A pocos días de la celebración del Día de los Enamorados (Valentine's Day), he pensado ofrecer al lector algunas reflexiones acerca del amor y, en particular, respecto de las conductas de "cortejo" o "conquista" a través de las cuales los jóvenes intentan seducir al ser amado.
Un breve recorrido histórico que me permito comenzar, de manera arbitraria, en el siglo pasado, nos permite reconocer que las conductas en este aspecto de la experiencia humana, han cambiado drásticamente en los últimos 50 años.
La escritora e historiadora Stephanie Coontz nos recuerda que, en los comienzos del siglo 20, existía en la clase media un elaborado ritual de conquista del sexo opuesto. Este consistía, básicamente, en que el joven debía requerir el permiso de los padres de la muchacha para comenzar el romance. De esta manera, el control de la relación era la responsabilidad de la mujer, o más bien, de sus padres.
Pero muy pronto esta situación cambió, y en menos de dos décadas, alrededor de los años 20, y en gran parte debido a los efectos de la revolución industrial y la producción masiva de los automóviles, el romance se libera del confinamiento hogareño y comienza a transcurrir en el ámbito público (el cine, el baile, la plaza). Ahora es el hombre el que dicta las características de la conquista. Es el que invita y paga.
Hacia mitad del siglo (alrededor de los años 50) el consenso cultural era el de casarse y tener hijos. La familia tradicional era el ideal de hombres y mujeres, y los roles de cada uno eran claros y explícitos: el hombre era el orgulloso proveedor y protector de la familia, la mujer se dedicaba a su hogar y a complacer a su marido.
En esa época, las pautas de comportamiento eran simples y estaban dirigidas a la mujer: si la joven quería enamorar a un muchacho, ella debía peinarse y vestirse de la manera que él deseaba y debía mostrarse sumisa y "hacerse la tonta".
La revolución sexual de mitad del siglo pasado produjo un cambio profundo en el mundo occidental y transformó las ideas sobre la "moral sexual" y el comportamiento sexual humano en general. La consecuencia de este movimiento fue la liberalización de las costumbres y la igualdad creciente entre los sexos.
A partir de ese momento, y con el acceso de la mujer al campo laboral y la educación, las pautas tradicionales desaparecieron.
En la actualidad, en nuestra cultura, los jóvenes deben recorrer un territorio desconocido, sin mapas que los guíen. Una muchacha comentaba con sus amigas que los jóvenes ya no las invitan a salir sino que "simplemente se encuentran en un bar" y de ahí "puede pasar cualquier cosa".
Otra joven me decía que "el hombre moderno no existe", expresando así su frustración en la relación con los muchachos que se acercaban a cortejarla. Ella sentía que los hombres que ella conocía eran inmaduros e insensibles, que no toleraban su espíritu libre e independiente.
Por otra parte, el hombre parece intimidado ante la mujer que es educada, autosuficiente y sexualmente activa. Otras veces, no se muestra interesado por los antiguos ideales de formar una familia y asumir responsabilidades. Y muchas veces queda confundido por la actitud individualista y quizás "egoísta" de algunas jóvenes, que parecen quererlo todo.
Un artículo publicado el 27 de enero en The Dallas Morning News describe el fenómeno del "niño-hombre". La autora, Kay Hymowitz, denuncia el hecho de que los hombres mantienen hoy un estado de permanente adolescencia. La observación consiste en la frecuencia con que los jóvenes de hoy, en la década de vida entre los 20 y los 30 años, permanecen solteros, no se involucran en una relación de pareja comprometida y parecen estar dedicados a una vida de placer y camaradería. Parecen consagrarse a la bebida, al internet, los "juegos electrónicos" y al sexo casual. Estos hombres parecen vivir en un mundo utópico, en el cual no existen la hipoteca, la esposa y los gastos y responsabilidades que implica tener hijos y una familia.
Como consecuencia de todos estos cambios, los aspectos positivos de igualdad, desarrollo y libertad personal se ven empañados por el desencuentro entre los sexos, la soledad y la desesperación de muchos jóvenes.
Si bien la relación entre los jóvenes tiende a ser más honesta, la libertad sexual y la falta de compromiso dan lugar, lamentablemente, a embarazos no queridos y niños que crecen sin padre o a veces sin madre.
Si este fugaz recorrido de ideas le ha provocado tristeza y añoranza por las costumbres románticas de otros tiempos, permíteme aclararte que las nuevas formas de relación entre las parejas han enriquecido y estimulado el desarrollo y la capacidad de los individuos. Todos nos hemos beneficiado por la posibilidad de satisfacción y desarrollo personal que nos ha proporcionado el habernos liberado de los aspectos limitantes y asfixiantes de los roles rígidos y fijos del pasado.
Hoy en día una mujer puede disfrutar de su personalidad competitiva y fuerte sin temor a ser juzgada negativamente. Y un hombre puede dedicarse a cuidar y educar a sus niños mientras su esposa trabaja, sin que esto signifique una disminución de su "hombría".
La posibilidad de elegir los caminos de acuerdo con las inclinaciones de cada individuo es fascinante. Es indudable que el mundo va evolucionando rápidamente hacia formas y estructuras sociales nuevas e inéditas que nos exigen flexibilidad y adaptación. Seamos selectivos, pero recibamos lo nuevo con esperanza y curiosidad. No todo tiempo pasado fue mejor.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.