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¿Habré cerrado las puerta?

04:18 PM CDT on Wednesday, August 29, 2007

REFLEXIONES / ROSALINDA WEISZ

Marta, una joven segura e independiente, salía de su casa para regresar a los pocos minutos atrapada por la duda: "¿Había cerrado la puerta de su casa?". Este pensamiento era tan intenso que no lo podía apartar de su mente, aun sospechando que un acto tan habitual (como lo es cerrar la puerta tras de sí) era francamente improbable que no lo hubiese realizado. Estaba segura de haberla cerrado, pero la mortificante duda le impedía seguir su camino.

Estos son acontecimientos comunes y no les damos mucha importancia siempre que no se repitan con demasiada frecuencia.

Marta descubrió rápidamente que su necesidad de comprobar que había dejado la puerta bien cerrada ocurría con frecuencia cuando su esposo salía de viaje y ella quedaba sola en la casa.

Este tipo de pensamientos y conductas ocurren, por lo general, cuando la persona está pasando por un momento difícil en la vida y, por el contrario, pierden intensidad y desaparecen cuando la crisis se desvanece.

Pero hay personas (y aún niños) que se ven invadidos por ideas persistentes y penosas de las que no pueden liberarse. Esto puede consumir al individuo de modo tal que interfiere con las actividades normales de la vida.

Luis, por ejemplo, brillante en sus estudios de ingeniería, estaba a punto de fracasar en todos sus exámenes. En su primera sesión de sicoterapia Luis describía los momentos torturantes que transcurrían cada vez que salía de su habitación. Y es que no podía salir de su casa (para ir a la facultad o para venir a su cita) si no recorría en su mente cada instancia de un plan diseñado para cumplir los objetivos que se había propuesto alcanzar en su vida. Ese plan, con cada ramificación y detalle anticipado y en el que había incluido todas las posibilidades que debía enfrentar en caso de que alguna opción no resultara como él había previsto, debía ser repasado cuidadosamente antes de salir, y le llevaba horas

Este proceso, desgastante y penoso, es un síntoma característico de la condición mental que se llama "desorden obsesivo" (u obsesivo-compulsivo). Muchas veces las personas se sienten tan avergonzadas por la imposibilidad de controlar estos pensamientos (o acciones) que tratan de ignorar sus consecuencias y ocultar el sufrimiento, incluso ante los seres más queridos.

Los ejemplos de manifestaciones obsesivas (pensamientos irresistibles) son:

Temor a la contaminación (gérmenes, suciedad).

Temor a ser atacado, temor a causar un incendio.

Pensamientos agresivos (lastimar a un ser querido).

Preocupación por la simetría, o la exactitud.

Pensamientos sexuales que se presentan involuntariamente de manera intrusiva.

Dudas acerca de las propias ideas morales o religiosas.

Necesidad de confesarse

Los ejemplos de compulsiones (conductas que deben llevarse a cabo) son:

La limpieza (lavarse las manos repetidamente).

Asegurarse de que se ha apagado la luz, cerrado la puerta, etc.

Contar números o baldosas sin interrupción.

Repetir palabras.

Completar acciones de una manera predeterminada exactamente de tal modo que si se es interrumpido hay que comenzar todo nuevamente.

Coleccionar de una manera exagerada.

La recurrencia de estos pensamientos y conductas no deseados va distorsionando el modo de ser habitual, genera actitudes impulsivas y agresivas, que llevan a la larga a un deterioro progresivo de las capacidades y recursos.

Las personas que sufren de esta seria alteración pueden ser ayudadas con medicación y psicoterapia. El alivio así obtenido será duradero y permitirá una vida mas plena y satisfactoria.

Para terminar, agregaré dos observaciones interesantes.

La primera se refiere a las obsesiones (como en el caso de Marta) que no son tan graves. En estos casos es importante mantener la calma y resistirse a verificar ansiosa y repetidamente los resultados de la acción. Lo que sucede es que cuanto más se intenta verificar, la acción queda en la memoria de una manera menos vivida y detallada y la duda tendrá mayor posibilidad de incrementarse.

La segunda observación se refiere al punto de vista desarrollado por Eric Maisel, PhD. acerca de lo que el llama "obsesiones positivas".

El doctor Maisel opina que la palabra obsesión ha estado coloreada negativa e injustamente. Lo que él ha llamado obsesión positiva es lo que ocurre en las conductas o pensamientos apasionados. O sea, lo que ocurre cuando una persona está intensamente motivada.

Es verdad que cuando esto sucede, no se puede dejar de pensar en lo que se desea (de allí la obsesión). El enamorado, el artista o el científico se ven consumidos por estos pensamientos.

Una obsesión positiva sería entonces "pensamientos recurrentes e insistentes que son extremadamente difíciles de ignorar, que impulsan a la persona a actuar y que lo conectan con objetivos y valores personales de tal manera que dan sentido a la vida y expresan la autenticidad del ser humano que las experimenta".

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com, 469-328-7859

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