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Hay que amarse a si mismo

10:57 AM CDT on Wednesday, June 24, 2009

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Es un concepto aceptado casi universalmente el que afirma que, para amar a otros, es antes necesario amarse a uno mismo.

Pero es importante no confundir entre la verdadera autoestima, y el fenómeno denominado "narcisismo".

Si bien parecen estar satisfechos de sí mismos, los narcisistas se mueven por impulsos egoístas, manipuladores, que los conduce a la infidelidad y a la avidez de poder.

Su falta de empatía y desinterés por los sentimientos de los demás transforman cualquier interacción duradera en una fuente de sufrimiento y frustración para aquellos con los que se vinculan, y muy particularmente cuando se trata de relaciones de pareja.

Este tipo de personalidades corresponde a un espectro que va desde una percepción un tanto agrandada de si mismo, hasta una franca patología, la Personalidad Narcisista.

En casos graves el individuo exhibe una pedantería extrema, incapacidad para ponerse en el lugar del otro e imposibilidad de aceptar cualquier crítica.

Un ejemplo de este tipo de egocentrismo es el de una señora quien, ante el fallecimiento súbito de su esposo, se queja amargamente, sintiéndose víctima de su abandono.

Sólo recuerda sus puntos débiles, se niega a aceptar que el esposo ya no estará más para atenderla y pretende que su hijo se ocupe de ella de modo absoluto, ignorando sus otras responsabilidades como padre y esposo.

Cuando no consigue lo que quiere se enoja y se sume en un indignado silencio.

Las personas narcisistas anhelan ser el centro de atención y para conseguirlo despliegan una combinación de auto confianza y encanto, de modo que resultan seductores.

El problema surge cuando la expectativa de recibir siempre un trato especial se malogra, puesto que se ofenden fácilmente y se hunden en el resentimiento.

El "amor propio", el estar satisfecho de uno mismo, es beneficioso y saludable siempre y cuando no conduzca a actitudes despóticas y rígidas que impidan percibir y respetar las necesidades de los demás. Estudios señalan que, internamente, todos pensamos que somos mejores, más amistosos, responsables e inteligentes.

Y es común y aceptable torcer la realidad a favor de uno, si en ello se encuentra una protección ante las dificultades de la vida. Carl Vogel destaca que, por ejemplo, si nos fue bien en un examen nos felicitamos, y si nos fue mal nos quejamos que era muy difícil o que los resultados fueron injustos.

Esto es normal y necesario para mantener intacta la confianza en sí mismo. En cambio, deja de ser apropiado cuando la persona se aprovecha de los otros para alcanzar sus propios intereses o metas.

Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Escríbele a reflexiones_rw@hotmail.com o llama al 972-248-8416.

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