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¿Y si nos atreviéramos?

09:31 AM CDT on Tuesday, July 8, 2008

REFLEXIONES/ROSALINDA WEISZ

Nadie elige el país, la cultura, o la clase social en la cual nacer. Tampoco se eligen los valores, los hábitos y los estilos de vida que nos inculcan nuestros padres y el entorno familiar más amplio. Y a partir de todas esas circunstancias no elegidas, vamos abriéndonos paso en la vida y definiendo nuestra identidad.

Pero, más tarde o más temprano, llega un momento en el que nos vemos obligados, a veces por una fuerza misteriosa cuyo origen desconocemos, a replantearnos quiénes somos y hacia dónde vamos.

A veces esta redefinición se produce a raíz de una encrucijada difícil, una crisis, un accidente, un cambio inesperado en nuestro entorno o el simple proceso de envejecer, que nos fuerza a detenernos y preguntarnos con profunda honestidad si estamos viviendo la vida que queremos vivir.

Muchas personas se sienten insatisfechas, desconectadas o infelices con el trabajo, o permanecen en relaciones abusivas sin atreverse a cambiar nada, sin imaginar siquiera que la posibilidad de cambio podría estar en sus manos. A veces ignoramos hasta qué punto somos nosotros mismos los que ponemos barreras a nuestra potencialidad.

Explorar nuevas opciones puede ser apasionante pero también puede producir una intensa ansiedad.

Una paciente me decía que su esposo no le permitía que manejara el automóvil y que era por eso que ella no había aprendido a hacerlo. Se quejaba de cuánto la limitaba este hecho, ya que le habría gustado estudiar algo o buscarse algún trabajo y, más aún, no tener que depender en todo de él.

Luego de varias sesiones durante las cuales nos enfocamos en este tema, empezó a tomar conciencia de que era ella misma la que no se permitía la independencia que, aparentemente, buscaba. Sólo cuando comprendió que sentía miedo al pensar que podría "hacer lo que quisiera", fue capaz de recapacitar y darse cuenta de que ella era la responsable de sus actos, y no su esposo.

Esto es importante, porque no podemos sentirnos libres si creemos que todos nuestros problemas resultan de factores que están fuera de nuestro control. A veces usamos nuestras circunstancias como excusas para no tomar conciencia de que cada uno es responsable por su propia vida. Debemos preguntarnos si es cierto que nuestras limitaciones vienen "de afuera" o si, en verdad, las usamos como justificación para no desafiar nuestra "parálisis", para no salirnos de lo que es familiar y conocido, aunque nos haga daño.

El escritor inglés Tom Hodgkinson expresa esta realidad de una manera simple, cuando dice que debes tener confianza en ti mismo para crear un nuevo "yo" y debes hacerte responsable de las elecciones que haces en la vida. Si no te gusta quien eres o lo que haces, cambia. O acéptalo. No hay una tercera posición.

El sentimiento de insatisfacción o infelicidad del que estamos hablando no debe ser entendido como algo negativo que es necesario borrar, evitar o reprimir. Por el contrario, es necesario prestarle atención y tratarlo como un mensaje, una señal que indica la necesidad de un cambio.

Un ejemplo emocionante de los caminos que se abren si nos mantenemos receptivos a estas señales, lo ofrecen las historias de los jóvenes que entran en la tercera edad (aquellos que ya han cumplido los 65) y que se atreven a comenzar nuevas carreras, anotándose en cursos universitarios.

En vez de pensar "soy muy viejo para esto" o "la cabeza no me da", estas personas son capaces de recuperar la actitud apasionada de la primera juventud, y emprender con entusiasmo un nuevo camino. Las consecuencias son notables. Una experiencia hecha en una de las mejores universidades de la Argentina ha demostrado que estudiar después de los 60 mejora la salud, ayuda a prevenir enfermedades físicas y mentales propias de la edad, reduce el riesgo de depresión y permite recuperar roles sociales.

Una observación final: para que se pueda producir el cambio que buscamos, ya sea si se trata de cambiar de trabajo o de carrera o de cambios importantes en nuestras relaciones personales, es preciso vencer el miedo al riesgo y tolerar la ansiedad que provoca la incertidumbre y lo desconocido. En síntesis, es necesario actuar y tomar caminos nuevos, a pesar de no tener la total garantía de éxito. Es probable que te arrepientas por lo que no has intentado hacer, pero no te arrepentirás de lo que has hecho con buena intención, aún cuando no logres el objetivo esperado.

Weisz es psicoterapeuta con práctica en Dallas. Puedes escribirle a reflexiones_rw@hotmail.com o llamar al 972-248-8416.

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