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Cuando lo aciago nos hace fuertes

12:00 AM CDT on Monday, September 1, 2008

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

"Los árboles que crecen en lugares sombreados y libres de vientos se hacen blandos y fangosos; los árboles que están a la intemperie, golpeados por los vientos, se hacen más robustos que el hierro".

San Juan Crisóstomo. Obispo de Constantinopla. Siglo 4.

A veces me pregunto si los profesionales de la salud mental no estaremos cometiendo un error cuando tendemos a considerar todo síntoma como señal de anormalidad. A veces pienso que, sin darnos cuenta, interpretamos todo sufrimiento como enfermedad, a la que por ser tal, debe evitarse y borrarse de la experiencia humana.

Es natural que, enfrentados al dolor de otro ser humano, pretendamos ofrecer alivio y consuelo. Es así que, ante un paciente que manifiesta síntomas de una posible depresión clínica, decidimos recomendar una evaluación siquiátrica y la opción de una medicación que alivie el sufrimiento.

Es evidente que cada caso deberá ser evaluado según parámetros precisos que rigen la práctica profesional, pero muchas veces, ya sea por la demanda del mismo paciente que consulta y busca un alivio inmediato, como por el deseo del profesional de ayudar y de mitigar el sufrimiento, tendemos a priorizar la desaparición de un síntoma cuyo significado y función quizás puedan revelar algo importante de la persona que hace la consulta.

Es importante poder descubrir cuándo, por ejemplo, la tristeza corresponde a un cuadro clínico de depresión y cuándo es una señal, un indicador de algo que no está bien, pero que representa la punta de un hilo que la persona que sufre está en condiciones de seguir por sí mismo, para descubrir las causas y modificar su tristeza.

A veces la medicación apresurada calma el síntoma pero esconde el significado. Es algo así como lo que sucedería con una infección en el cuerpo, la medicación calmante (analgésica) sería un paliativo temporal, pero el origen de la infección quedaría encubierto y si no se procede a investigar y tratar la causa se puede perder al paciente.

Otro error frecuente ocurre cuando pensamos que los sufrimientos pasados son determinantes de la personalidad o cualidad de vida en el futuro.

Más aún, a veces llegamos a concluir que los sucesos traumáticos necesariamente producirán enfermedad y patología.

Este es un prejuicio que la experiencia desmiente.

He podido comprobar, tanto en mi vida profesional como personal, que ciertos tipos de sufrimiento si bien dejan cicatrices que atestiguan lo ocurrido, transforman a las personas de una manera positiva, en el sentido de que permiten una percepción enriquecida de sí mismos, un sentimiento de fortaleza y confianza internas y una mayor capacidad de empatía y sensibilidad hacia las experiencias dolorosas de los demás.

El siquiatra Steven Wolin ha expresado su advertencia de este modo: "No debemos considerar la condición humana como una patología ni las dificultades y fracasos humanos como una enfermedad".

Un ejemplo ilustrativo es el de las familias de alcohólicos. Se piensa que los hijos de alcohólicos están destinados a la misma adicción que sus padres, sin embargo sólo un 15 por ciento sucumbirá a esa condición.

Este es un fenómeno interesante, que nos obliga a reconsiderar la capacidad del 85 por ciento de los hijos de alcohólicos que son capaces de reflexionar acerca de lo que sucede en la familia, de permitirse posibilidades diferentes, y de encontrar la fuerza y la motivación para desafiar y transformar la realidad que han vivido y construir una buena imagen de sí mismos.

En el ámbito de la vida familiar y cotidiana también se puede observar que los niños a los que se les da permiso para explorar y equivocarse, son los que crecerán con un sentimiento de seguridad en sí mismos, confianza de la que los niños sobreprotegidos a menudo carecen.

No somos víctimas pasivas de nuestras circunstancias, la capacidad de transformación y cambio está siempre presente.

De hecho, el origen de la palabra "crisis" apunta al concepto de "oportunidad".

Es importante recordar que si nos vemos paralizados por el pasado, si nos sentimos enojados, asustados o solos, hay muchos recursos a nuestra disposición (programas comunitarios, hospitales y clínicas y profesionales de la salud) en donde encontraremos ayuda y guía.

Serán los profesionales, médicos, consejeros y psiquiatras, los responsables de clarificar acerca de la necesidad de medicación para aliviar el sufrimiento, o la conveniencia de afrontarlo y superarlo a partir de los propios recursos emocionales o a de un proceso de psicoterapia.

Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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