Una tarde de verano la señora y el señor Hernández esperaban su turno para consultar acerca de su hijo mayor, Carlitos.
La mamá se veía nerviosa y tensa. El papá, por el contrario, parecía tranquilo, casi ausente.
La señora Hernández comenzó el relato: estaba muy preocupada por la conducta de su hijo, un muchachito muy inteligente de 9 años. La madre describía las continuas peleas del niño con sus hermanos, y también contaba que su hijo se rehusaba a guardar sus cosas, se negaba a bañarse e incluso había que estar persiguiéndolo para que se lavara los dientes.
Cada mañana se convertía en una batalla campal para levantarse, vestirse, desayunar y llegar a tiempo a la escuela.
De más está decir que tampoco realizaba las tareas que se le indicaban, desde cumplir con los proyectos escolares hasta ayudar en la casa.
La mamá confesaba que se pasaba el día enojada y gritando. Se sentía cansada, frustrada y especialmente afligida porque temía que Carlitos terminaría siendo un muchacho rebelde e inadaptado.
Me pareció evidente que Carlitos era, no sólo un niño difícil, sino también un niño poco feliz. Porque nadie que se comporte como él y reciba regaños y quejas, puede sentirse bien.
El papá se hizo eco de la preocupación de su esposa, pero agregó que Carlitos no se portaba tan mal estando con él, en su opinión era el carácter impaciente de la mamá lo que empeoraba las cosas.
Esta escena se repite, con detalles diferentes, en muchas de las narraciones que escucho en las consultas por trastornos de conducta en los niños.
Es necesario comprender por qué los niños se comportan de una manera indeseable. El profesor Charles Smith, de Kansas State University, hace la siguiente comparación: si observamos que una olla llena de agua hirviendo está desbordando, no se soluciona nada tapándola más fuerte y con gran presión.
Alguien debe reducir el fuego debajo de la olla. Si los padres pueden identificar el origen de la conducta conflictiva, tendrán mas éxito en sus intentos por eliminarla.
Una observación interesante es que los problemas de conducta de los niños son, con frecuencia, el resultado de la atención mal dirigida de los adultos. Esta afirmación puede resultar extraña; pero los regaños, las amenazas y las criticas pueden en realidad reforzar las conductas negativas.
Cuando los niños logran la atención de los adultos portándose bien, lo hacen. Lamentablemente los adultos, sin darse cuenta, prestan más atención a las conductas molestas.
El doctor Smith identifica seis motivos que desencadenan la mala conducta:
Los niños logran la atención que desean con sus malas conductas. A veces la única manera de lograr la atención de padres muy atareados es a través de la desobediencia. Incluso el castigo puede actuar como "premio".
Los niños copian de los padres. Por ejemplo, un niño agresivo en la escuela tiene un papá que lo castiga físicamente con frecuencia, sea porque ha dejado un juguete en el comedor o porque no se ha movido bastante rápido cuando se le ordenó que lo haga. Esa se transformó en su conducta habitual frente al conflicto.
Los niños ponen a prueba la consistencia y coherencia de los padres. Los niños respetan a los padres que establecen límites de una manera firme y justa.
Los niños intentan establecer su identidad e independencia. Un ejemplo es el de la pequeña de tres años que se niega a ir a la cama y lo expresa levantando la voz y cruzando los brazos mientras dice "¡no dormir, papi!". Su resistencia es significativa, primero porque está diciendo "soy una persona y tengo mis propias ideas" y segundo porque al poder hacerlo está indicando que la relación que tiene con su papá es tal que le da seguridad y no teme decir lo que piensa.
Pasividad y sumisión no son, necesariamente, signos de salud. Es lamentable que algunos padres consideren que un niño obediente es un niño bueno, y que uno rebelde es malo. Algunos niños no se animan a expresar sus sentimientos por miedo a la autoridad de los adultos.
Los niños a veces se portan mal para protegerse. A menos que sientan mucho miedo, los niños se ponen a la defensiva cuando se sienten amenazados. Un chiquitín le pega al niño que quiere sacarle su juguete favorito, un adolescente pelea para que no le roben su campera. Es importante enseñarles a los niños a resolver conflictos sin lastimar ni ser lastimados.
Los niños a veces se portan mal porque se sienten mal. Lo que sucede es que el niño actúa de acuerdo con la imagen que tiene de sí mismo: si piensa que es tonto no pondrá empeño en el estudio, si siente que no lo quieren y que es malo tratará mal a sus compañeros. Es necesario estimular en los niños el respeto por sí mismos, la valentía y la compasión.
Sin embargo, hay muchas razones por las cuales los niños desobedecen.
No se debe olvidar que las palabras, lo verbal, no constituyen el medio de comunicación privilegiado de los niños como sí lo es para los adultos. Los niños, en particular los más pequeños, se expresan primordialmente a través de la conducta y del juego. Así es que una conducta agresiva puede expresar tristeza o preocupación, como sucede con algunos niños que se tornan agresivos en la escuela cuando hay conflictos en la casa o ante una amenaza de divorcio que causa una enorme inseguridad.
Si tu hijo muestra cambios de conducta repentinos, o si los problemas comienzan a afectar su desempeño en la escuela o alteran su vida social, es recomendable la consulta a un profesional, puesto que pueden indicar problemas emocionales más serios, como la depresión infantil o los problemas de déficit de la atención.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas.
Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.