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Disciplinar es enseñar

10:02 AM CST on Tuesday, January 8, 2008

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Comenzaré este tema con dos afirmaciones básicas:

Disciplinar es enseñar.

Castigar no es sinónimo de disciplinar.

1. Algunas de las razones por las que queremos disciplinar a nuestros hijos son porque queremos enseñarles a llevarse bien con los demás, con su familia y con los amigos. Queremos ayudarles a que sepan comportarse de una manera agradable y adecuada. Queremos que tengan la libertad para aprender de sus errores y apreciar las consecuencias de sus actos y decisiones.

Uno de los efectos más importantes de una "buena" experiencia disciplinaria en la niñez es el desarrollo de una buena autoestima y confianza en uno mismo. La capacidad de autoregulación de las emociones y el autocontrol se aprenden en los tiernos años de la infancia. La disciplina y el orden tranquilizan y son necesarios para la salud mental.

Hay niños más o menos dóciles, más o menos sensibles y temperamentales, pero el problema más frecuente reside en los padres, que no sabemos cómo disciplinar. Una de las dificultades más importantes surge cuando padre y madre no se ponen de acuerdo entre ellos sobre qué conductas del hijo estimular o cuáles inhibir. Esta situación se manifiesta en escenarios variados, pero el denominador común es que la falta de acuerdo transforma la experiencia disciplinaria en una experiencia confusa, que tiene más que ver con la dinámica de la relación matrimonial que con el deseo de disciplinar a los niños. La consecuencia principal es que los niños reciben mensajes contradictorios, coloreados por una emocionalidad (la de los padres) por momentos descontrolada. Esto asusta y preocupa a los niños y frecuentemente deriva en problemas de conducta aun más serios.

Un ejemplo ilustrativo es el de Juana y Franco, una pareja joven con dos niños. Franco, un joven simpático y locuaz es el primero en tomar la palabra. Se queja de que su mujer lo critica cada vez que él desea "poner un poco de disciplina en la casa". Siente que lo que él hace "nunca está bien" y que su mujer no le da "el lugar" de cabeza de la familia y el respeto que se merece.

Juana, que ha permanecido callada mientras Franco habla, y que ha mantenido la mirada desviada, responde que Franco es demasiado estricto con los niños, que quiere que todo se haga "a su manera" y de modo inmediato. Teme que el papá es demasiado agresivo y dice que los niños le tienen miedo.

Este escenario, tan frecuente, refleja quizás dos experiencias distintas en las familias de origen. La manera en la que se enfoca la crianza de los hijos está marcada por la historia familiar.

La familia de Franco, una familia tradicional con seis hijos, funcionaba "como un ejército". El papá tomaba las decisiones y la mamá se hacia cargo de que se cumplieran. No había oportunidad para cuestionamientos, se hacia lo que se debía hacer.

Franco consideraba que esto no le había afectado negativamente y esperaba el apoyo incondicional de su esposa.

Pero Juana había sido hija única y sus padres se separaron cuando ella era muy pequeña. Mimada por su mamá y su abuela, pensaba que los niños "aprenderían con el tiempo" y que debía complacerlos. Ella misma lograba siempre lo que quería de su madre y ahora, en el contexto de su nueva familia, la enojaba sobremanera que Franco la desafiara.

Afortunadamente, ambos querían mucho a los niños y aprendieron a escucharse y a dialogar para llegar a puntos de coincidencia que les permitieron resolver muchos de los conflictos.

La situación no se simplifica en el caso de madres (o padres) que se ven en la necesidad de criar a los hijos solos, ya sea por divorcio o fallecimiento de la pareja. Sentimientos de culpa o de tristeza se combinan para producir reacciones ambivalentes, inconsistentes, que confunden y enojan a los hijos.

Muchas familias "ensambladas" (las que consisten en la unión de dos personas que tienen hijos de una relación anterior) encuentran que el tema de la disciplina de los hijastros termina por desgastar la relación de pareja, por las dificultades que se presentan.

2. Hay padres que confunden disciplina con castigo corporal. Los niños necesitan ser disciplinados. Pero contrariamente al castigo corporal que se vale del dolor, el miedo y la humillación, la verdadera disciplina es aquella que ofrece oportunidades de aprendizaje, la que enseña, guía y sustenta.

Esto no significa que el niño terminará comportándose mal, sino que logrará la conducta esperada cuando comprenda las razones por las que se la imponen. La disciplina implica el establecimiento de normas y limites que, una vez establecidos, les servirá de guía para toda la vida. Obviamente, cuando hablamos de comprensión no se trata de un proceso meramente intelectual. Los bebés y los niños muy pequeños "comprenden" desde la percepción del afecto con que viene acompañada la indicación disciplinaria. Y a medida que la edad avanza, cada vez importa más que a lo afectivo se le agregue la posibilidad de comprensión lógica.

Es necesaria una buena dosis de paciencia para educar a un niño, pero la recompensa será duradera.

Nunca debemos actuar frente a la conducta del niño de acuerdo a nuestro estado de ánimo. Corregimos al niño porque queremos enseñarle a vivir, no porque su conducta nos enoja, porque estamos cansados o irritados.

Recuerde que los niños aprenden de su ejemplo, si quiere respeto trátelos con respeto, si quiere que su hijo "no grite" o "no pegue" entonces no sea usted el que grita o pega.

Enséñele a su hijo que las conductas tienen consecuencias, háblele con claridad acerca de las mismas, sea explícito para que el niño entienda lo que se espera de él y preocúpese por sostener la coherencia entre dichos y hechos. Pídale al niño su opinión acerca de las reglas, si él ha participado en el proceso será más fácil obtener su cooperación. Recuerde que las normas deben estar de acuerdo con la edad de los niños, infórmese y los resultados serán más satisfactorios.

La educación de los niños presenta dificultades y desafíos. No dude en acudir a los expertos (médicos, sicólogos, consejeros, maestros) para recibir ayuda y apoyo.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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