a trabajadores, como forma de ingresar al paÃs, mientras otros que buscan estudiar en el exterior ahora miran hacia Canadá, Inglaterra y Australia.
Para muchos latinoamericanos, "la guerra de látigo del imperialismo de Estados Unidos es extraordinariamente impopular", dijo Riordan Roett, director del programa del Hemisferio Occidental de la Universidad Johns Hopkins. Estados Unidos "es visto como una república arrogante que hace las cosas sin pensarlas".
En julio, una encuesta que consultó a argentinos, brasileños, chilenos y uruguayos, expuso un marcado rechazo a Bush, a la guerra al terrorismo y al poder "imperialista".
"La primera opinión que resultó fue que Estados Unidos es muy agresivo en su polÃtica exterior y que la imagen de Bush es muy baja en los cuatro paÃses", dijo Claudio Fuentes, profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en Santiago, que realizó el sondeo. "Más de 70% percibe que Estados Unidos no promueve la paz y que Bush va contra lo que, de hecho, Estados Unidos promueve como sus principales metas".
La consulta telefónica, que entrevistó a 2.362 personas, no es representativa porque no tuvo bases comunes. Su margen de error fue de 4% en Buenos Aires, Santiago y Brasilia, y de 2,5% en Montevideo.
El rechazo alcanzó su máxima tasa en Buenos Aires: el 64% dijo que tiene una pobre o muy pobre opinión sobre Bush. Para la misma pregunta, el resultado fue de 63% en Montevideo, 47% en Brasilia y de 40% en Santiago. Aquellos que daban a Bush una calificación positiva fueron 8% en Montevideo, 11% en Buenos Aires, 17% en Brasilia y 19% en Santiago.
El resto no supo o no respondió.
Aunque no hay una consulta comparativa previa a los ataques del 11 de septiembre, Fuentes y otros expertos dicen que los resultados sugieren un cambio en la opinión pública.
Cuando Bush asumió la presidencia, algunos latinoamericanos saludaron al ex gobernador de Texas como un polÃtico familiarizado con la enorme comunidad de inmigrantes de ese estado y los problemas al sur de la frontera. Hubo satisfacción general cuando Bush escogió a México como destino para su primera visita al exterior como presidente y cuando hizo una propuesta migratoria a través del programa de invitación a trabajadores.
Pero aquella idea se desvaneció después del 11 de septiembre.
Bush ha comenzado nuevas gestiones para que el congreso apruebe el plan. También ha intentado, con poco éxito, revivir la iniciativa de su predecesor Bill Clinton para una zona de libre comercio hemisférico.
El Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) crearÃa la zona comercial más grande del mundo, desde Alaska hasta Tierra del Fuego.
Pero los latinoamericanos quieren cortes drásticos de los subsidios que otorga Washington a sus productores agrÃcolas, antes de abrir mercados e implantar medidas contra la piraterÃa de discos compactos y DVD vendidos por las calles de toda Latinoamérica.
Otro acuerdo, el de libre comercio de Centroamérica (CAFTA), resultó mejor. Bush logró su aprobación, pero la oposición fue lo suficientemente dura como para levantar preocupaciones sobre la suerte de la apertura de los mercados.
"Se puede decir que el CAFTA fue aprobado, pero lo que muestra es que el libre comercio vive con un respirador", dijo Michael Shifter, vicepresidente para polÃticas del grupo Diálogo Interamericano, en Washington. "Apenas fue aprobado en el congreso y no es modelo para otros acuerdos", agregó.
Los reformistas también tienen que encarar la profunda desconfianza latinoamericana por la revolución de libre mercado. El impacto económico que esa polÃtica ha generado en paÃses como Argentina ayuda a explicar una serie de victorias de dirigentes de izquierda por toda la región en los últimos años.
Las reformas, que probadamente resultaron impopulares, son descritas como medidas aplicadas para la influencia de la ideologÃa de libre mercado estadounidense. Los opositores llaman a tal movimiento de "neoliberalismo" o la esclavización de los latinoamericanos a través del control estadounidense de la globalización de polÃticas económicas de libre mercado, libre comercio y derrumbe de las fronteras nacionales.
Estados Unidos continúa enviando dinero en asistencia a la América Latina y el Caribe. Aportó 894 millones de dólares el año pasado y en 2005 destinará 983 millones de dólares a programas de educación, alimentación infantil, promoción de la democracia y combate al tráfico de drogas.
Un cuarto de ese dinero va a la guerra contra las drogas, pero con resultados parciales. Algunos paÃses afirman que no es suficiente y muchos creen que el problema ni existirÃa si Estados Unidos no fuera el primer mercado para esas drogas. Colombia se queja que a pesar de los esfuerzos para combatir la producción de cocaÃna, ha terminando siendo un estereotipo de narcotraficante.
Los expertos también se preguntan cómo lidiará Washington con Bolivia en caso que uno de los favoritos para las elecciones del 4 de diciembre --el diputado y lÃder cocalero Evo Morales-- gané los comicios y cumpla su promesa de despenalizar la producción de coca.
Uno de los mayores crÃticos de Bush es el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, simpatizante de Fidel Castro. Chávez acusa al gobierno de Bush de haber querido derrocarlo con un golpe en 2001.
Otros lÃderes de la región tienen sus propias quejas, que van desde la deportación de inmigrantes condenados por crÃmenes en Estados Unidos que regresan a sus paÃses para cometer más crÃmenes, el embargo a Cuba, o el rechazo de Estados Unidos a la Corte Internacional.
Han ratificado la autoridad de la corte 99 naciones, pero no Estados Unidos, que teme que sus soldados puedan ser enjuiciados por crÃmenes de guerra. Ecuador dejó de recibir el año pasado 15,7 millones de dólares, principalmente en equipos militares, al rehusar firmar un acuerdo que garantizaba inmunidad a militares estadounidenses.
Fuentes dice que puede tomar años de compromiso de Estados Unidos, con los asuntos de América Latina, para mejorar las relaciones. Entretanto, Bush se anota algunos puntos al asistir a la cumbre en Mar del Plata.
"El hecho que vaya es un elemento a favor porque hubo muchas conjeturas que no irÃa", dijo Shifter. Bush "recibirá una recepción cordial de los lÃderes de América latina, pero no habrá muchos abrazos y saludos".