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Un monstruo con muchos rostros

04:15 PM CDT on Wednesday, August 29, 2007

Por ROSALINDA WEISZ

Hay que aceptarlo: nuestros jóvenes estan expuestos a la oferta de drogas ilícitas en las calles, con los amigos y en las escuelas. Todos son potenciales víctimas. Y para mantener a los hijos alejados de la tentación de probar drogas, la guía del entorno familiar es la mejor y más apropiada herramienta.

CARLOS MORENO/AL DÍA

No es una tarea fácil, pero todo padre debe preguntarse qué hacer si sospecha que su hijo podría estar consumiendo drogas. Y, sobretodo, cómo empezar a dialogar con sus hijos sobre esta plaga.Las noticias de los últimos días, acerca de la vida de un joven de sólo 15 años truncada supuestamente por una sobredosis de la droga conocida recientemente como "cheese", nos ha convulsionado y horrorizado.

En cuanto se menciona el tema, los padres de hijos adolescentes se estremecen y confiesan que la cuestión de las drogas es un fantasma siempre al acecho.

La adicción a las drogas es, realmente, un monstruo de muchos rostros. ¿Es este un fenómeno que tiene que ver con la patología individual?, ¿es un problema familiar?, ¿social?, ¿político?

La complejidad de este rompecabezas tiene, muchas veces, un efecto paralizante y, como consecuencia, la tendencia es adoptar, casi inconscientemente, una actitud esperanzada y evitadora que refuerza la fantasía de que "a nuestros hijos no les pasará nada".

Una dificultad fundamental es la que se plantea cuando se intenta remediar el problema una vez que éste se ha instalado en nuestras vidas, ya sea a través de actitudes punitivas (castigando al que vende la droga y al que la usa) o a través de diversos tipos de tratamiento.

Sin negar la enorme importancia de estas acciones, considero que el énfasis en la prevención es absolutamente necesario y exige desarrollar una visión más profunda acerca de los desencadenantes de este fenómeno devastador.

En primer término, debemos recordar que el periodo de la adolescencia es turbulento y difícil, particularmente en la época que estamos viviendo. Tan sólo considerando la invasión tecnológica, debemos reconocer que los jóvenes tienen acceso a todo tipo de información y que el nivel de estimulación es tal que excede en muchos casos la capacidad de procesar todo lo que se presenta con la rapidez y profundidad necesaria.

A nivel del desarrollo cerebral y neurológico, recientes estudios indican que, a pesar de que el adolescente presenta una capacidad superior para pensar de forma racional y abstracta, sin embargo las terminaciones neuronales aun no han logrado el nivel de madurez del adulto. La observación de adolescentes revela que, frente a una situación de crisis en la cual predominan los aspectos externos de la realidad, el joven deja de actuar de manera racional frente al impacto del estimulo exterior y la parte del cerebro que se ocupa de la toma de decisiones y del control de la conducta (que aún no está completamente desarrollada) afectará su capacidad para elegir conductas adecuadas.

Por otra parte, los jóvenes están en una etapa formativa de la vida en la que el deseo de explorar, experimentar y entender distintos aspectos de la realidad constituye la tarea más importante. La presión de los amigos, el deseo de ser aceptado socialmente y la dificultad para tolerar los innumerables desafíos de una sociedad en constante cambio son otros factores que empujarán a algunos jóvenes a buscar alivio, excitación y recreación en el uso de las drogas.

Dejaré para otro debate, o para los expertos, el análisis de los aspectos sociales, económicos y políticos de la venta y el abuso de la droga. Pero me interesa destacar aquí el lugar que ocupa, en este complejísimo tema, la dinámica familiar.

Es ya un lugar común la discusión acerca de la importancia de la comunicación para que las relaciones humanas prosperen. Es un factor imprescindible para la prevención de la adicción a las drogas.

Si bien es difícil anticipar quien sucumbirá a las drogas y quien permanecerá libre del peligro, se ha observado que existen variables que, si están presentes, podrán ser indicadoras de riesgo.

Si la historia familiar presenta antecedentes de conductas impulsivas, delictivas o de adicción, la tendencia a desarrollar conductas adictivas en los hijos será mayor. Si la familia ha sido fracturada ya sea por divorcio o muerte de alguno o ambos progenitores y falta una estructura familiar estable y afectivamente contenedora, los hijos tendrán más dificultad para adaptarse a las exigencias de la adolescencia.

Una observación importante: si el adolescente comienza a experimentar con drogas, cuanto más joven sea, mayor será el riesgo de caer en una adicción.

Algunos padres piensan que los jóvenes usan drogas solamente si están deprimidos o tienen problemas en la casa o en la escuela. Si bien esta es una observación válida, otras razones que también pesan son: el deseo de probar algo diferente y prohibido, el acceso más o menos fácil a la droga, la presión de los amigos, el deseo de desafiar al adulto, problemas de autoestima, la percepción de una necesidad de buscar alivio o relajamiento.

Es obvio que ser "buenos padres" es una condición indispensable para criar hijos sanos y felices. Pero aún siendo así, esto no significa que los hijos no correrán riesgo alguno. Es decir, aún los "mejores padres" no podrán evitar que los hijos experimenten con la droga.

La prevención debe comenzar en la infancia. Es importante dedicarle atención y tiempo a los hijos. Lamentablemente, cuando los padres están ocupados, a veces con dos trabajos, y regresan a la casa agotados y frustrados, es difícil encontrar la oportunidad para fortalecer la confianza y el vínculo con los hijos, para conocerlos y entenderlos, para guiarlos y protegerlos.

Otro aspecto importante de la crianza es el establecimiento de conductas responsables y el respeto por los límites y normas compartidas. Los padres deben saber dónde están los hijos, deben conocer a sus amigos e interesarse por ellos.

Es difícil saber cuando los hijos están experimentando con las drogas. Los padres que conocen bien a sus hijos podrán detectar mejor los cambios de estado de ánimo o de conducta. Algunos de estos cambios son los siguientes:

•El hijo parece más enojado y taciturno.

•Humor cambiante.

•Aislamiento de la familia, resistencia a participar en las actividades familiares.

•Disminución del rendimiento escolar, ausencia escolar.

•Interrupción súbita de actividades como los deportes.

•Cambio en el grupo de amigos que frecuenta.

•Cambios en el aspecto físico (un ejemplo: ojos enrojecidos).

•Cambios en el apetito.

•Falta de energía.

•En casos extremos comienza a faltar dinero u objetos de valor en la casa.

Es necesario recordar que a veces, cuando el joven sufre de una enfermedad mental, usará drogas para aliviar su sufrimiento.

No dudes en buscar ayuda lo antes posible si algunos de estos problemas te preocupan.

A pesar de todo, afortunadamente son muchos los jóvenes que aprenden a "navegar" la adolescencia sin zozobrar. Los padres deben estar alertas y conscientes de los peligros, pero también deben permitir que los hijos aprendan a tomar buenas decisiones por sí mismos. Weisz es sicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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