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La cultura del machismo

08:06 AM CST on Tuesday, December 4, 2007

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Muchos considerarán un anacronismo que en el siglo 21 todavía se plantee el tema del machismo. Sin embargo, hace pocos días el presidente de México Felipe Calderón anunció la inversión de millones de dólares para combatir los efectos del machismo en su país.

Frecuentemente se ha identificado al machismo como una característica particular de los inmigrantes de Latinoamérica. Sin embargo, el machismo es un vestigio remanente del pasado de toda la humanidad.

En el fondo, el machista es el patriarca de antes, el representante de una organización social y familiar que considera al hombre como el único que ejerce la autoridad. Y en este sentido existen machistas en todas las sociedades.

Si bien es cierto que en la actualidad hay muchos jóvenes que han sido educados en un ambiente de igualdad y respeto en relación al género, todavía se mantiene al respecto un clima de desigualdad y dominación en muchas familias.

Una situación particular es la que se presenta en el proceso de la inmigración. Cuando el hombre latino llega a enfrentarse con una cultura tan diferente como la anglosajona, se producen diversos fenómenos que refuerzan las conductas machistas y de dominación. Me refiero específicamente a la reacción generalizada del hombre machista como consecuencia de la amenaza a su identidad como proveedor, protector y jefe de la familia.

Es frecuente que la mujer que emigra a este país encuentre trabajo más rápidamente que el hombre. Sea como cuidadora de niños, cocinera o realizando tareas de limpieza (labores a la que está acostumbrada en el hogar) la mujer "sale de su casa" para apoyar la economía familiar. De esta manera, la compañera del hombre machista se ve impactada por oportunidades de educación y crecimiento personal que nunca antes había experimentado.

Esta nueva situación crea conflictos en la pareja y hay hombres que responden reforzando sus actitudes machistas en un intento de mantener el poder y el control en la pareja. Lamentablemente, estas actitudes llegan a extremos de violencia y abuso que en la mayoría de los casos son la expresión del poder machista amenazado y el intento de volver al "equilibrio" anterior.

Es de destacar, sin embargo, que la supervivencia del machismo se sustenta en una dinámica de la pareja muy particular. Porque, en verdad, no podría subsistir el machismo sin su contrapartida, que algunos llaman el "marianismo", término que tiene su origen en el nombre de la Virgen María, ejemplo de abnegación, sumisión y altruismo.

La mujer que ha sido formada en los valores de la sociedad, tradicional ha aprendido que "su lugar" esta en la casa, en el cuidado de los niños, en respetar y servir al hombre, en aceptar las decisiones del hombre.

Si bien las raíces históricas y sociales son profundas, también lo son las raíces inconscientes del machismo. Un joven me comentaba recientemente que él no se consideraba machista, sin embargo sentía que para mantener una imagen viril, debía esconder cualquier sentimiento de fragilidad o emocionalidad porque estos remitían a lo femenino. El temor a ser percibido como "menos hombre", el temor a ser confundido con lo femenino, quizás derive del proceso de maduración que le exige al niño varón a "separarse" de su madre e identificarse con su padre para llegar a ser como él. Nuestra sociedad está cambiando de un modo vertiginoso, y exige de sus miembros una capacidad de flexibilidad y adaptación cada vez mayor. Las relaciones entre las personas y en especial dentro de la estructura familiar, también están cambiando hacia formas nuevas y difíciles de anticipar. Es necesario crear un nuevo balance que permita vínculos más fluidos que en el pasado.

Una de las dificultades en estos tiempos de cambio es que los patrones de conducta dejan de ser claros y predecibles. En la confusión de roles cambiantes se puede observar, por ejemplo, que por momentos la mujer, que desea mayor independencia e igualdad, espera sin embargo que el hombre adopte una actitud "paternalista" o de control como en tiempos pasados.

El logro de un nuevo equilibrio sólo será posible si tanto el hombre como la mujer pueden sentirse enriquecidos con el cambio. Quizás el hombre pierda algo de su "poder" y la mujer pierda su posición de "protegida", pero ambos ganarán como individuos puesto que se permitirán nuevas oportunidades de realización como personas. Ambos disfrutarán de la libertad para elegir aquello que los satisface más, una mujer podrá ser presidente de un país y un hombre podrá ser un padre tierno y dedicado a sus hijos y su familia

Es de esperar que las nuevas generaciones tiendan a dejar de asociar lo masculino a la fuerza y al poder y lo femenino a la debilidad y al sometimiento, y comprendan que tanto hombres como mujeres tienen sus fortalezas y sus fragilidades.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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