Irving - Cuando Terrell Owens llegó a Dallas en el 2006, pocos sabían que esperar. Poco más de dos temporadas después, el receptor se comporta a la altura de las circunstancias.
Venía precedido de reputación como uno de los mejores y más explosivos receptores de la NFL. Pero de una muy mala en cuanto a sus relaciones personales en el equipo.
Sus últimos años en San Francisco y Filadelfia fueron de telenovela, entre quejas salariales, pleitos con sus mariscales de campo y entrenadores, así como una eterna polémica con los medios.
Pero en Dallas ha estado bien, salvo incidentes aislados, las cosas han sido correctas en el equipo que decidió contratarlo después de que fue despedido de los Eagles a media temporada del 2005 por “conducta en detrimento del equipo”.
Obvio que en su primera temporada, su personalidad chocó con la del entonces entrenador Bill Parcells, quien por supuesto que tuvo que aprobar la contratación de Owens en un equipo en que ni un lápiz se tiraba sin su consentimiento.
Y cada vez que tuvo un problema, Owens dio la cara, con el equipo, con los aficionados y con la prensa.
Hasta cuando tuvo el escándalo de la supuesta sobredosis de pastillas para mitigar el dolor de una lesión en la mano, Owens salió directo del hospital a Valley Ranch para dar una conferencia de prensa.
Es un tipo que se calla pocas cosas, quizá sólo las que son muy personales y por cuestiones de timidez… sí, de timidez aunque no lo parezca.
Una vez a la semana atiende medios, durante todo el tiempo que sea necesario, porque el resto de los días platica, saluda, cotorrea y convive con los periodistas, pero de manera informal.
Intenta dar buenas respuestas; es amable y educado, en especial con los niños. Siempre saluda. Y está dispuesto a platicar casi de cualquier tema.
“Si me frustro, ustedes harán una historia”, dijo Owens ayer. “Así que tengo que limitarme en la manera en que reacciono a ciertas cosas”.
Pero cuando se siente atacado o víctima de críticas infudada explota.
Desde que terminó la derrota ante Washington, el pasado 28 de septiembre, Owens ha estado molesto porque siente que fue arrinconado para declarar sobre una supuesta falta de involucramiento en el plan de juego, cuando al menos 20 jugadas estaban destinadas a él.
El miércoles siguiente, alegó fuerte y de frente con algunos de las personas que lo criticaron. Tuvo que aguantar burlas frente a cámaras de televisión nacional.
El domingo, después de vencer a los Bengals leyó al borde de las lágrimas una declaración sobre su partido, en el que involucraba cuestiones religiosas.
Muchos jugadores, después del problema del miércoles ni siquiera hubieran ido a la conferencia de prensa..
El martes, reveló que poco antes del partido contra los Bengals había sufrido la muerte de un familiar cercano, por lo que estaba sensible y emotivo todo el domingo.
Y este miércoles, Owens atiendo, como es costumbre a la prensa, pero se negó a hablar sobre el tema, al ser cuestionado al menos cinco veces sobre el incidente.
“No, nada tengo que decir sobre eso”, reiteró, haciendo gala de paciencia.
Pero atendió cualquier charla sobre el juego, a pesar de la presión de algún sector de la prensa para que diga algo incorrecto…
“No lo van a logar”, aseguró. “Si quieren enemistarme con mis compañeros o entrenadores, no lo van a lograr”.
cnava@aldiatx.com
469-977-3675