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El placer sucio de comprar

04:19 PM CDT on Wednesday, August 29, 2007

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

La joven se detiene frente al escaparate iluminado. Parece que seguirá su camino, sin embargo se detiene, las manos aferrando su bolso, el rostro inquieto. La observo porque hay algo en su conducta que me apena. Entra al negocio y la sigo con la mirada. Tiene la actitud de buscar algo entre la ropa ordenada por color y talla. La veo escoger una prenda y dejarla, escoger otra y dudar. Al rato sale, apresurada, la expresión tensa, pero feliz, con un paquete bajo el brazo.

Mariela es una compradora compulsiva. Esta conducta le causa problemas, porque el placer de la compra tiene muy corta duración y pronto le invade un pesado sentimiento de culpa. Ella sabe que no puede justificar el gasto, porque su sueldo apenas alcanza para complementar el de su esposo. Mariela sabe que no necesita lo que ha comprado, que puede vivir sin ello, pero hay algo que la impulsa una y otra vez a recorrer el mismo camino: sucumbe a la tentación, se siente fuera de control, pelea con su pareja, se promete a sí misma que no volverá a suceder...y la situación se repite.

Al preguntarle que describa lo que siente cuando se compra algo (por lo general se trata de ropa, zapatos y maquillaje), Mariela refiere que se siente atraída por los colores y las formas y que toda la experiencia la llena de una excitación muy placentera. No sabe qué es lo que la impulsa, sólo sabe que los negocios son como imanes cuya fuerza de atracción es irresistible. En la búsqueda y la selección hay algo vibrante, la promesa de algo nuevo que le hará sentirse bien.

Mariela ha confesado que cuando sale vestida con algo recién comprado, se siente más bonita y le parece que la miran y la admiran más.

Cuando el esposo pierde su trabajo, la crisis que desencadena la falta de dinero lleva a Mariela a buscar ayuda y así es como consulta con una consejera que la ayudará a entender la causa del problema y la guiará en su resolución.

Para algunas personas (las estadísticas parecen demostrar que la mayoría son mujeres, pero los hombres también pueden exhibir este tipo de conducta) comprar es una verdadera adicción. Algunos estudios parecen indicar que estas personas suelen sufrir de ansiedad y de una baja autoestima y tienden a ser impulsivas y perfeccionistas.

Toda compulsión se origina en la angustia y es un intento de hacerla desaparecer. El problema es que de la euforia se pasa rápidamente a la culpa y la preocupación por las deudas.

Algunas sugerencias para interrumpir el círculo vicioso del comprador compulsivo:

Dejar las tarjetas de crédito y la chequera en casa y llevar sólo la cantidad de dinero necesaria para comprar lo que se ha decidido.

Limitar el tiempo que se dedica a estar en las tiendas.

Buscar otros intereses. Tomar una clase, hacer proyectos en la casa, encontrarse con amigos.

Obviamente, más allá de los aspectos patológicos que describimos, la tendencia al consumo está incentivada y estimulada desde lo externo por todo el sistema de publicidad y competencia que domina a nuestra sociedad. Desde ese punto de vista, todos seríamos en verdad "compradores compulsivos", ya que casi nadie escapa a las tentaciones, por mínimas que sean, que ofrece el bombardeo publicitario. Es importante advertir cuándo nuestras conductas consumistas están dentro de lo normal, y cuándo el exceso de gastos inútiles se van transformando en algo autodestructivo, que deteriora los lazos familiares y nos abruma de culpa.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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