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Atrapados por la culpa

04:16 PM CDT on Wednesday, August 29, 2007

Por ROSALINDA WEISZ

La capacidad de experimentar el sentimiento de culpa es propia de una mente madura y normal y está relacionada con los conceptos de arrepentimiento y "reparación".

Sin embargo hay otra culpa, que podríamos llamar enfermiza o patológica, que actúa de manera disfuncional y destructiva.

Es fácil encontrar ejemplos de la primera en la vida cotidiana. La mamá que, quizás por cansancio o frustración, le grita a su niño porque ha derramado accidentalmente la leche del desayuno, puede reconocer en seguida que su reacción ha sido exagerada e injusta, e intentará disolver la tensión que generó, con una caricia y una sonrisa. El esposo que llega tarde a casa porque se ha entretenido con sus amigos y ha perdido la noción del tiempo quizás se sienta culpable al saber que su mujer lo ha estado esperando, y encontrará la forma de contrarrestar el enojo y la preocupación de su esposa con algún gesto amable.

Pero es la otra culpa, aquella que no afloja su garra y que no admite expiación, la que debe preocuparnos.

Un ejemplo frecuente de esta última lo ilustra el caso de José, quien 6 años después del fallecimiento de su madre, continúa lamentándose por no haberla acompañado durante los últimos meses de su vida, por no haberla visitado con más frecuencia, por impacientarse y por haber discutido con ella.

José no puede dejar de pensar en las oportunidades perdidas y siente que ha sido un mal hijo y que eso lo transforma en una "mala" persona.

Se puede describir lo que sucede con la culpa como una lucha entre dos aspectos de nuestro mundo interno. Una parte, la consciente, permite el reconocimiento de que se ha actuado (o pensado) mal. Esa es la parte que involucra nuestro razonamiento y la capacidad de ponernos en el lugar del otro. Y está el otro aspecto, menos consciente (o inconsciente), el de las experiencias y valores incorporados en la niñez y en donde residen los ideales y que a veces se transforma en el juez más exigente y cruel.

Pero existe además un ingrediente que es clave para entender lo que sucede con la culpa, que en el lenguaje sicológico se llama "ambivalencia". Este concepto describe un fenómeno normal del desarrollo, que tiene que ver con la capacidad de integrar y aceptar el hecho de que podemos albergar sentimientos diversos, e incluso opuestos (positivos y negativos) frente a la misma persona. Cuando no se ha logrado esta aceptación, entonces la culpa se hace más difícil de tolerar, ya que para lograr alivio sería necesario "borrar" los sentimientos negativos (decepción, frustración, odio). En el ejemplo de José, el conflicto se presenta frente a los sentimientos de amor, por un lado, y de rencor y odio, por otro lado, que ha sentido hacia su madre. La incapacidad de aceptar la ambivalencia de este vínculo le ha impedido reconocer que ha sido un buen hijo, a pesar de las dificultades que se han presentado en la relación con su madre. Si José pudiera rescatar los aspectos positivos y amorosos de la relación se sentiría menos culpable y aliviaría su dolor.

José, en un intento desesperado de reparación, ha sentido que era suya toda la responsabilidad de la relación, sin poder considerar que su madre también había tenido un papel en el conflicto que surgía entre ambos.

A veces los sentimientos de culpa son tan poderosos que la persona busca, inconscientemente, "pagar" por el daño que, real o imaginadamente, ha provocado. Todos hemos leído historias de famosos criminales que parecen dejar, intencionalmente, huellas que claramente llevarán a su captura.

En situaciones menos dramáticas y más cotidianas, los sentimientos de culpa y el deseo de expiación pueden llevar a actitudes de autosabotaje y silencioso tormento. Esto puede generar agresiones y desprecios contra uno mismo, tales como beber o comer en exceso. El culposo siente que de esa forma compensa el daño que cree que causó.

Más allá de los aspectos que hemos analizado, la culpa es un tema que trasciende la sicología y se interna también en la filosofía. No existe prácticamente ningún abordaje de la realidad humana que no ponga a la culpa como uno de sus temas centrales.

Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com, 469-328-7859.

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