Es probable que, a raíz de la abundante información que le llega a la población a través de los medios de comunicación, la depresión no sea ya un fenómeno difícil de reconocer.
Síntomas como tristeza, falta de energía, insomnio o deseos de dormir en exceso, deseos de llorar, pérdida o aumento de peso súbitos, irritabilidad, aislamiento social y en algunos casos ideas suicidas, representan (en el caso de repetirse diariamente al menos durante dos semanas) algunos de los indicadores de un desorden depresivo.
No es necesario que estén todos estos síntomas presentes, pero es suficiente con que algunos se presenten por unas dos semanas para aconsejar la consulta.
Pero, ¿a quién consultar?
Se ha sugerido que el tratamiento propuesto depende de las inclinaciones o creencias de la persona a quien se consulte. Por ejemplo, si la consulta es con un siquiatra, es probable que este recomiende medicación antidepresiva; si se consulta con un sicólogo seguramente aconsejará sicoterapia; si se busca la ayuda de un sacerdote es probable que la indicación sea la oración y la fe, y quizás un amigo le diga que todo es cuestión de voluntad.
Si bien es verdad que en cualquier aspecto de la vida las personas actúan y toman decisiones de acuerdo con sus creencias, en este caso es fundamental la decisión acerca del tratamiento.
Toda sociedad tiene sus guías, referentes, o sea aquellas personas a las que se acude para pedir consejos. Es frecuente que la persona que se siente deprimida recurra a su médico o al pastor de su iglesia en busca de ayuda.
En el caso de un niño, muchas veces la primera persona que percibe la existencia de un problema, es la maestra.
Ahora bien, teniendo en cuenta que el ser humano es un ser complejo, el tratamiento de la depresión será más exitoso si incluye al individuo en su totalidad. O sea que, frecuentemente, lo apropiado es la combinación de recursos siquiátricos, sicológicos, como así también actividad física y social.
En muchos casos es recomendable que se incluya a los miembros del entorno familiar en algunas etapas del proceso terapéutico.
Tomemos el caso de una persona que ha sufrido de depresión por largos periodos de su vida, que tiene antecedentes familiares de depresión y que ha sufrido una perdida reciente importante.
Es probable que la indicación más acertada sea la combinación de medicación y sicoterapia. También se le sugerirá participar activamente en su comunidad (religiosa u otra) para contrarrestar la tendencia al aislamiento social y reforzar sentimientos de esperanza. Asimismo, se le aconsejará un incremento de la actividad corporal, ya que es sabido que el ejercicio de tipo aeróbico produce endorfinas, sustancias naturales que tienen un efecto estimulante y ayudan a mejorar el estado de ánimo.
Pero a veces no es tan fácil tomar la decisión acerca de cuál es el mejor tratamiento. Algunas personas se resisten a tomar medicación, otras desconfían de los sicólogos y otras sienten un conflicto entre la fe religiosa y el reconocimiento de que la depresión es una enfermedad.
Para algunos pacientes que han acudido a mi consulta fue importante permitirles un tiempo de espera (es decir, no apresurarse a una derivación siquiátrica y de medicamentos) para poder descubrir primero el significado de los síntomas.
En algunos casos pareciera que los síntomas aparecen como una llamada de atención, una manera de forzar al individuo a reflexionar acerca de su vida y, en este sentido, sería un error recurrir a la medicación con la intención de hacerlos desaparecer.
Quizás hay veces en que los sentimientos de depresión son los disparadores de un profundo proceso mediante el cual la persona accede a fuentes internas de fuerza, creatividad y autodescubrimiento.
Sólo un profesional entrenado para hacer un diagnóstico preciso puede determinar si el paciente presenta síntomas de una verdadera depresión clínica y recomendar el tratamiento adecuado.
Debemos tener en cuenta que, como lo expresa el siquiatra español Salvador Cervera, "el estado de ánimo triste es un malestar sicológico frecuente, pero sentirse triste o deprimido no es suficiente para afirmar que se padece una depresión. Este término puede indicar un signo, un síntoma, un síndrome, un estado emocional, una reacción o una entidad clínica bien definida. Por ello es importante diferenciar entre la depresión como enfermedad y los sentimientos de infelicidad, abatimiento o desánimo, que son reacciones habituales ante acontecimientos o situaciones personales difíciles".
Quizás debamos revisar los modelos biológicos de la depresión, aquellos que la interpretan solamente como una enfermedad química y recordar que el ser humano es una unidad que incluye aspectos biológicos, sicológicos y sociales.
Al decir del doctor Cervera, "la depresión es el resultado de un diálogo interactivo entre la biología, los factores personales y sicológicos, y el ambiente".
Es importante destacar, por otra parte, que así como ciertos signos de tristeza pueden ser equivocadamente interpretados como depresión, también es frecuente que se minimicen o malinterpreten dolores y malestares físicos, que en realidad están encubriendo un estado depresivo.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.