La incertidumbre y la duda son aspectos intrínsecos de la vida humana. Sin embargo, todos buscamos la certeza y necesitamos sentirnos seguros al abrigo de una verdad incuestionable.
Sin embargo, aunque dudar nos causa malestar, también es cierto que si aprendemos a tolerar la ansiedad que nos produce, aumentaremos las oportunidades de autoconocimiento y la comprensión del mundo que nos rodea.
Una de las ventajas que ofrece la duda es que al abrir interrogantes, también nos muestra nuevas posibilidades de sentir, pensar y actuar. Nos transforma en seres más flexibles y espontáneos, más creativos y curiosos.
En el ámbito de las relaciones humanas, la duda nos lleva a querer saber más acerca de la otra persona y de este modo permite una mejor comprensión de la realidad y enriquece el vinculo con los demás.
Una de las situaciones más frecuentes y quizás la más enriquecedora en todo proceso de sicoterapia es la que surge cuando el terapeuta cuestiona las percepciones, creencias y juicios de valor de la persona que viene a la consulta. La semilla de la duda así plantada puede conducir a un proceso de reflexión esclarecedora, a una apertura al conocimiento propio y de los demás que abrirá las puertas de la mente a una vida mas plena y más rica en satisfacciones y experiencias.
Un ejemplo que ilustra este punto es el de las parejas que consultan por conflictos en la relación. Hay, con frecuencia, una constante y mutua proyección de culpas por la cual se percibe al otro como responsable por el malestar de la pareja. Cada uno está convencido de "su verdad" y afirma que el otro está equivocado. Sin embargo, si las personas aprenden a cuestionar su propio punto de vista, adquieren la suficiente flexibilidad como para considerar la percepción de la otra persona, una visión diferente comienza a formarse y permite una mejor comprensión de las situaciones que producían conflicto dando lugar a una mejor comunicación y resolución de los problemas.
Pero, por otra parte, si la duda es excesiva, puede llevar a un sentimiento de parálisis e inmovilidad. Sentimos que no podemos avanzar, que la duda nos captura y nos sume en desesperación.
Esto es, justamente, lo que les sucede a las personas que tienen personalidades obsesivas o compulsivas. En casos muy graves, la necesidad de asegurarse de que todo está bien, en orden, produce conductas paralizantes: no pueden salir de la casa si no cuentan sus pasos, si no se lavan las manos una cierta cantidad de veces, si no regresan una y otra vez para confirmar que la puerta ha quedado bien cerrada.
Hay personas tan indecisas que no pueden elegir una tarjeta de felicitación para el Día de las Madres porque se ven consumidos por la duda y por el deseo de encontrar "la tarjeta perfecta" que nunca se visualiza en la realidad.
Si usted se siente identificado con algunas de estas personas, es importante que reconozca que estos son síntomas de una condición mental que se denomina "desorden obsesivocompulsivo" cuyo tratamiento requiere ayuda profesional.
La capacidad con la que contamos para tolerar la ambigüedad creada por la duda se remonta posiblemente a las primeras experiencias de la niñez. Si las necesidades básicas de alimento, amor y protección han sido satisfechas y el niño ha desarrollado un sentimiento de seguridad y confianza en su entorno, podrá cuestionar su mundo sin sentirse amenazado. Si, por el contrario, ha experimentado rechazo, será más difícil tolerar cuestionamientos y dudas ya que estas agudizarán aun más la sensación de inseguridad y la amenaza al abandono emocional.
Son, en última instancia, las dudas las que estimulan los descubrimientos científicos, las que promueven el conocimiento.
Algunos consejos para evitar ser paralizado por la duda:
Desafía las dudas con la acción. La duda y la acción son incompatibles.
Recuerda que la duda normal es saludable puesto que le permitirá conocerse mejor.
No rechaces la duda, quizás te esté indicando algún sentimiento que deberás considerar.
Relájate y permite que la duda permanezca en tu mente consciente, es un fenómeno natural y necesario.
Si te sientes estancado trata de escribir brevemente lo que piensas y déjalo a un lado. Es probable que la intensidad de la duda se disipe con el tiempo.
En cuanto a la duda positiva, la que abre y flexibiliza, es bueno a veces volver atrás en los recuerdos y en las experiencias pasadas, y descubrir hasta qué punto fueron los permisos que nos otorgamos para dudar, los que nos condujeron a logros que enriquecieron nuestra vida.
Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.