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¿A quién le toca limpiar?

12:00 AM CDT on Monday, October 13, 2008

Recuerdo cuando, hace muchos años, recién llegada a Estados Unidos, miraba con cierta envidia a mis vecinas, a quienes consideraba como "mujeres liberadas".

Mientras yo aún dependía económicamente de mi marido y me quedaba en la casa haciendo las "tareas del hogar", ellas salían elegantes, por la mañana (sin duda formando parte de la fuerza laboral) y regresaban al atardecer, seguramente (según mi fantasía), para compartir con sus parejas las exigencias domésticas de cada día.

Muy pronto descubrí, paradójicamente, que esas vecinas tan admiradas por mí, eran en verdad "mujeres estresadas" y para nada "liberadas", ya que ellas seguían siendo las que cocinaban, lavaban la ropa, limpiaban y se ocupaban de los niños y de hacer las compras cuando regresaban del trabajo.

Mi vecino, un hombre muy simpático y afectuoso, cortaba el césped y seguía entusiastamente los torneos de futbol en la televisión.

Eso era en los 80 y desde entonces la dinámica familiar ha cambiado mucho. Hoy en día la expectativa de las mujeres jóvenes es la de trabajar a un ritmo similar al de su pareja y también la de que las obligaciones, responsabilidades y placeres sean compartidos.

Sin embargo, muchas de las discusiones que empañan la vida cotidiana de los matrimonios tienen que ver con la distribución del trabajo y las responsabilidades del hogar.

"Quién hace qué y cuándo" se transforma en una especie de obsesión, en una especie de deporte en el que se cuentan los aciertos y los fracasos como si la relación dependiera de ello. Al final todos pierden.

La verdad es que a pocas personas, hombres o mujeres, les encanta hacer "las cosas de la casa", pero es necesaria una dosis de organización y acuerdo en la pareja para que el hogar se mantenga en orden, limpio, funcional y saludable.

Quizás, a pesar de las buenas intenciones de ambos sexos, las historias familiares y culturales nos tironean y marcan desde la oscuridad del inconsciente. Porque los recuerdos infantiles, en la mayor parte de las familias hispanas, están coloreados por un "sexismo" que marcaba las respectivas expectativas: la mujer debía ser de una cierta manera (dulce y abnegada, que supiera cocinar, zurcir, lavar la ropa, tener la casa limpia y atender a su marido) y el hombre de otra (valiente y arriesgado, fuerte e independiente, proveedor y defensor de la familia). La idea de que estas cualidades pudieran distribuirse de otro modo hubiera hecho reír y/o escandalizar a nuestros padres y abuelos.

Sin embargo, cada vez más, los hombres se hacen cargo de los niños, de bañarlos y acostarlos y jugar con ellos y disfrutan de la satisfacción del contacto cotidiano con los hijos y de verlos crecer. Cuidar a los niños da más placer que lavar la ropa. Lo que aún queda por resolver es el tema de la limpieza y atención del hogar... y muchos jóvenes sienten, en el fondo, que esas no son "cosas de hombre".

Por otra parte, los hombres se quejan de que las mujeres, a pesar del reclamo de igualdad, no están dispuestas a ocuparse de hacer el cambio de aceite del auto o a cortar el pasto puesto que sienten que estas no son "cosas de mujeres".

Es frecuente que estos reclamos sean más complejos, y es común descubrir, durante los tratamientos de terapia de pareja, que detrás de las discusiones acerca de lo doméstico, se juegan otras variables, como la de comparar a la esposa con una madre muy abnegada o ver al esposo como el padre insensible y distante de la niñez.

Una circunstancia muy particular que pone de relieve estas cuestiones es cuando luego de un tiempo de convivencia, la pareja espera su primer hijo. Las limitaciones en la actividad física que impone la mujer embarazada, constituyen la primera prueba de cómo se afrontan los cambios de roles y da una pauta de la flexibilidad de la que disponen para organizar la vida hogareña en el futuro.

Mi sospecha es que, cuando "la guerra de las tareas hogareñas" se perpetúa, es porque el tema es sólo una pantalla que encubre otros conflictos más profundos, y siempre hay otros factores, la mayoría inconscientes, en juego.

A veces la pelea tiene otros significados, quizás uno de los miembros de la pareja se sienta desvalorizado o no se han podido resolver desacuerdos o aclarar resentimientos.

Esta pelea por "a quién le toca limpiar" es una maniobra cuya intención es mantener oculta la verdadera causa del problema, quizás porque enfrentarlo en su real dimensión produciría dolor y tristeza, quizás porque amenazaría la supervivencia de la pareja. Hay quienes logran salir adelante de estas dificultades a través de compartir y comparar experiencias con otras parejas que puedan aportar vivencias y modelos diferentes, desde otras pautas familiares y culturales. Pero también es posible que esto no sea suficiente y se haga necesario buscar ayuda profesional.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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