Juan está convencido de que tiene un serio problema físico. Los doctores a los que ha consultado le han dicho que los exámenes no muestran señales de enfermedad. Sin embargo, Juan se siente cansado, le duele todo el cuerpo y a veces tiene la sensación de que se va a desmayar.
Hace ya más de un mes que no trabaja y la familia ha empezado a desesperarse, parecería que no hay cura para su extraño mal.
Lo que le sucede a Juan es bastante frecuente. Se estima que un alto porcentaje de las consultas médicas tienen que ver con fenómenos sicosomáticos, es decir, pacientes que se presentan reiteradamente con síntomas físicos que persisten a pesar de que las exploraciones clínicas no justifican el malestar experimentado.
Aunque hay algunas condiciones patológicas que son difíciles de diagnosticar, por lo general los síntomas sicosomáticos se caracterizan por una persistente combinación de alteraciones digestivas (dolores de estómago, reflujo, náuseas), sexuales (dolor durante la relación sexual, molestias relacionadas con la menstruación) o neurológicos (dolores musculares, mareos, dolor de cabeza y ciertas parálisis) para los que no se encuentra causa física alguna.
He leído recientemente acerca de un joven profesional que consultó con un neurólogo porque hacía unos meses le habían aparecido algunos síntomas insólitos: le temblaban constantemente los músculos de las piernas y esas contracciones se extendían hasta sus tobillos. Muy preocupado, se presentó al consultorio con su esposa embarazada pensando que tenía una grave enfermedad neurológica. El médico, luego de revisarlo y hacer los estudios necesarios, le aseguró que no tenía nada. La consulta con una consejera reveló que había una conexión inconsciente entre esos síntomas tan molestos y el hecho de que la pareja esperaba ansiosamente el nacimiento del primer hijo. Al hablar de sus sentimientos, el joven descubrió que se sentía ansioso por los cambios que ocurrirían en su relación matrimonial con la llegada del bebé. Las molestias musculares eran, aparentemente, una manera (inconsciente) de llamar la atención de su esposa.
Esto no debe sorprendernos, ya que no hay experiencia humana que no incluya tanto lo "mental" como lo "corporal". Se podría afirmar que, en cierto modo, todas las enfermedades son "sicosomáticas", es decir, todas afectan tanto la mente como el cuerpo.
Cuando una persona se enferma, por ejemplo, y siente un malestar físico, es probable que se sienta abatida, preocupada o irritable. Cuando una persona sufre de depresión clínica (desorden mental o emocional) también manifestará síntomas físicos como disminución del apetito, insomnio y cansancio.
La relación entre mente, cuerpo y vínculos afectivos es indudable. Esto se puede observar claramente en los niños, los que suelen expresar con síntomas corporales lo que aún no han aprendido a procesar sicológicamente. Un niño que teme alejarse de la madre se quejará de dolor de estómago y la llamará desde la escuela para que lo vaya a buscar. Otro se quejará de dolor de cabeza o quizás tenga fiebre si debe rendir un examen en la escuela para el cual no ha estudiado, sabiendo que si obtiene una mala nota, sus padres se molestarán.
Es importante aclarar que ninguna de las personas mencionadas está fingiendo. Juan verdaderamente se siente mal y los niños no están "haciéndose los enfermos". Lo que sucede es que se produce una especie de "disociación" por la cual la persona ignora el significado del síntoma corporal y se libera así del conflicto emocional que, de otra manera, debería enfrentar y resolver. En el caso de Juan, por ejemplo, sólo siente el malestar físico y así puede evitar el darse cuenta de que su patrón es insoportable y que arriesgaría su trabajo si expresara su enojo. El niño que teme separarse de la madre quizás tenga miedo de que a su mamá le pase algo y no regrese, pero este temor de ser abandonado causaría pánico si se hiciera conciente, en cambio el niño sólo experimenta dolor de estómago y evita así el sentimiento y la temida separación prolongada de la madre.
Hay familias en las que la exteriorización del afecto se ve coartada y entonces el cuerpo se transforma en el mediador de las emociones y se constituye en el instrumento privilegiado de la comunicación.
Cuando el cuerpo es "el que habla" existe el riesgo de que la enfermedad física se instale de una manera irreversible. Para evitar esto es importante hacer una consulta sicológica cuando los síntomas persisten durante un tiempo prolongado. El tratamiento quizás incluya una consulta siquiátrica y medicación, pero la sicoterapia será indispensable para lograr la transformación de los afectos desde lo corporal hacia lo sicológico.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.