Hay dos significados etimológicos de la palabra duelo, y los dos provienen del latín. Una acepción viene de la palabra "duellum", que significa pelea o guerra, en el sentido de que los hombres se "batían a duelo" para resolver un conflicto o afrenta. Por otra parte, la palabra latina "dolus" deriva del verbo "dolere", y su significado es "doler", "sufrir" o "penar".
Quienes han sufrido la experiencia de perder un ser querido podrán identificar inmediatamente las emociones correspondientes al segundo significado que se define más arriba. La muerte de un ser querido es una realidad que nos golpea y modifica nuestros sentimientos de salud y bienestar. Por mucho tiempo pareciera que nunca volveremos a recuperar el equilibrio, y el vacío que deja el vínculo perdido se siente con gran intensidad y nos invade una tristeza densa que no termina de disiparse.
Sin embargo, la primera acepción no es totalmente ajena a este sentido doloroso del duelo por pérdida, ya que en este caso también existe pelea, pero es una pelea interna con los propios sentimientos, ambivalentes o difíciles de aceptar. La persona que ha sufrido una pérdida, se "bate a duelo" con su enojo, con su angustia, con sus frustraciones y culpas.
La experiencia del duelo es tan variada como son las vivencias de cada ser humano. Pero existe un común denominador esencial: la calidad del vínculo con la persona desaparecida será un factor determinante de la intensidad, modalidad y duración del proceso de duelo.
Los sentimientos de culpa serán más difíciles de elaborar si la relación ha sido complicada y ambivalente, si los sentimientos de amor han sido acompañados por experiencias de enojo y resentimiento.
Muchas veces se siente enojo ante la dolorosa e irracional sensación de haber sido abandonados. Aparece la creencia de que el amor no ha sido suficiente para sostener el vínculo y mantener al ser querido a nuestro lado.
Pero son los sentimientos de culpa los más difíciles de modificar. Es normal preguntarse si uno habrá hecho lo suficiente para cuidar a la persona que falleció, y muchas veces las imágenes del pasado se presentan torturantes, denunciando situaciones en las que nos reprochamos el no haber sido sensibles, generosos, pacientes y amables con el ser querido que ya no está. El arrepentimiento nos ahoga y deseamos poder volver atrás y borrar las acciones cometidas que nos hacen sentir mal.
Junto con estas emociones existen también síntomas físicos, tales como cansancio, falta de energía, dificultad para concentrarse, falta de motivación y hasta un sentimiento de "despersonalización". Estos síntomas no deben subestimarse, ya que se calcula que un tercio de las personas que pasan por una situación de duelo sufre alteraciones cuyos efectos son perjudiciales para la salud física y mental.
Algunos estudios indican que el proceso de duelo abarca diferentes etapas por las que necesariamente habrá que transitar hasta llegar a un nivel de aceptación. El tiempo de superación de cada fase será una ecuación totalmente individual y única, en la que tendrán que ver tanto el perfil de la persona en duelo, como las características del vínculo perdido.
Las etapas son:
•Negación: "Esto no puede estar sucediendo" es un pensamiento frecuente. Algunas personas se sorprenden cuando, por momentos, parecen "olvidar" lo que ha sucedido y esperan que el ser querido fallecido aparezca en sus vidas en cualquier momento, como lo hacía habitualmente.
•Enojo: A veces este sentimiento esta dirigido hacia "Dios", la "naturaleza" o "la mala suerte", pero a veces puede estar dirigido a otras personas a las que se les culpa por lo ocurrido.
•Negociación o regateo: Es el proceso por el cual, fantásticamente, se hacen ofrecimientos o promesas a cambio de la presencia querida.
•Depresión: El sentimiento de tristeza y dolor son extremadamente reales.
•Aceptación: A diferencia de la resignación, la aceptación implica que el proceso o "trabajo" de duelo se ha cumplido y la vida, así modificada, podrá continuar. Con frecuencia la aceptación incluye un proceso de "identificación" con algún aspecto o característica significativa de la persona, como cuando se adopta una manera de vestirse o un proyecto que identificaba a la persona que se extraña.
Es importante destacar, una vez más, que los duelos son diferentes no sólo en cuanto a que cada persona lo vive de manera única sino que también las circunstancias pueden ser más o menos traumáticas según los casos. Por ejemplo, no es igual el duelo por la pérdida de un padre o madre ancianos que por la pérdida de un hijo. Y en este último caso también se deben incluir los duelos por aborto espontáneo o inducido.
Por último, algunas palabras acerca del "duelo patológico". Llamamos así a aquellas situaciones en las que el proceso de duelo no se produce, o se prolonga excesivamente. Según el médico y escritor Jorge Bucay, existen diferentes tipo de "duelos enfermizos".
Estos son:
•El duelo ausente. Sucede cuando la persona no puede reponerse del impacto de la pérdida, y no logra iniciar su elaboración.
•El duelo conflictivo. Cuando el proceso de duelo se pone al servicio de otras motivaciones diferentes de elaborar la pérdida, por ejemplo para eludir responsabilidades.
•El duelo retrasado. Cuando los sentimientos frente a la muerte del ser querido no pueden identificarse y reconocerse claramente, y las ambivalencias demoran la iniciación del duelo.
•El duelo desmedido. Esto sucede cuando la expresión emocional se desborda excesivamente, y distorsiona la propia vida y la de terceros.
•El duelo crónico. Cuando el proceso no llega a concluirse, ya sea porque se ve interrumpido o porque se detiene "morbosamente" en alguna etapa.
Pero, advierte Bucay, "lo enfermizo no aparece por el duelo sino con el duelo, y es siempre expresión de una patología previa. En estos casos será necesaria la ayuda profesional.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.