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Superar la adversidad

04:15 PM CDT on Wednesday, August 29, 2007

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Una amiga muy querida me contó una historia que ha anidado en mi conciencia y que quisiera compartir con ustedes. El relato comienza con un hombre de edad madura que se dedica a plantar árboles en su finca. Su vecina lo observa desde la ventana, siguiendo con la mirada los movimientos ininterrumpidos y el ajetreo del hombre. Pero al pasar las semanas y los meses le llama la atención el hecho de que, a pesar del cuidado y la dedicación del plantador de árboles, este casi no los riega y los árboles demoran en crecer. Sorprendida y curiosa se acerca al vecino y le pregunta el por qué de ese tratamiento inesperado.

El hombre le contesta, con absoluta convicción, que "es mejor para los árboles", que así crecerán más fuertes. Esto la intriga más aún, y le pide al hombre que se explique. El hombre le contesta que "si regase las plantas las raíces se acomodarían en la superficie y quedarían esperando el agua que pudieran absorber fácil y rápidamente. Al no regarlas, los árboles se demorarían en crecer porque sus raíces tenderían a migrar para el fondo en busca del agua y las fuentes nutrientes de las capas más profundas del suelo."

Años después, al visitar su antigua casa, la vecina descubrió un hermoso bosque que, a diferencia de los árboles del vecindario, presentaba sus árboles firmes y erguidos a pesar de los fuertes vientos que los hostigaban.

Esta metáfora nos recuerda que las dificultades que nos presenta la vida no son siempre dañinas y que, por el contrario, pueden entenderse como una oportunidad de afianzamiento de la personalidad y la seguridad en uno mismo.

En la actualidad, las investigaciones en sicología se están enfocando cada vez más en los aspectos positivos de la personalidad. Nos preguntamos no solamente acerca del origen de conflictos y síntomas sino también acerca de lo que les permite a ciertas personas tolerar momentos difíciles y salir airosos del apuro.

En mi vida profesional, como en mi entorno personal, he escuchado los relatos más desgarradores contados por personas que han sobrevivido a experiencias traumáticas de todo tipo, y a pesar de ello o quizás en gran parte por ello, muchas mantienen un optimismo y una actitud hacia la vida que son admirables y hasta un tanto difíciles de comprender.

Pero entonces, ¿las experiencias pasadas no nos marcan y no moldean nuestra individualidad?, ¿qué se puede deducir de estas ideas?, ¿cómo educar a nuestros hijos para que sean lo suficientemente fuertes para tolerar las dificultades de la vida, pero también lo suficientemente flexibles para recibir el impacto de la realidad y ajustarse a ella?

¿Acaso deberíamos permitir, como el vecino de la historia, que nuestros hijos se enfrenten a situaciones desafiantes sin protegerlos de ellas?

La posibilidad de "salir a flote", de recuperar el equilibrio frente a un grave contratiempo, es un concepto liberador. Significa que no somos prisioneros del pasado y que podemos transformar las experiencias negativas en oportunidades de crecimiento interior. En los últimos años se va adoptando cada vez más el concepto de "resiliencia", término proveniente de la física y que se refiere a la cantidad de energía que es capaz de asimilar un material, sin deformarse. Trasladado a lo síquico, se aplica a la capacidad de las personas de capitalizar las experiencias negativas para fortalecerse.

Uno de los fenómenos más interesantes en este proceso es lo que se conoce como "cambio de encuadre", la posibilidad de percibir la situación adversa de tal manera que se la transforma en algo positivo, cuestión que la sabiduría folklórica ha expresado con la frase "No hay mal que por bien no venga".

Un ejemplo de esta notable transformación es el de una joven que he tratado por problemas de dolor, quien se presentó a la consulta clínica porque había tenido una forma de cáncer que provocó en ella ciertas limitaciones cognitivas. Esta muchacha había decidido confiar en su intuición de que la secuela de la enfermedad le permitiría entender y ayudar a niños con déficit intelectual. Y efectivamente, ella se podía identificar con las dificultades de estos niños y sentía que su experiencia personal le daba una perspectiva sin igual en la rehabilitación y entrenamiento de los pequeños.

La capacidad para tolerar la adversidad no significa que todas las personas puedan sufrir toda clase de infortunios sin sufrimiento y sin consecuencias. Muchos continuarán luchando por mantener una vida sana y normal, sufrirán de ansiedad y tendrán pesadillas, pero mantendrán una perspectiva optimista frente a la vida y podrán conservar la confianza en si mismos y en los demás. En otros, predominará el desaliento y lo traumático que se haya vivido carecerá de efectos favorables al fortalecimiento.

En resumen, estas observaciones desestiman la idea de que malos comienzos transforman a las personas en "individuos malos", que por ejemplo, los niños abusados necesariamente se transforman en abusadores. Los estudios indican que más de un tercio de estos niños decide que ellos no repetirán la historia de abuso vivida en sus familias, y mantienen su determinación al llegar a la adultez y lo logran.

Por último, quisiera enfatizar un aspecto importante: el medio ambiente, la presencia de otras personas (padres, parientes, maestros, médicos) es un elemento indispensable para reponerse de traumas, pérdidas y situaciones desgraciadas. El elemento trascendental reside en no tener que pasar por el trauma en soledad.

Quizás la clave consista en salir de cierto dogmatismo que predominó durante muchos años en la sicología, y que atribuye a las primeras experiencias de la niñez el rumbo casi ineludible que tomará la vida posterior. Si bien es cierto que esos primeros años y esas primeras personas, los padres, son fundamentales, también es cierto que existe la libertad de buscar nuevos referentes y nuevas oportunidades. No es casual que la palabra "crisis", signifique en su acepción original del griego, justamente eso, oportunidad. Oportunidad de elegir nuevos espacios, mejores que los que nos tocaron en suerte. Y nuevos vínculos, más confiables y brindadores de afecto, que nos ayuden a tener una visión más benévola del mundo.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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