Todos los años, miles de haitianos acuden a la cuenca de una cascada sagrada para descansar y rezar por un futuro mejor.
Esta vez, pidieron trabajo y que bajen los precios de los alimentos.
Miles de peregrinos se bañaron y arrojaron su ropa a las caÃdas de agua de Saut D'Eau, donde los fieles creen que apareció la Virgen MarÃa, que en el vudú se llama Erzulie, en la década de 1800. Algunos devotos encendieron velas y sacrificaron una vaca en las cercanÃas.
Muchos viajaron durante dÃas, a pie o a caballo, para llegar al lugar sagrado, 65 kilómetros (40 millas) al noreste de Puerto PrÃncipe.
"Lo que el Santo me conceda, lo aceptaré", dijo Fifi Jean, de 38 años, quien gastó 5,30 dólares de sus ahorros para llegar.
La ex vendedora de comida perdió su puesto en el mercado de Puerto PrÃncipe cuando se enfermó. Ahora, dice, no puede pagar los 17 dólares de renta mensual de la casa donde vive con su hija.
El vudú haitiano es una fusión de las tradiciones de esclavos africanos con prácticas y santos católicos, que les permitÃa a aquéllos observar sus creencias bajo las narices de sus amos franceses. Hoy, muchos alternan libremente entre las dos creencias.
"Yo era cristiana, pero entonces las cosas empezaron a andar mal", dijo Marie Denise, de 35 años, quien llevaba un pañuelo azul y vestido blanco estampado con los números de sus salmos preferidos. La madre soltera espera que Erzulie le dé dinero y ayuda para criar a sus dos hijas.
También los poderosos acudieron al lugar.
El presidente de la Cámara de Diputados, Eric Pierre Jean-Jacques, bajó la escalera de cemento hasta la orilla el último dÃa de la peregrinación, flanqueado por guardias con fusiles de asalto.
El paÃs se recupera de protestas provocadas por los precios de los alimentos, que dejaron un tendal de vÃctimas, y enfrentan un impasse polÃtico tras la caÃda del primer ministro hace tres meses.
"Voy a rezar para que el paÃs cambie y el pueblo tenga una vida mejor", dijo Jean-Jacques.