Ser abuela o abuelo hoy es muy diferente de lo que fue en otras épocas.
La imagen de la abuela de figura generosa y manos hábiles para amasar, la que estaba siempre en la casa y recibía a los nietos con pastelitos recién horneados y una sonrisa serena en el rostro ha quedado entre los recuerdos queridos de tiempos pasados.
Las abuelas de hoy son personas activas que mantienen vivos sus intereses y su conexión con el mundo exterior. Muchos abuelos continúan trabajando y se sienten satisfechos de mantenerse independientes y productivos.
A pesar de los cambios, los abuelos conservan su importante papel dentro de cada familia, son el puente entre el pasado y el futuro, son la historia que permite a los hijos y a los nietos sentirse parte de un continuo que tiene tradiciones y sentido.
Pero el desempeño familiar de los abuelos ha cambiado a medida que la vida moderna se ha transformado, y en la medida que la estructura familiar y las exigencias de la vida han producido nuevos desafíos.
Incluso cuando las familias están separadas por grandes distancias, la visita tradicional a la casa de los abuelos se hace por teléfono o por Internet.
Aun en el caso de que la familia viva en la misma ciudad, los horarios del trabajo, la escuela y las actividades varias requieren un esfuerzo activo de todos para que la relación con los nietos conserve su fuerza.
También existen las familias mixtas, en las cuales los hijos se han divorciado y han formado nuevas parejas y han tenido hijos que también serán nietos.
Esto exige paciencia de parte de todos y un interés consistente de parte de los abuelos para establecer una relación afectuosa con estos niños.
Quizás el desafío más grande sea el de los abuelos que, por diferentes circunstancias, deciden o a veces se ven forzados a criar a sus nietos y a ser los principales adultos responsables por el bienestar de los hijos de sus hijos.
Es esta ultima situación, en la que circunstancias imprevistas impiden a los padres a cumplir con la obligación que les corresponde de proteger, educar y proveer cuidado físico y emocional a los hijos, la que transforma totalmente la vida de los abuelos.
En una etapa de la vida en la que el abuelo anticipa días de paz y tranquilidad rodeados de nietos regalones e hijos satisfechos, la obligación y renovada responsabilidad del cuidado de niños se puede transformar en una pesada carga.
Criar a un nieto es diferente de criar a los propios hijos. Las razones por las que los niños viven con sus abuelos también crean necesidades sicológicas, educativas y conductuales especiales. Los niños pueden estar enojados o confundidos por la ausencia de sus padres.
La abuela puede estar enfrentando su propio dolor, enojo y desilusión acerca de la incapacidad de su hijo de criar a sus propios hijos.
El papel de ser padres de una generación a la que no se pertenece presenta retos y dificultades abrumadores.
Además de no estar actualizado con las modas, desafíos técnicos, música, actitudes y lenguaje de la juventud, los abuelos pueden enfrentarse con problemas cuando hace falta poner limites o disciplinar a los nietos.
Sería un error olvidar que la crianza de los nietos da satisfacciones y ofrece beneficios tanto a abuelos como a niños.
Los abuelos brindan a los nietos estabilidad, seguridad, afecto incondicional y modelos de conducta saludables.
Muchos abuelos, por otra parte, sienten un renovado propósito vital y un rejuvenecimiento a través de la dedicación y atención de los nietos.
Cuidar a los nietos puede ser muy gratificante, pero exige importantes cambios en la vida de los abuelos. Algunos aspectos que se deben tener en cuenta son la situación financiera, social, física, emocional e incluso legal.
En estos casos es importante informarse de los recursos que ofrece el gobierno y buscar la ayuda necesaria.
Pero aun en la situación mas frecuente, cuando el cuidado de los nietos es temporal y es una manera de estar cerca de ellos y apoyar a los hijos, es importante reconocer que puede haber fricciones y conflictos.
Muchas abuelas y abuelos, en su deseo de disfrutar de estos niños que les pertenecen de una manera diferente de los propios hijos, se involucran en la vida cotidiana de las familias ayudando con comidas ricas, transporte y recreación. Esta presencia permanente es bienvenida, pero a veces las demandas de los hijos se transforman en expectativas y resentimiento.
Es a través del respeto mutuo, del cariño y de la comunicación honesta que se resuelven estos problemas.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com, 469-328-7859.