Ahora que me han transformado en abuela, y por la libertad que me da esta nueva posición de participante y observadora, me permito hacer algunas reflexiones sobre la maternidad.
El tema coincide además con la próxima celebración del Día de las Madres y es mi deseo, como madre y flamante abuela, que estos pensamientos te permitan vivir una maternidad más plena.
Es indudable que la maternidad es una experiencia maravillosa, y muchos son los escritores y poetas que se han dedicado a glorificarla. Sin embargo, son pocas las personas que han estado dispuestas a enfocar el tema con sinceridad y transparencia, mostrando toda la realidad que rodea a ese momento trascendente.
Al revivir, a través de la maternidad de mi hija la mía propia, me he asombrado de muchas cosas de las que el olvido me había despojado. Y es que hay momentos muy difíciles, en especial para la mamá que lo es por primera vez, de los que pocas personas hablan.
Me quiero referir aquí a la maternidad deseada, y a aquellas parejas que han sido bendecidas con una criatura sana y un embarazo y parto sin complicaciones.
Ser madre es, como he dicho, maravilloso... en su mayor parte.
Se supone que cuando una mujer se convierte en mamá está cumpliendo con un intenso deseo, con su función ancestral de mujer. Se supone que se sentirá satisfecha, plena y feliz. Se supone que tomará esta responsabilidad con total alegría y que sus propias necesidades quedarán momentáneamente relegadas para dar prioridad a las demandas del nuevo bebé.
La realidad es un poco diferente. El nacimiento de un hijo presenta innumerables desafíos para la mamá y su pareja. Lo que los escritores y poetas olvidan es que en el momento del nacimiento comienza una danza singular y sumúsica se irá creando a partir de los ritmos inseguros y pasos ansiosos de los bailarines. La primera pareja de "bailarines" estará compuesta por la madre y su hijo (hay una palabra en sicología que la define, la "díada madre-hijo"). El padre estará también allí, muy presente, pero son fundamentalmente la mamá y su bebé los que tendrán que empezar a conocerse lo suficiente como para que la danza sea armoniosa.
Para que el proceso sea exitoso serán necesarios un sinnúmero de ajustes, y una especie de comunicación silenciosa se irá estableciendo, de tal manera que la mamá comenzará a interpretar las modulaciones en los sonidos que produce su bebé. El bebé, a su vez, con sus conductas (expresiones faciales, llanto, grito) confirmará la correcta interpretación.
Esta es una ardua tarea, y las madres se sentirán en muchos momentos agotadas, abrumadas, tensas, frustradas. Si se suma a esto la realidad cotidiana de amamantar al bebé, de estar siempre disponible para limpiarlo y acunarlo, además de atender al marido y mantener la casa limpia y la comida lista, no es difícil comprender que se acumulen cansancios y falta de sueño hasta llegar extenuarse y que las madres no puedan mantener intacta su cordura.
Es importante que las mujeres que van a ser madres puedan estar preparadas para disfrutar de los aspectos hermosos y positivos de la maternidad. Pero también deberían estar advertidas de las dificultades, para tolerarlas mejor.
Quizás algunos piensen que es mejor no anticipar ni explicitar este lado dificultoso y mantener la visión idealizada hasta que la realidad vaya mostrando sus claroscuros. Yo creo, sin embargo, que como en tantos otros aspectos de la vida, el saber la verdad siempre ayuda. Tomar conciencia de todos los desafíos de esta increíble experiencia, permitirá enfrentarlos mejor, sabiendo que es una parte normal del proceso de ser madre.
Una madre feliz es una persona que ha podido encontrar un cierto equilibrio, una serenidad interna que la hace sentirse confiada y segura, que puede tolerar esa danza complicada de la díada hasta que su ritmo se establezca y se haga propio, que sabe que a través de errores y aciertos logrará ese balance delicado que implica la maternidad.
Otro de los desafíos consiste en el inevitable cambio que sufre la pareja, flamantes papá y mamá, que aún en medio de las intensas emociones que genera la llegada del bebé, deben aceptar que sus oportunidades de ser dos y de intimidad sin límites, estarán interrumpidos por un largo tiempo. Y la mamá en particular, debe aprender a no sentirse culpable por ello.
En síntesis, es necesario aceptar que, junto con los sentimientos de felicidad, habrá otros sentimientos que sorprenderán a la nueva madre, pero que ella (y los que la rodean, esposo, padres, amigos) harán bien en admitir sin atribuirles equivocadamente interpretaciones de fracaso o frustración. Con el tiempo y con paciencia se creará el equilibrio apropiado y generalmente gratificante.
Una última reflexión acerca del papel del padre: durante las primeras semanas o meses que se requieren para que la mamá conozca a su bebé, es importante que el padre funcione como "protector de la díada". En otro momento hablare de la función del padre en detalle, pero aquí quisiera sólo enfatizar la necesidad de que el papá sea receptivo ante las dificultades de la esposa con el bebé, que pueda entender su cansancio y su ansiedad y que pueda mantener una actitud positiva y reaseguradora.
Quisiera que estas líneas lleguen a todas las madres, en su día, como un guiño cómplice y un abrazo cordial.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.