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Mitos y secretos de alcoba

12:00 AM CDT on Monday, September 15, 2008

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Son escasos los momentos de la vida cotidiana en los que uno está libre del impacto de estímulos visuales y auditivos. Esto es aún más notable cuando se trata de la sexualidad. Sea leyendo el periódico, hojeando revistas o mirando televisión o en la pantalla gigante de los cines, son una constante las imágenes de cuerpos jóvenes y hermosos entrelazados en sugestivas posiciones o expresando un erotismo más o menos explicito.

Es comprobable que un alto porcentaje de las conversaciones entre amigas o amigos, entre sicólogos y médicos con sus pacientes, y quizás con menos frecuencia entre padres e hijos, tiene que ver con las relaciones sexuales.

En el lenguaje cinematográfico, el amor sexual es apasionado y simple, impulsivo, excitante y placentero y pocas veces se enfoca la sexualidad de una manera más realista y verdaderamente humana.

Sin embargo, a diferencia de esa sexualidad idealizada de la pantalla, la verdad es que muchos de los conflictos entre las parejas se expresan "en la cama", y es lamentable que se queden ahí, sofocados y enmudecidos entre las sábanas arrugadas y secretas de la alcoba.

En mi experiencia como sicoterapeuta he escuchado a demasiadas mujeres quejándose de no saber lo que es un orgasmo, de no sentirse estimuladas adecuadamente por sus parejas, de desear más sexo o menos sexo, etc. También los hombres han llegado para consultar acerca de su sexualidad, sea por problemas de eyaculación precoz, impotencia o frustración en la vida sexual con la pareja. En los seres humanos la vida sexual es compleja y se ve afectada por numerosos factores y perturbada por la ignorancia, los prejuicios y los mitos.

Esta vez mi propuesta será la de dilucidar algunos de los errores conceptuales que se ponen en evidencia en las conductas de algunos hombres, y que éstos cometen sin darse cuenta de ello. La descripción que sigue está basada en la observación de dos expertos, Tristan Taormino y Lou Paget, dos conocidos educadores sexuales.

Uno de los errores se manifiesta en el pensamiento "Yo sé exactamente lo que ella desea". Paget sugiere que el hombre suele asumir que todas las mujeres son iguales y se basan para ello en las experiencias que han tenido previamente. Es verdad que el repertorio de conductas sexuales se adquiere a medida que se madura, pero lo que funcionó bien con una pareja puede no ser exitoso con la siguiente. Y esto se aplica no sólo a los temas sexuales sino también a la dinámica general, característica de cada relación.

Otro pensamiento erróneo consiste en creer que "El placer sexual es idéntico en el hombre y en la mujer". La sensación física que siente el hombre en la relación sexual es tan localizada y asociada al fenómeno concreto de la eyaculación, que imagina lo mismo en la mujer. Sin embargo, aclara Paget, para la mayoría de las mujeres la parte interna de sus genitales es la menos sensible al estímulo sensual, mientras que las zonas verdaderamente erógenas son las externas. En este sentido hay una aparente desconexión o asimetría entre los sexos, y es a través de la sutileza en la comunicación y el conocimiento mutuo dentro de la pareja, que esa "distancia" desaparece y se transforma en la exquisitez del placer sexual pleno.

Otra suposición equivocada se expresa en la creencia de que el hombre "tiene un conocimiento profundo de la anatomía femenina". La concepción errónea acerca de que el orgasmo de la mujer debe ser un orgasmo "genital" persiste, a pesar de que muchos hombres conocen la ubicación y función de las partes sensibles del cuerpo femenino. La expectativa "masculinocéntrica" que dicta lo que la mujer debe sentir, perjudica la relación sexual y pone barreras al placer femenino. Además, lo que una mujer siente como un acariciar placentero otra puede sentirlo como recio y desagradable.

Cabe mencionar también la creencia equivocada de que en el encuentro sexual "el silencio vale oro". Este error es clave, y tanto hombres como mujeres deberían revisar esta norma implícita en la relación sexual. La comunicación verbal, que sólo puede darse en el contexto de una relación basada en la confianza y la honestidad, abre las puertas para el conocimiento mutuo, para poder dar y recibir placer.

En definitiva, es importante aceptar que la sexualidad sigue los mismos caminos de descubrimiento y aprendizaje que todas las funciones básicas que hacen a la vida humana. Del mismo modo como de niños aprendemos a usar las manos para tocar los objetos, las piernas y los pies para caminar y correr, así como incorporamos progresivas sutilezas en la expresividad de la cara y el cuerpo, también la sexualidad es un desafío a vencer. Más allá de las leyendas románticas, es frecuente que "la primera vez" que suele experimentarse en la adolescencia, resulte más traumática que placentera. Y es a través de la maduración física y emocional como accedemos a esa plenitud sexual que las películas nos hacen creer que es instantánea e infalible.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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