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Columna Carlos A.Nava: Atrapan a Sammy Sosa, después de la persecusión

02:48 PM CDT on Wednesday, June 17, 2009

Por CARLOS A. NAVA/Al Día

Tanto buscaron hasta que dizque encontraron.

La persecución contra Sammy Sosa por buena parte de los medios, aficionados, directivos, colegas, etcétera, comenzó mucho tiempo antes de que se pusiera tan de moda la cacería de brujas contra los “consumidores” de sustancias prohibidas.

La persecución contra Sammy inició desde que se dieron cuenta de la influencia, talento y don de gente que tenía.

Y así se ha sentido Sosa de buen tiempo para acá, agredido, atacado, ofendido.

Primero, se burlaban de su acento cuando hablaba inglés, después comenzaron todos a dudar sobre si sus cualidades físicas y beisboleras eran naturales; después de que si le pegaba a la pelota con bates arreglados.

Luego de que si sus lesiones obedecían al dejar de usar sustancias prohibidas y al final de que si era demasiado viejo para seguir en la alineación todos los días.

La mayoría se olvida que fue uno de los grandes salvadores de las Ligas Mayores. Y no sólo por su carrera de jonrones contra Mark McGwire en 1998.

También recuperó la diversión al beisbol. Era un pelotero que daba gusto ver cómo se divertía jugando la pelota al máximo nivel.

En especial, porque a pocas personas les costó tanto trabajo llegar a la cima como a él.

Salió de un extracto tan humilde económicamente hablando que ni siquiera podía llamarse pobre, quizá “paupérrimo”.

Sin embargo, nunca perdió la humildad, incluidos sus colegas, como también llamaba a los reporteros hispanos que tuvimos la oportunidad y el gusto de tratarlo de manera regular aunque sea por una temporada.

Se supone que el reporte de The New York Times acusa a Sammy de consumir sustancias para mejorar el desempeño en el 2003, un año en el que no estaba prohibido el uso.

Tampoco quiere decir que era algo positivo. Pero no estaba prohibido, es decir, jugaba bajo las mismas reglas que el resto de los peloteros.

Además, los análisis del 2003 se suponía eran anónimos, sólo con el fin de descubrir la gravedad del dopaje entre las Ligas Mayores.

Eso llevo a la implementación de las más feroces reglas y castigos para el consumo de sustancias prohibidas en casi cualquier deporte profesional.

En este caso, el único delito que habría que perseguir es de quien haya revelado resultados que debieron destruirse.

Y casualmente, los únidos dos nombres que han salido a la luz de esos exámenes del 2003 son de peloteros latinos, Alex Rodríguez y Sammy.

Alguna vez a principio de la temporada 2007, Sosa me dijo que sabía que muchos de sus logros dentro de la cancha no eran bien vistos en ciertos círculos de las Grandes Ligas. Y no le creí, pensé que sólo expresaba la frustración de algún trauma.

Al final de esa misma campaña, comencé a creer en la veracidad de sus palabras.

A un tipo que es el líder en jonrones y carreras producidas del equipo, después de estar un año fuera del beisbol, y que percibía un salario de risa para ser una leyenda viviente del beisbol ,es difícil que lo manden a la banca porque quieren darle juego y experiencia a un novato, quien por cierto ya había fracasado antes en su promoción.

A Sammy, los Rangers se lo hicieron. Y aguantó “como un macho”, sin causar problemas contra la organización o en el vestidor.

Alguna vez cuando le pregunté por qué´, me constestó que lo único que sentía era agradecimiento a la organización que le había dado su primera oportunidad y quizá la última.

Y así fue, después de esa temporada 2007 con los Rangers, nunca más ha vuelto a jugar en Grandes Ligas, a donde dudo que regrese jamás.

Hace apenas unos días, Sammy dijo que esperaría paciente su turno de ingresar al Salón de la Fama.

A partir de hoy, el camino será más largo y sinuoso. Sus eternos detractores se salieron con la suya.

Al final, por fin pudieron agarrar a Sammy, el gran Sammy Sosa, que sin duda, merece ir directo y sin escalas a Cooperstown.

Y eso mismo te dirán la mayoría de los peloteros que tuvieron la suerte de al menos verlo jugar y disfrutar de manera única el beisbol.

Es una auténtica injusticia para uno de los tipos que dieron el máximo lustre de los últimos años al rey de los deportes.

“Personalmente, Sammy salvó esta ciudad (Chicago). Sammy salvó este deporte. La gente veía a Sammy como si fuera Dios... Para mi, Sammy salvó al beisbol. Tres personas, Cal Ripken Jr., después de la huelga de 1994; Sammmy y Mark McGwire, salvaron este deporte”, afirmó Ozzie Guillén, manager de los Whiet Sox de Chicago.

cnava@aldiatx.com

469-977-3675

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