Confío en que el título de este texto haya despertado tu curiosidad, ya que mi propuesta de hoy es la de reflexionar sobre un tema que está en la base de las decisiones que, cotidianamente, deben tomar los profesionales de la salud mental y sus pacientes.
Cuando llega al consultorio una persona que presenta síntomas de depresión o trastorno emocional, es necesario hacer una evaluación profunda e investigar, no sólo los factores desencadenantes (genéticos y circunstanciales), sino también las características del entorno, la cultura, la motivación, la personalidad, los recursos económicos y sicológicos de quien solicita la ayuda.
La aparente dicotomía (terapia o medicación) no es tal, la pregunta que debe formularse es sobre la mejor manera de utilizar estos recursos científicos para ayudar a la persona que nos consulta por problemas emocionales.
Esta es una decisión compleja que tiene sus raíces históricas en el dualismo mente-cuerpo y que se origina en la creencia de que el hombre posee un alma inmortal que puede existir sin un cuerpo. Como consecuencia de estas ideas y por mucho tiempo, las enfermedades "del cuerpo" se han tratado ignorando la posible interacción con lo sicológico y viceversa, las enfermedades "del alma" como separadas de lo mortal.
Los avances de la neurociencia han producido un cambio drástico en la percepción de estos problemas, ya que han demostrado que ambas formas de tratamiento (biológicas y sicológicas) afectan tanto a la mente como al cuerpo.
Así, en la actualidad, la tomografía computarizada ha permitido confirmar que el tratamiento de sicoterapia produce, con el tiempo, cambios en la química cerebral equivalentes a los producidos por la farmacoterapia.
El antagonismo se basa en una diferente conceptualización de la enfermedad mental. Para algunos, el uso de medicinas supone la presencia de un desequilibrio químico del cerebro que está fuera del control del paciente. Los partidarios de la sicoterapia, en cambio, suponen la existencia de un trastorno crónico de hábitos, pensamientos y conductas que han sido aprendidos o que tienen su origen en un pasado que se mantiene oculto en el inconsciente.
Según este punto de vista el paciente puede, rastreando en ese pasado con ayuda terapéutica, identificar y modificar aquellos aspectos de la personalidad que sostienen el trastorno mental. En este sentido el paciente puede recuperar el control de su vida.
Existe una manera racional de solucionar el problema. La medicación y la sicoterapia deben recomendarse teniendo en cuenta varios factores:
Efectos negativos de la medicación. El alivio prematuro de síntomas emocionales puede interferir con la motivación para producir cambios a través de la sicoterapia. En algunas situaciones, un aspecto negativo de utilizar la sicoterapia como tratamiento exclusivo sería, por ejemplo, el riesgo de conductas impulsivas o autodestructivas.
Efecto recíproco: Cuando la prescripción de medicación permite aliviar la ansiedad y estimula la introspección necesaria para que la sicoterapia produzca beneficios.
Efecto aditivo: La medicación apunta al alivio de un trastorno preexistente (una depresión crónica) mientras la psicoterapia se concentra en mejorar los aspectos sicodinámicos del conflicto (ejemplo: conflicto matrimonial).
La aplicación de un recurso hace posible al otro, los efectos se suman o se potencian.
En definitiva, la decisión de usar solamente medicación, solamente sicoterapia o una combinación de ambos, depende de una diversidad de factores que deberán evaluarse:
Urgencia de la situación o de los síntomas.
Severidad de los síntomas (la farmacología es más eficaz cuando los síntomas son más graves).
Significado atribuido al motivo de consulta (sicológico o biológico).
Interpretación personal de las causas del síntoma.
Capacidad sicológica del paciente, especialmente sus recursos de lenguaje.
Actitud del paciente frente al tratamiento: activa o pasiva.
Efectos y resultados: los medicamentos tienen efectos más rápidos pero no promueven el aprendizaje.
Recursos: costo, tiempo, apoyo familiar.
La recomendación para el paciente es que discuta este tema con su sicoterapeuta. Es importante recordar que nuestra cultura nos ha acostumbrado a buscar soluciones rápidas y alivios instantáneos.
Debemos tomar conciencia de que la medicación es un instrumento valioso para tratar numerosos trastornos, pero no es la respuesta para todos los males.
El sufrimiento no es siempre algo negativo que debemos eliminar, puede con frecuencia llevarnos a un nivel más profundo de auto conocimiento, cuyos efectos pueden ser más profundos y duraderos que tomar una píldora con prisa y desesperación.
La decisión debe ser consecuencia de una reflexión educada y responsable, compartida entre profesional y paciente. Afortunadamente, cada vez está más extendida la condición previa de una entrevista sicológica para poder acceder a la consulta siquiátrica. Y es en ese espacio de diálogo con el terapeuta en el que se decidirá, según el perfil y la historia del paciente, y a través de una visión que abarque todos los recursos por parte del psicólogo, el tratamiento más apropiado.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.