Comenzaré hoy con las palabras de Ingmar Bergman, el gran cineasta sueco: "Envejecer es como escalar una alta montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista se hace más amplia y serena".
Este pensamiento refleja una visión optimista de la vejez, que no es común. Lo habitual es la percepción de la vejez como una etapa de deterioro. Basta recordar los refranes que la cultura ha acumulado sobre el tema: "La vejez no mejora el corazón: lo endurece"; "en la vejez no se hace más que repetirse"; "en la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir" y tantos otros.
Sin embargo, estudios recientes acerca de los procesos cerebrales indican que no necesariamente la capacidad mental o la inteligencia emocional disminuyen a medida que pasan los años.
Las últimas investigaciones acerca del funcionamiento cerebral demuestran que las neuronas pueden regenerarse y reorganizarse. La neuroplasticidad es una cualidad del sistema nervioso por la cual el cerebro puede crear nuevas conexiones o caminos neuronales nuevos. Esto sucede particularmente en los ámbitos del aprendizaje y la memoria.
En síntesis, lo que este concepto indica es que el cerebro se puede modificar positivamente a través de la actividad mental continua.
Se ha descubierto, por ejemplo, que los taxistas tienen el hipocampo (parte del cerebro en donde se almacena la memoria espacial) más desarrollado y que los músicos tienen más desarrollada el área de la corteza donde se procesan los sonidos musicales. Cuanto más se ejercita una parte del cerebro, mayor es el desarrollo de esa función particular.
Una observación importante es la siguiente: con la edad se incrementa la experiencia y se ponen en funcionamiento las rutinas cognitivas que nos permiten vivir sin necesidad de procesar cada experiencia nueva.
Esto tiene su aspecto positivo, ya que ahorra tiempo y energía. Sin embargo, una consecuencia negativa es que a medida que avanzamos en edad se va deteriorando la parte del cerebro que se dedica al aprendizaje. Podríamos decir que a medida que avanzamos en años nos volvemos cómodos y funcionamos en piloto automático.
Para mantener la agilidad mental y evitar el desgaste es imprescindible hacer gimnasia mental. Un régimen que estimule la actividad mental permitirá mantener el cerebro joven.
Ya sea aprendiendo a bailar o estudiando un idioma nuevo, no importa cuál sea la actividad, habremos hecho que nuestro cerebro rejuvenezca.
Una vida intelectualmente activa en la que existan hábitos de lectura, se ejercite la memoria, se tenga amigos con quienes conversar y se realicen diferentes actividades, favorece la lucidez.
En otra investigación realizada en la Universidad de Sydney, se observó que la estabilidad emocional también mejora a medida que transcurren los años.
La doctora Blakemore ha señalado que la parte del cerebro que utilizan más los adultos, en comparación con los jóvenes, está relacionada con un nivel más elevado de pensamiento, que incluye calcular las consecuencias de nuestras acciones en su relación con las emociones y sentimientos de otras personas.
La perspectiva que da la edad, a través de la experiencia, permite a la persona anticipar las consecuencias de la conducta y controlar mejor sus emociones.
Es necesario aquí una aclaración: es el conjunto de factores genéticos, históricos, culturales y sociales lo que determinará el camino que la persona recorrerá en la vejez y la posibilidad de lograr la meta deseada: llegar a la vejez con buena salud física y mental.
Es por esta misma razón que el logro de un envejecimiento pleno no puede ser producto de improvisaciones o maniobras de último momento. Es desde mucho antes, desde las etapas de juventud y madurez, que se deben ir instalando los hábitos que nos permitirán abordar con optimismo y esperanza la última etapa de la vida.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.