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Compararse puede ser muy útil

08:49 AM CST on Wednesday, February 20, 2008

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Un artículo reciente en una revista de modas que suelo hojear en esos raros momentos en los que las demandas disminuyen, me ha invitado a pensar en la frecuencia con la que el fluir de mi pensamiento se detiene capturado por la imagen de alguien que me llama la atención y con la que me comparo.

Esto me sucede, por ejemplo, cuando salgo del gimnasio, sudorosa y cansada, y la joven desconocida pasa al lado mío como una brisa, bella y segura de sí misma, como si el ejercicio fuese, para ella, una actividad placentera y fácil.

En la nota de la revista, la autora me ha hecho recordar la experiencia cotidiana de los viajes en avión. Es verdad, cuando finalmente paso por la seguridad del aeropuerto, mi blusa está arrugada, el cabello está en desorden y me siento sudorosa y agobiada por el bolso que llevo en mi mano derecha, la mochila a mi espalda y el café y el libro balanceándose en la mano que me queda libre. Respiro hondo y miro a mi alrededor, tratando de ubicarme, y allí está ella, una mujer impecable, elegantemente vestida, sonriente y relajada. Lleva un bolso en el hombro y camina sin apuro, como si estuviera paseando por la terminal.

Las mujeres nos comparamos constantemente, y estoy segura que los hombres también, aunque quizás de una manera diferente. Y no me refiero aquí al fenómeno que se limita al aspecto exterior, sino a una comparación más profunda, una que tiene que ver con la imagen interna que nos define.

La percepción que tenemos de nosotros mismos se desarrolla en un entorno social. La manera en que nos ven los demás, o que nosotros creemos o deseamos ser vistos, comienza desde el nacimiento a través de los vínculos con padres y otras personas significativas.

Por otra parte, no podríamos construir una imagen de nosotros mismos realista sin que este proceso implique algún grado de comparación social. Esta evaluación no solo nos prepara para una interacción exitosa en sociedad, también nos permite desarrollar empatía y curiosidad por lo que les sucede a las otras personas.

Sin embargo, la comparación a la que me refiero es la que ocurre a diario, a veces quizás sin darnos cuenta. Es aquella que, por un instante, nos lleva a formular una fantasía en la que somos aquella persona admirada y que quizás refuerce la conciencia de nuestras propias limitaciones e inseguridades.

La consecuencia negativa de evaluarse en comparación con los demás reside en una comparación que enfatiza las diferencias, la distancia entre lo que queremos ser y lo que apreciamos en la persona admirada.

Un estudio cuyos resultados han aparecido en la Revista de Psicología Social demuestra que las comparaciones que hacemos con los demás pueden tener efectos muy positivos si sabemos cómo aprovecharlas. El secreto consiste en prestar atención a lo que podemos encontrar como semejanzas con la persona admirada.

Así, por ejemplo, si el pensamiento que se nos cruza es "que suerte la de ella, tiene una familia que la apoya", la toma de conciencia del afecto que nosotras también recibimos de personas queridas puede servir para mejorar nuestra autoestima y acrecentar nuestro bienestar. Y si la observación me lleva a admirar el hermoso perfil de la mujer que se baja del auto frente a mi, puedo reflexionar que la naturaleza ha sido generosa conmigo también al heredar los bellos ojos verdes de mi madre.

También es importante tener en cuenta nuestra propia "proyección" de deseos en los demás. Esa desconocida que pasa cadenciosamente a nuestro lado, que "parece" tan segura y feliz, es producto de nuestra imaginación. La realidad es que no sabemos si se siente segura y feliz, nos parece que lo es.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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