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Cuando los sentimientos distorsionan la realidad

12:00 AM CDT on Tuesday, April 15, 2008

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

"Siento que todo lo hago mal", me dice Gabriela al comenzar su sesión de sicoterapia. Se desespera porque, a pesar de sus esfuerzos, no logra sentirse satisfecha con nada. Había sido una niña traviesa y una adolescente rebelde y ahora, a los 32 años y siendo madre de una niña de 6, se siente abrumada y confundida y ve su vida como un puro encadenamiento de fracasos.

A través de esta evaluación negativa de los acontecimientos y de las decisiones tomadas en el pasado, Gabriela ha llegado a la conclusión de que todo esfuerzo es inútil. Esta manera de pensar, característica de las personas que sufren de depresión, es la que sustenta actitudes derrotistas, la que alimenta la frustración y el pesimismo.

Existe una asociación indiscutible entre pensamientos y sentimientos. Si los pensamientos son negativos, se transformarán en fuente de sentimientos de tristeza, enojo y desesperación. Ejemplos de pensamientos negativos son los que conciben la realidad en "blanco o negro" (sólo existen los extremos), el enfocarse sólo en los problemas y no en las posibles soluciones, el hábito de generalizar expectativas catastróficas a partir de un solo acontecimiento frustrante.

Cuando Gabriela enuncia "todo lo hago mal", su sentimiento de desesperación se basa en un pensamiento erróneo que el doctor David Burns identifica como "generalización" (concluir que porque ha cometido un error en el trabajo, entonces no sabe hacer nada bien). Y también se refiere al hecho de minimizar lo positivo y agrandar lo negativo (Gabriela dice "soy una mala madre" porque algunas veces pierde el control de sus emociones y se enoja con la hija cuando se "porta mal").

En verdad, Gabriela se preocupa por su niña y quisiera ser un buen modelo de identificación para ella. Es una mamá responsable y cariñosa, pero siente que su irritabilidad e impaciencia anulan cualquier aspecto positivo de la relación.

Es un error confundir los sentimientos con verdades indiscutibles. El sentimiento de desengaño no implica necesariamente que el fracaso sea real, es tan solo un sentimiento que se deberá revisar y confrontar con la realidad. Cuando Gabriela se siente decepcionada de sí misma, no es capaz de tomar en cuenta las numerosas ocasiones en las que sí ha podido controlar su enojo y hablar con su hija con tranquilidad. En medio de sus pensamientos negativos, no es consciente de las veces que ha recibido el reconocimiento de su jefe en la oficina o del respeto cariñoso de los amigos. Cuando se siente mal, solo se enfoca en la situación que ha provocado ese sentimiento y le resulta difícil mirar las cosas desde una perspectiva más sana y más racional. A través del proceso terapéutico, Gabriela está aprendiendo a identificar los pensamientos irracionales y negativos que alimentan su desesperación.

Uno de los aspectos más difíciles de controlar y cambiar es el que se desarrolla en el ámbito de las relaciones humanas. Gabriela ha expresado muchas veces su sentimiento de no ser aceptada socialmente, la percepción de no ser querida. Si bien es cierto que esta convicción puede estar basada en su manera habitualmente negativa de evaluar la realidad, también es cierto que la conducta de la persona depresiva puede, efectivamente, inducir respuestas de antipatía en las demás personas.

Este es un aspecto al que quizás no se le ha dado la importancia que merece, pero se debe tener en cuenta que la comprensión y el apoyo emocional de las personas que interactúan con alguien depresivo, es imprescindible para su recuperación.

H.E. Marano ha enumerado algunas de estas conductas sociales que tienden al alejamiento por parte de los demás y a aislar a la persona que sufre de depresión.

Algunas de ellas son:

• La ausencia de expresión, que incluye no sólo la limitación de expresión emocional facial sino también una cierta rigidez en el lenguaje corporal, la evitación de la mirada del otro, la lentitud en las respuestas verbales.

• Una intensa y exclusiva preocupación por uno mismo y un interés muy limitado por los demás.

• Falta de reciprocidad.

• La tendencia a enfocar solamente los contenidos negativos.

• La búsqueda inconsciente de datos que confirmen la percepción negativa de sí mismo o la necesidad excesiva de reaseguro y demostraciones de aprobación por parte de los demás.

• Hostilidad y enojo.

La toma de conciencia de cuáles son los aspectos de la propia conducta que tienden a alejar a los demás, es un requisito indispensable para construir relaciones más satisfactorias con el mundo. Al mismo tiempo, también los seres queridos, desde su interés genuino, deben tomar conciencia de cuánto aportan al proceso de superación sus reacciones afectuosas y positivas. Tal aporte constituye una importantísima experiencia "correctiva" en los procesos de cambio cognitivo y vivencial necesarios para superar la depresión.

Dicho de otra manera, son los pensamientos los que sustentan los estados de ánimo que enmarcan el horizonte de las posibilidades personales. En la medida en que se logren identificar y combatir los pensamientos irracionales y negativos que dan origen a sentimientos tales como la desesperanza, la desconfianza, el resentimiento, la confusión, el agobio y el temor, los comportamientos se volverán progresivamente más apropiados para brindar a la persona una vida más rica en gratificación y plenitud.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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