Las historias que aparecen para ejemplificar los conceptos contienen relatos de personajes ficticios. Los tratamientos son absolutamente confidenciales.
Recién en 1967 se estableció la legalidad de los matrimonios interraciales en los Estados Unidos. Desde entonces el número de parejas biculturales ha ido aumentando, en un mundo en el que el desarrollo tecnológico ha transformado el viajar en una característica de la vida moderna y en el que las fronteras de la comunicación se han hecho permeables con el acceso, cada vez mas generalizado, a los medios de comunicación. Teniendo en cuenta el enorme crecimiento de la población hispana, es frecuente que acudan a mi consulta parejas mixtas, en las que un miembro de la pareja es hispano y el otro anglo. Los conflictos con los que se enfrentan estas parejas son numerosos y a veces difíciles de resolver.
Una de las dificultades es la adjudicación de todos los problemas a las diferencias culturales. A veces sucede lo contrario, y las parejas se esfuerzan en negar la influencia de lo cultural y sienten que los obstáculos son únicamente de carácter personal.
De acuerdo con J. Soncini, la discordia en la pareja se centra alrededor de los siguientes "temas": la importancia de la familia; expectativas referentes a los roles; relaciones con amigos; la expresión emocional; la crianza de los hijos; el manejo del dinero; preferencias en la comida y otros aspectos domésticos; ideas políticas; dónde establecer la vivienda, y dónde buscar ayuda (familia, Iglesia, sicoterapia, etc.).
Cuando la pareja no logra superar estos conflictos, los sentimientos de amor comienzan a cuestionarse y las dudas y el temor de haber cometido un error se instalan penosamente.
Todas las relaciones de pareja tropiezan con dificultades. Pero las parejas cuyas culturas son diferentes deben resolver problemas adicionales. Es necesario para ello una importante dosis de flexibilidad, sensibilidad y tolerancia y el deseo de aprender uno del otro.
Elba, una hermosa joven de tez morena nacida en El Salvador, pidió un turno de consulta matrimonial para acudir con su esposo, James, un joven de aspecto atlético y cabello rubio, nacido en Estados Unidos. Muchas veces se va construyendo en mi mente una imagen anticipada de la pareja que acudirá a la consulta. Esta imagen es tenue, hipotética, basada en una realidad que desconozco (todavía no habían acudido a la primera consulta) y a veces influida por estereotipos. Como terapeuta, observo cuidadosamente mis propias reacciones frente a la nueva experiencia que significa conocer y ayudar a una pareja de estas características.
Me había construido internamente una precaria imagen de Elba, teñida por mi experiencia de trabajar con mujeres hispanas en terapia, y esperaba encontrarme con una muchacha sumisa y complaciente. La presencia de Elba echó por tierra mis preconceptos. Esbelta y segura de sí misma, Elba podía expresarse verbalmente con una claridad admirable. Se sentía frustrada porque James no era cariñoso con ella, no la ayudaba con las tareas hogareñas y no se involucraba en la crianza de los niños. James parecía distante, como si evitara escuchar las quejas de su mujer. Cuando comenzó a hablar, lo hizo de un modo cauto y contenido y era evidente que trataba de controlar su desesperación y su enojo.
Esta pareja, que se había casado luego de un noviazgo a distancia y un tiempo muy corto de conocerse (Elba vino a Estados Unidos para casarse), se encontraba en medio de un conflicto originado en diferencias de personalidad y de cultura, y en expectativas inconscientes incumplidas. A través del proceso terapéutico Elba y James lograron enfrentarse con profunda honestidad a los temores que despertaban sus realidades y contextos originales diferentes.
Ella traía una historia de abandonos y dificultades económicas y no podía permitirse confiar en nadie, menos aun en James, que se le oponía de un modo encubierto y pasivo.
James se había criado en un pueblo pequeño y añoraba volver al campo y a la vida tranquila del rancho. No entendía la ambición creciente de Elba, que necesitaba afianzarse a través de la tranquilidad material. Y su insistencia en que él le demostrara afecto de esa manera provocaba que James sintiera que no era espontánea y vivía esos reclamos de Elba como una obligación y una exigencia. James estaba enojado, se sentía mal por no haber podido hacer feliz a Elba, pero al mismo tiempo se sentía incomprendido y solo.
Poco a poco ambos pudieron reconocer que no habían hecho el esfuerzo de tolerar y adaptarse a las diferencias, que era necesario corregir ilusiones que no estaban basadas en la realidad, y gracias a esa capacidad de rectificación, fue posible que la admiración y el cariño de uno por el otro comenzaran a florecer.
En una pareja interracial, no solamente deben resolverse los problemas internos de la pareja, sino que también juega un papel fundamental el reconocimiento y la aceptación del medio.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.